Philae cumple un año en el cometa, pero se acerca a su fin

El módulo Philae, que viajó al espacio con la sonda Rosetta, cumple hoy un año posado en la superficie del cometa Churyumov-Gerasimenko y, a pesar de que sus transmisores y receptores fallan, todavía podría enviar señales antes de apagarse definitivamente en unos dos meses.

Los responsables del Centro Aeroespacial Alemán (DLR), encargados de vigilar a Philae, ofrecieron hoy una rueda de prensa para repasar los doce meses transcurridos desde que el módulo hiciera historia al aterrizar por vez primera en un cometa.

Entre las buenas noticias, la constatación de que el módulo está apoyado sobre sus tres patas, tras el accidentado aterrizaje de hace un año.

El director del Proyecto Philae, Stephen Ulamec, destacó además la posibilidad de que el módulo, en silencio desde el pasado 9 de julio tras contactar en siete ocasiones, envíe de nuevo información a la sonda Rosetta, que se encuentra a unos 200 kilómetros de distancia del módulo.

Los científicos no tienen ninguna seguridad de que lo haga, pero sí saben que esa posibilidad se acabará en enero.

En estos momentos Churyumov-Gerasimenko se encuentra a 245 millones de kilómetros de distancia del sol y cada día -que en el cometa dura 12,6 horas- recibe alrededor de cuatro horas de sol, suficiente para cargarse de energía.

Las condiciones, sin embargo, empeorarán en las próximas semanas al alejarse del sol y descender su temperatura; si el interior de Philae baja de los 51 grados celsius bajo cero, el módulo ya no será operativo y la misión acabará, lo que ocurrirá previsiblemente y como muy tarde en enero.

Según explicó el ingeniero del DLR Koen Geurts, si el módulo ha recibido los comandos que se le han enviado, su disco duro debe estar cargado de datos científicos.

De las señales captadas, los científicos deducen que uno de sus dos receptores y uno de sus dos transmisores no funcionan y que el segundo transmisor puede tener también problemas, lo que explicaría por qué la comunicación es tan irregular.

El pasado 13 de agosto el cometa se situó en el punto más cercano al sol y, al parecer, Philae superó ese momento sin recalentarse, al haber aterrizado en un lugar de sombra que le protegió de las altas temperaturas.

En el DLR siguen diseñando estrategias para activar el transmisor no dañado e intentar restablecer una comunicación lo suficientemente estable como para transferir datos.

El equipo, aseguró Ulamec, está preparado para utilizar rápidamente los instrumentos de Philae, sacar fotografías y realizar mediciones si el módulo, que ya tiene los comandos para ello, se activa al lograr la energía suficiente.

EFE

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