El club armenio de Teherán, el único “bar” en la República Islámica

Los armenios en Irán, una antigua y muy respetada minoría étnica en la República Islámica, mantienen en Teherán un imponente centro cultural donde sus tradiciones son ley y donde es posible encontrar el único lugar del país en el que el consumo de alcohol en público no está perseguido.

En un país donde la estricta aplicación de los preceptos islámicos obliga a las mujeres a llevar la cabeza cubierta con un velo fuera de su hogar, prohíbe la interacción entre personas de distinto sexo y donde la música y el canto están muy mal vistos por las autoridades, el Club Armenio Ararat, amparado por la legislación iraní, constituye una excepción a todas esas normativas.

Esta excepcionalidad del club, a donde la policía tiene prohibida la entrada sin el consentimiento expreso de sus dirigentes, permite que hombres y mujeres sin velo puedan estar sentados en la misma mesa y consumir una copa de vino, que, eso sí, habrán de haberse traído desde su casa.

“Esto es parte de la propiedad de los armenios, que como minoría religiosa reconocida en la Constitución iraní tiene normas específicas. Sólo los armenios tiene permiso para entrar al club y por eso se considera como nuestra casa. Irán nos reconoce el derecho a que dentro de estas paredes podemos movernos según nuestra cultura y tradiciones”, explicó a Efe Gevork Vartan, presidente del centro.

Según apuntó Vartan, esos privilegios se mantienen porque entre los armenios, el primer pueblo en abrazar el cristianismo como religión oficial, y la República Islámica de Irán “hay confianza” en el entendido de que “no se hará mal uso” de los mismos.

Así, por ejemplo, si bien las mujeres pueden moverse libremente sin velo dentro de la institución y participar en coros y grupos de baile, el uso de la piscina sigue estando estrictamente segregado por sexos y la venta de alcohol dentro de sus instalaciones, no así el consumo, siguen prohibido.

Las excepciones y privilegios a grupos étnicos no musulmanes dentro de Irán son una de las características más señaladas de la legislación iraní, que les permite vivir bajo sus propias tradiciones y enviar sus propios diputados al Parlamento.

“Irán quizá es el único país con una comunidad armenia en donde ésta está presente en el Poder Legislativo de forma expresa. Y eso se extiende a los asirios, los zoroastrianos y los judíos, que tienen un diputado cada uno. Estos diputados defienden a sus comunidades y tienen los mismos derechos y deberes que el resto de legisladores”, explicó Vartan, que durante ocho años fue uno de los dos diputados armenios en el “Majlís”.

La cifra oficial de armenios en Irán según el Ministerio del Interior es de unas 120.000 personas sobre una población de casi 80 millones de habitantes.

Pese a su escaso número, los armenios están presentes en el actual Irán desde hace más de 2.700 años y desde ese entonces se encuentran muy integrados en la sociedad local.

Hoy en día, ésta comunidad es reconocida como una de las más industriosas del país y tiene mucha presencia en sectores como la arquitectura, la ingeniería y entre los técnicos cualificados, así como en la cultura y en el comercio.

Durante todo este tiempo, la comunidad se las arregló para mantener vivas su lengua, su escritura y sus tradiciones.

“En Teherán tan solo hay 22 escuelas armenias, en donde se estudia armenio. Y en la universidad hay una cátedra de armenio. La diáspora armenia siempre estableció donde se asentó una iglesia, una escuela y un club social y deportivo. Mantener nuestra cultura siempre fue una prioridad”, añadió.

En el Club Ararat esa prioridad es evidente entre las más de siete hectáreas que ocupa el complejo, que además de numerosas infraestructuras deportivas y un estadio de fútbol para 10.000 personas, cuenta con una iglesia, un teatro, una sala de cine y un centro de conferencias, todos orientados a impulsar la cultura de esta comunidad.

EFE

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