Laudato Si, Conferencia Episcopal Paraguaya y propiedad privada (tierra)

Político y presidente de la Plataforma de Estudios e Investigación de Conflictos Campesinos

 

La “propiedad” (privada) es el derecho de usar, gozar y disponer de lo que nos pertenece. Puede tratarse de un edificio o de una superficie grande o pequeña de tierra, entre muchas otras.

Cuando se trata de la “tierra”, ( latifundio) por ejemplo, ¿tiene acaso límites el dominio sobre la superficie que poseemos?. “Laudato  Si” de Francisco dice que sí.

Algunos sectores retardatarios preocupados por el concepto de la “propiedad privada en función social” y, en especial por los bienes raíces de Miami (donde abunda la canalla), señalan que esa declaración que sustenta el Papa Francisco “abre las puertas a todos los abusos de los mandamases”. ¿Serían estos mandamases los dueños del poder mundial como el Pentágono, la CIA, el FBI, la Reserva Federal o los grandes Banqueros del Primer Mundo?

Cada día, más creyentes y no creyentes están de acuerdo en que la tierra es esencialmente una herencia  común cuyos frutos deben beneficiar a todos.

“Dios creó el mundo para todos”[1] y por tanto, todo planteo ecológico debe incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los más postergados.

El principio de la subordinación de la propiedad privada, al destino universal de los bienes y, por tanto, el derecho universal a su uso es una “regla de oro”, del comportamiento social y el primer principio de todo el ordenamiento ético-social.

La tradición cristiana dice Francisco[2] nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subraya la función social de cualquier forma de propiedad privada. Hasta Juan Pablo II, conocido Papa de tendencia conservadora, recordó que Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir ni privilegiar a nadie.[3]

Reitera el Papa Francisco que no es conforme con el designio de Dios usar este don de modo tal que sus beneficios favorezcan solo a unos pocos. Y remata con fuerza y claridad señalando “que sobre toda propiedad privada grava siempre una hipoteca social”[4]. Más claro agua.

Paraguay es un vivo ejemplo de atropello brutal a esta “regla de oro” de acción social, según señala Francisco. El país acusa la más alta concentración de la tierra no solo en América sino en el mundo.

El 2,5 % de la población es dueña del 85 % de las tierras y solo 600 personas tienen en su poder 12.600.000  hectáreas.

Agrava el drama social y desnuda la delincuencia y anarquía territorial, cuando se sabe que Paraguay cuenta geográficamente con un total de 40.600.000 hectáreas y el Servicio Nacional de Catastro (Dr. Jose T. Villarejo) informa en diciembre de 2012 que los títulos suman una superficie muy superior, de 59.900.000 hectáreas; un área mayor de 19.300.000 hectáreas. Este dato denuncia los más oscuros negociados que invaden la superficie de la tierra paraguaya, el bien común que da sustento y vida planetaria.

Las vandálicas acciones de la dictadura, hoy seguidas por el voraz neo-Stronissmo, son las responsables de esta grave enfermedad que padece la sociedad paraguaya.

La Tierra, a mas de convertirse en un inmenso depósito de porquerías[5] no cumple con el principio de la función social de la propiedad privada porque sus frutos sirven a pocos, la superficie se concentra en algunos y las masas campesinas son expulsadas de su terruño o paraje.

Este drama de los pueblos marginados y America Latina, Africa y en especial Paraguay, es una preocupación que permea gran parte de la Encíclica “El Cuidado de la Casa Común” de Francisco. En tanto, es sobre el particular, por primera y única vez, que se menciona en “Laudato Si”, una Carta Pastoral de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP) respecto a “El Campesino paraguayo y la Tierra”.[6]

Por consiguiente, vale la pena destacar el contenido de la Carta de los Obispos del Paraguay (1983), que en su mayoría siempre ha visto al cristianismo como un fósil intocable, y por tanto, con una mirada muy conservadora y amistosa hacia la opulencia de los pocos y vivido a espaldas del pueblo necesitado y con sed de justicia.

Este excepcional contenido, ¿confirma la regla del cristianismo fósil?. He aquí el texto-sorpresa de la Carta Episcopal Paraguaya (1983):

“Todo campesino tiene derecho natural a poseer un lote racional de tierra donde pueda establecer su hogar, trabajar para la subsistencia de su familia y tener seguridad existencial.  Este derecho debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real. Lo cual significa que, además del título de propiedad, el campesino debe contar con medios de educación técnica, créditos, seguros y comercialización”.

El robo de las tierras fiscales, su concentración en pocas manos, latifundio versus expulsión de campesinos, representan los capítulos más negros generados por el drama social del Paraguay.

Por consiguiente, creyentes y no creyentes paraguayos, científicos y religiosos comprometidos, apoyan a Francisco cuando establece “que el medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos.  Quien se apropia de algo es solo para administrarlo en bien de todos”.[7]

Es otra respuesta para quien escribiera la novela “Tiempo de Canallas” (Sr. Montaner) y para identificar a los principales responsables que ponen en riesgo la misma vida del Planeta y de la Humanidad: los mandamases de la CIA, el Pentágono, la Reserva Federal y los grandes Banqueros del Primer Mundo.

 

 

(N de R) Una vez más y de manera muy sutil, Laino se refiere al texto del escritor Carlos Alberto Montaner ‘Los cinco errores del Papa’ que puede leerse en:

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/los-cinco-errores-del-papa-1415668.html

 

 

[1] “Laudato Si”. Carta Encíclica para el cuidado de la casa común. CEP. Paulinas, 2015. Pag. 68

 

[2] “Laudato Si”.  Pag. 69

[3] “Centesimus Annus.” Carta Encíclica, 1991.

[4] “Laudato Si”. Pag. 69

[5] “Laudato Si”. Pag. 17

[6] CEP. Cita del Papa Francisco en Carta Encíclica “El Cuidado de la Casa Común”, 12 de junio, 1983 (pleno apogeo de la dictadura de Stroessner), Pag. 70

[7] “Laudato Si”. Pag. 70

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