Una colombiana conquista las calles de Ciudad del Cabo

La bogotana Marcela Guerrero es el alma de la iniciativa Open Streets, que desde 2012 aplica una receta colombiana para convertir los domingos de Ciudad del Cabo en un espacio para peatones y ciclistas, libre de automóviles y lleno de actividades para todas las edades.

Una colombiana conquista las calles de Ciudad del Cabo

Cinco años después de llegar a Sudáfrica, esta colombiana con estudios de Ciudadanía y Asuntos Públicos en EEUU supo que el modelo para democratizar las calles, pionero en la capital donde creció, tenía mucho que aportar a su ciudad adoptiva.

Inspirada por el proyecto “Ciclovía”, que desde hace más de 40 años cierra cada domingo carriles de las principales arterias urbanas de Bogotá para entregárselas a los peatones y los ciclistas, Guerrero quiso trasladar la iniciativa a Sudáfrica para dar respuesta a una necesidad personal.

“Yo me muevo en bicicleta, y en Sudáfrica es difícil hacerlo”, dice Guerrero a EFE.

“Cuando les explicaba a personas de aquí el concepto de la ‘ciclovía’ todos decían que era precisamente lo que hacía falta en Ciudad del Cabo”, agrega la colombiana, para quien fue una prioridad “dar acceso a rutas seguras para ciclistas”.

Las características de Ciudad del Cabo parecían aliarse con su inquietud personal.

“Es una ciudad muy dividida”, señala Guerrero sobre un municipio aún muy marcado por las políticas segregacionistas del régimen del “apartheid” y que tiene fama de tener la geografía urbana más dividida entre ricos y pobres (lo que casi siempre es decir entre blancos y mestizos o negros) de toda Sudáfrica.

“En las encuestas que hacemos después de los eventos, mucha gente nos dice que nunca había estado antes en la parte de la ciudad en que se celebran”, afirma Guerrero sobre los domingos que llevan a muchos vecinos a visitar zonas cuya situación socioeconómica les es ajena, y a las que no irían de otra forma.

Uno de estos domingos tuvo lugar este mes de marzo en el antiguo gueto negro de Langa, uno de los barrios más pobres de Ciudad del Cabo, que se enfrenta actualmente a una crisis de vivienda que ha provocado numerosas protestas violentas.

Esta jornada de conciertos, juegos para niños y otras actividades festivas al aire libre llevó en bicicleta, patines y monopatín hasta Langa a multitud de personas de clase media y alta, para quienes el “township” es prácticamente tierra desconocida.

“Open Streets es una oportunidad para unir a la comunidad”, celebra Guerrero el éxito de este tipo de actos y destaca el papel protagonista de los vecinos.

El carácter inclusivo de los Open Streets se construye con la facilidad de acceso -es gratis y “no hace falta tener un automóvil para venir”-, pero también con la diversidad de la oferta cultural, que busca cautivar a diferentes edades y gustos.

“Si uno organiza un concierto sólo acudirán las personas a quienes les guste ese tipo de música o quienes puedan pagar la entrada”, dice la responsable y cofundadora del proyecto.

“A la hora de identificar un sitio, siempre pensamos en que haya acceso con transporte público, en la presencia de residentes y negocios que convivan en ese espacio y en el interés que tiene esa parte de la ciudad, para que pueda atraer a gente de otros lugares”, añade.

Tres años después del lanzamiento de Open Streets, Guerrero se felicita por el interés y el apoyo recibido de las autoridades locales, y espera consolidar la iniciativa con la apertura cada domingo de decenas de kilómetros de calles sin automóviles que conecten la ciudad y a sus habitantes, como ya ocurre en Bogotá. EFE

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