Uno de cada tres refugiados llegados a Macedonia en octubre eran niños

Una de cada tres personas registradas en la frontera entre Grecia y Macedonia en el mes de octubre era menor de edad, cuando en junio la proporción entre el número de niños y el de adultos era de uno de cada diez, alertó hoy Unicef.

Hay que tener en cuenta que esas cifras reflejan los registros realizados por las autoridades macedonias, que se estima sólo logran inscribir a poco más del cincuenta por ciento de los refugiados que pasan por su territorio.

El número de niños no acompañados registrados en el mes de octubre dobló las cifras de septiembre, aunque Unicef alertó que la mayoría de menores de edad mienten y dicen que son adultos para poder proseguir con su trayecto sin ser rastreados por las autoridades, por lo que los datos reales de adolescentes que viajan sin progenitores es mucho mayor.

“Lo más triste de la situación es que los menores de edad mienten y rechazan las medidas de protección que les brindan las autoridades por miedo a quedar aislados en un centro hasta que se resuelva su caso en lugar de poder proseguir con su trayecto y llegar a destino”, afirmó en rueda de prensa Marie-Pierre Poirier, coordinadora especial de Unicef para la crisis de refugiados en Europa.

Poirier pasó una semana recorriendo el trayecto que realizan los refugiados tras abandonar Grecia, que los lleva por Macedonia, Serbia y Croacia antes de llegar a Austria o Alemania pasando por Eslovenia o Hungría.

La funcionaria internacional visitó las instalaciones en Macedonia, Serbia y Croacia, se reunió con las autoridades, entrevistó a decenas de refugiados e hizo un informe que hoy presentó a la prensa.

De esa evaluación se desprende que el flujo de refugiados no cesa por diversas razones, entre la que está el recrudecimiento de la guerra en Siria y el deterioro de la situación en los países limítrofes que los acogían.

Otra es que los precios que piden los contrabandistas han bajado de entre una media de entre 3.000 y 5.000 euros por persona para atravesar el Mediterráneo a unos mil a causa del mal tiempo y el incremento de la peligrosidad.

Una vez en el continente, los refugiados intentan hacer el trayecto lo más rápido posible porque las personas en movimiento temen que en cualquier momento las fronteras se cierren, lo que conlleva que muchos incluso rechacen el pernoctar en centros de asistencia “por miedo a perder su puesto en la cola para tomar el tren o el autobús y perder la oportunidad de seguir avanzando”.

No obstante, Unicef ha logrado que las autoridades permitan a las mujeres y a los niños permanecer en los espacios dedicados a ellos mientras el proceso de registro se realiza.

“Son unos minutos, unas horas, en las que los niños vuelven a ser niños y las madres pueden amamantar, recoger comida y ropa para sus hijos y sentirse protegidas”.

“Los niños cuando llegan al espacio dedicado a ellos, primero se sorprenden, pero enseguida vuelven a ser niños y juegan, dibujan y ríen”, agregó Poirier.

EFE

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