Exlíderes controlan el tráfico de jade en Birmania, según ONG

El exlíder de la junta militar Than Shwe, exgenerales y actuales ministros controlan el tráfico de jade, ligado al conflicto étnico, narcotráfico y la degradación ambiental en Birmania (Myanmar), denunció hoy la ONG Global Witness en un comunicado.

El comunicado se basa en el informe “Jade: el ‘gran secreto de Estado” de Birmania”, en el que la ONG Global Witness, con sede en Londres, afirma que el comercio de esas gemas está valorado en unos 31.000 millones de dólares (unos 27.800 millones de euros), la mitad del PIB del país, aunque no beneficia a la mayoría de los birmanos.

“El vasto comercio de jade está siendo secretamente controlado por una red de la elite militar, señores de la guerra y compañías asociadas a los días más oscuros de la junta”, señaló la ONG en el comunicado.

En Birmania, que en 2011 empezó una serie de reformas de apertura política y económica y celebrará elecciones el próximo 8 de noviembre, los militares ejercen aún mucha influencia y por ley ocupan el 25 por ciento de los escaños del Parlamento.

Durante un año, los investigadores de Global Witness analizaron las ramificaciones del lucrativo negocio del jade y realizaron numerosas entrevistas a personas relacionadas con la extracción y tráfico de estas piedras preciosas de color verdoso.

Además de Than Shwe, la ONG citó al ministro de Desarrollo Rural, Ohn Mying, y al viceministro de Bienestar Social, Phone Swe, ambos generales retirados de la antigua junta militar, como miembros de la red que controla el negocio del jade.

Otros implicados en el comercio son Lo Hsing-Han, ex señor de la guerra y dueño de un emporio de empresas en Birmania, y Tay Za, un hombre de negocios con lazos con la cúpula militar, así como narcotraficantes ligados a la guerrilla de la etnia wa.

Algunos de los nombres citados en el informe están afectados por las sanciones que Estados Unidos aún aplica a Birmania.

“El negocio del jade en Myanmar quizá es el mayor robo de recursos naturales de la historia”, sentenció Juman Kubba, analista de la ONG.

Según Global Witness, la mayor parte de las exportaciones van a China, que en 2014 importó 12.300 millones de dólares (unos 11.000 millones de euros) de jade.

Gran parte de las minas del mineral se encuentra en el Estado Kachin, donde el Ejército libra un conflicto con la guerrilla kachin que ha provocado más de 100.000 desplazados, en parte debido a la lucha por el control de los recursos naturales.

Las duras condiciones de las minas afectan a los trabajadores, que en ocasiones utilizan drogas como la metanfetamina para combatir el cansancio y terminan convirtiéndose en adictos, mientras que la explotación sin control ha contaminado tierras y ríos, según el estudio.

Global Witness pidió a las autoridades birmanas que apliquen la mayor transparencia al comercio de jade y que cumpla con sus obligaciones internacionales. EFE

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