Viagra, tijeras y tatoos le ponen color a una campaña gris en Argentina

Viagra, tijeras y ‘tatoos’ han puesto la nota de color a una campaña gris en una Argentina que llega a las presidenciales del día 25 exhausta, tras un año cargado de citas electorales y convertido, en la práctica, en una “megacarrera” hacia la Presidencia.

Los principales aspirantes presidenciales, el oficialista Daniel Scioli, el conservador Mauricio Macri y el peronista disidente Sergio Massa, han tratado de ajustarse a sus guiones de campaña en sus actos públicos, aunque no siempre ha sido fácil.

En las recta final de la campaña, Macri sorprendió a los argentinos con una revelación íntima inesperada: “Un Viagra de vez en cuando… digo, alguno puede tomar, ¿o no?”

En una distendida entrevista con el portal Infobae, el líder de Cambiemos reveló también que estuvo a punto de asfixiarse durante la fiesta de celebración de su boda con la empresaria Juliana Awada, en 2010, cuando se tragó un bigote postizo mientras imitaba a Freddy Mercury, el cantante de Queen.

Más de 72.000 personas han visto la entrevista en el portal argentino, casi el triple de las entradas que ha tenido el favorito en las encuestas, Daniel Scioli, que en su conversación con el mismo medio evitó entrar en detalles sobre sus amoríos de juventud con una conocida vedete porque, como dijo, “un caballero no tiene memoria”.

Scioli, con una intensa agenda que incluye hasta cinco actos en un día, ha sacado tiempo para practicar su deporte favorito, el fútbol, bien con su equipo de futsal, el Club La Ñata, o con invitados especiales, como el presidente boliviano, Evo Morales, que visitó Argentina para arropar su candidatura y echarse un “picadito” en la cancha.

En la recta final de la campaña, hizo un alto para presentar su tesis de licenciatura en Comercialización en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Eso sí, un día después de faltar al primer debate presidencial celebrado en el país.

Su atril vacío frente a los cinco candidatos presidenciales restantes se ha convertido en una de las imágenes que recordarán los electores, aunque, pese a la expectativa, el debate, televisado, no logró superar en audiencia al fútbol.

Menos espontáneo se ha mostrado el tercero en esta carrera, el peronista disidente Sergio Massa, golpeado por sus propias filas en vísperas de las elecciones, cuando la aspirante a diputada del Parlasur Mónica López pidió públicamente el voto para Scioli.

“No maté a nadie”, dijo entre lágrimas López en un programa de televisión, ante la lluvia de críticas recibidas por su “transfuguismo”, mientras su marido, también en las listas de Massa, no dudaba en llamar “gordo pelotudo” a uno de los más cercanos colaboradores del candidato presidencial.

Pero no es el único “fuego amigo” con el que tiene que lidiar Sergio Massa.

Joaquín de la Torre, aspirante a una alcaldía por la lista de Massa, ha decidido aprovechar que el sistema electoral argentino permite cortar las boletas de votación, de papel, para elegir candidatos de distintas fuerzas.

Ha repartido sobres con un instructivo, papeletas con su nombre y unas tijeras porque llama a votar a cualquier presidente siempre que sus vecinos “corten boleta” y le elijan a él como alcalde.

También la presidenta argentina, Cristina Fernández, ha tenido un especial protagonismo en esta campaña, y no solo por sus sucesivas “cadenas nacionales” para refrescar la memoria de los votantes sobre los logros de su gestión.

Fernández ha bailado e incluso se ha mostrado ante las cámaras con productos de belleza de una conocida multinacional en sus últimas apariciones públicas, mientras desde el núcleo duro del kirchnerismo se extiende el mensaje de que la presidenta estará de vuelta en 2019.

“Abrazame (sic) hasta que vuelva Cristina”, se leía en una foto de un “grafiti” sobre un muro, que se volvió rápidamente viral en las redes sociales.

La diputada kirchnerista Juliana di Tullio fue más lejos y se tatuó el eslogan “No fue magia”, un lema de la campaña publicitaria lanzada en la recta final de mandato de Fernández para reivindicar los “logros K”.

“No fue magia, fue mafia”, le respondió de inmediato la diputada Laura Alonso, desde las filas de Cambiemos.

EFE

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