Talento musical oculto en cárceles

La ONG Sonidos de la Tierra ha rescatado el talento artístico oculto tras los barrotes de las cárceles del país y ha convertido la música en elemento de transformación social en dos de los hacinados presidios, uno de ellos el mayor correccional de mujeres.

El éxito del programa ha conseguido que internos de la penitenciaría de Emboscada, a 30 kilómetros de Asunción, y las presas del Buen Pastor hayan publicado en menos de un año “Sueños de Libertad”, un disco conjunto de letras propias y musicalizadas por los profesores de Sonidos de la Tierra.

Son 12 canciones con fuertes mensajes de esperanza cuya elaboración ha servido a sus creadores para sobrellevar los rigores de un sistema judicial lento, especialmente punitivo con los pequeños delitos y que mantiene a cerca del 70 por ciento de los presos sin condena, según el Ministerio de Justicia.

Y es que tanto Emboscada como el Buen Pastor ofrecen desde hace poco tiempo a sus internos clases de música y canto, que en la penitenciaría de mujeres ha desembocado en la formación del “Coro Fem”, que ha participado en cuatro temas del disco.

“Aparte de trabajar en mis artesanías no tengo ninguna otra actividad, para mí los ensayos de los jueves hacen el día diferente, el más divertido que tengo. Si no, paso todo el tiempo en mi celda”, explica a Efe durante el encuentro del coro en la capilla de El Buen Pastor Patricia Solís, de 23 años, encarcelada desde hace dos por tráfico de drogas.

Solís compuso la letra de “La tormenta pasará”, una de las cuatro canciones del disco nacidas en el penal de mujeres asunceño, un tema que busca alentar a sus compañeras a salir adelante y tener esperanza, pero que también quiere mostrar las dificultades de vivir en la cárcel.

“Es un mensaje de aliento para las chicas, pero traté también en lo posible de mostrar un poco que muchas veces no estamos tan bien. En mi caso no he podido ver a mis hijos por un año”, dijo la joven, que espera su libertad para el próximo febrero y que desea continuar aprendiendo música el resto de su vida.

El disco “Sueños de Libertad” fue grabado en estudios montados expresamente dentro de los presidios y, aunque pulcro y profesional, “suena a cárcel y a metálico”, algo que no fue intencional, pero que ha marcado una esencia original a todas las piezas que lo componen, destacó a Efe el director del coro, Miguel Sorensen, integrante de Sonidos de la Tierra desde hace 13 años.

“Además está lleno de emociones por la mezcla de sentimientos que crea estar encerrado, pero lo positivo de practicar música aquí es que los internos olvidan por unas horas el encierro, y piensan en positivo”, agregó.

“Para mí, trabajar en la cárcel es lo más lindo que me pasó”, explicó el músico.

Además del tema escrito por Solís, el álbum incluye otros como “Triste añoranza”, que otra interna dedicó a su hija, o “La verdadera batalla”, compuesto por una mujer de Letonia que apenas habla español y que además está aprendiendo guaraní. Ambos idiomas, oficiales en Paraguay, conviven en los textos del disco.

Sorensen opinó que el álbum, que se promocionó junto a un diario nacional, ha gustado mucho “tanto por la interpretación como por el mensaje”.

“Son personas corrientes que han podido descubrir su talento, grabar un disco y actuar en escenarios hermosos. Y que gracias al enfoque de reinserción seguirán esta carrera al salir de prisión”, añadió.

Algo que ya ha ocurrido con varios de los presos que participaron del programa en la cárcel de Emboscada, quienes han recibido becas de Sonidos de la Tierra, organización dirigida por el director de orquesta paraguayo Luis Szarán, para seguir formándose y convertirse en profesores de música en sus lugares de origen.

Desde el 2014, alrededor de 180 internos han participado del proyecto asistiendo a clases de orquesta, coro, violín, guitarra, teclado, percusión y luthería.

Santi Carneri – EFE

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