El Sínodo abrazó, aunque con timidez, la idea de Iglesia moderna de Francisco

A los altos dignatarios católicos les cuesta seguir el paso del papa Francisco hacía una Iglesia cercana y acorde con los tiempos, pero en el Sínodo que acaba de concluir, aunque con prudencia y timidez, se han producido aperturas importantes tras décadas de inmovilismo.

Francisco ha ido enviando varios mensajes sobre la necesidad de un cambio, el último un día antes del final del Sínodo: “Los tiempos cambian y los cristianos tenemos que cambiar continuamente. Tenemos que cambiar firmes en la fe en Jesucristo y en la verdad del Evangelio, pero nuestro comportamiento tiene que moverse continuamente según las señales de nuestro tiempo”.

Por ahora la respuesta a este cambio es tibia y lo demuestra la dificultad con la que se ha llegado a un pequeño paso adelante durante el Sínodo respecto a los divorciados vueltos a casar.

El Sínodo, la asamblea de cardenales y obispos, llamados a expresarse en estas últimas tres semanas sobre los desafíos que plantean a la Iglesia las nuevas situaciones familiares aprobaron con la mayoría de dos tercios requeridos cada uno de los 94 puntos del documento final.

Un documento en el que la principal novedad era, tras duros enfrentamientos entre los obispos en este Sínodo y en el anterior extraordinario de octubre de 2014, una solución al tema de los divorciados vueltos a casar y su acceso a los sacramentos prohibidos al encontrarse en pecado grave.

Los obispos presentes aprobaron el llamado método del “discernimiento”, es decir la valoración caso por caso, por parte de los sacerdotes tras la confesión y que había sido la propuesta de los prelados de lengua alemana, desde siempre los más aperturistas, para llegar a un consenso con la parte más conservadora.

Es justo el punto 85, el que se introduce que el confesor valorará caso por caso a la hora de decidir la participación “plena” en la iglesia de los divorciados vueltos a casar, el que se aprobó sólo por un voto más de los 177 requeridos para conseguir los dos tercios.

Es decir, uno de cada tres de los obispos presentes (80) no se mostró de acuerdo con esta solución. Aunque en el pasado Sínodo, los obispos no consiguieron aprobar nada sobre este tema.

Y sorprende, sobre todo, porque la solución presentada ya se encontraba en la exhortación apostólica “Familiaris consortio” (1981) que Juan Pablo II escribió para dar respuestas a estos casos hace 34 años.

Pero el clima que se respira el día después de la aprobación de este documento, que será clave para futuras decisiones del papa, es, en general, de satisfacción entre los diferentes miembros de la Iglesia.

Y es que los libros publicados antes del Sínodo, las entrevistas a algunos cardenales o incluso la famosa carta de los 13 purpurados al papa denunciando la manipulación de esta “cumbre” de la Iglesia hacían presagiar que sería difícil que se llegase a una solución en el tema de los divorciados.

Analizando el extenso documento -94 puntos y 33 páginas- se pude también observar que la Iglesia cambia lenguaje.

El “primer deber” de la Iglesia católica “no es distribuir condenas o anatemas sino proclamar la misericordia de Dios”, les dijo a los obispos el papa Francisco ayer tras la votación.

Y la Relación Final del Sínodo parece acoger este consejo y en sus diferentes puntos invita a la acogida y acercamiento de todas las familias incluso valorando “esas señales de amor” que hay en parejas que conviven o que se casaron por lo civil.

Algunos analistas hablan hoy de un “resultado extraordinario”, cardenales como el arzobispo de Viena, Christoph Schoenborn, lo define como “paso histórico”, pero no todos están de acuerdo pues esperaban más.

“Las conclusiones del Sínodo representan un neto frenazo a la acción innovadora del papa”, señala hoy Eugenio Scalfari, fundador del diario italiano “La Repubblica”.

Lo que está claro es que ahora la palabra pasa a Francisco. EFE

Ningún Comentario

Deja un comentario