La paradójica andadura del navegante Sebastián Gaboto en América Latina

Una biografía del navegante italiano Sebastián Gaboto que se presenta hoy en Asunción analiza su paradójica andadura en la que tras desobedecer las órdenes de la Corona de España se lanzó a buscar la mítica Sierra del Plata y acabó abriendo el camino para la colonización de Paraguay.

La paradójica andadura del navegante Sebastián Gaboto en América Latina


El libro, obra del diplomático italiano Gherardo La Francesca, tiene uno de sus atractivos en ese episodio de Gaboto (1477-1557), a quien el rey Carlos I de España (1517-1556) había designado jefe de una escuadra que tenía como meta surtirse de las codiciadas especias de las islas Molucas, en el sur de Asia.

Hombre del Renacimiento y destacado cartógrafo, Gaboto se dejó sin embargo seducir por los cantos de sirena de las expediciones que habían partido antes a América del Sur, y que aseguraban de la existencia de tierras bañadas en oro y gobernadas por el legendario Rey Blanco.

Esa odisea da comienzo en 1526, en el puerto gaditano de Sanlúcar de Barrameda, donde el navegante se echa a la mar liderando cuatro embarcaciones con destino a las Molucas.

“Ya en Cabo Verde dio instrucciones a sus pilotos de ir más al oeste, hacía América Latina. Probablemente Gaboto tenía en la cabeza informaciones sobre el Rey Blanco, El Dorado o la montaña de la plata de Potosí”, dijo a Efe La Francesca.

Sin embargo, el cambio de planes se materializa tras su llegada a la actual Pernambuco (Brasil), donde Manuel Braga, comandante del fuerte portugués, le pone en contacto con los náufragos de la expedición de Alejo García, quien había llegado años antes hasta Potosí, en Bolivia.

“Habían naufragado en Santa Catalina y Gaboto va allí, encuentra a los supervivientes y estos le cuentan historias de tesoros maravillosos”, señaló La Francesca.

Animado por esos testimonios, que probablemente se referían a las minas de oro y plata de Potosí, Gaboto se pone en marcha, demostrando que su interés por el preciado metal corría paralelo a su valía como navegante.

“En Pernambuco construyó en medio de la nada un barco más adaptable a la navegación fluvial. Llega a Punta del Este y sube el Río de la Plata con dificultades enormes, ya que en esa zona solo hay un 20% de probabilidades de viento que ayude a remontar la corriente. Además pasan hambre y sufren el ataque de los indígenas”, añadió el autor.

Gaboto remonta luego el río Paraguay hasta decenas de kilómetros arriba de Asunción, un punto por el que García había pasado, pero por tierra.

“Fue probablemente el primer occidental en abrir esa vía de agua”, dijo La Francesca, quien cree que ello facilitó la expedición de Pedro de Mendoza, el primer fundador de Buenos Aires (1536), y la de Juan de Salazar, quien un año después surcó el Paraguay y fundó Asunción.

Antes el navegante italiano había fundado el fuerte de Sancti Spiritus, cerca de la argentina Rosario, y explorado el río Paraná.

“De alguna manera, sin pensarlo, logró el objetivo de abrir la vía de la colonización del interior de América Latina, la parte septentrional de Argentina y la meridional de Paraguay“, el autor.

Pero Gaboto nunca alcanzó las minas de Potosí ni acarició el oro que ambicionaba. Además pagó cara su desobediencia, y a su vuelta fue procesado en España y desterrado a Argelia.

Pero, quizá por ser un elemento muy valioso para la corona, a los pocos años recupera el favor real y sirve como piloto mayor, el más alto puesto en la escala náutica.

Gaboto pasa sus últimos años en Inglaterra, donde sigue planeando expediciones y avanzando en sus estudios de navegación y cartografía.

Logra racionalizar el concepto de declinación magnética, que permite calcular con exactitud las indicaciones de la brújula, inexactas en los territorios del norte debido a las partículas de hierro de su geografía.

“Esto lo codificó Gaboto y fue una herramienta importante para una navegación más precisa en territorios que no habían sido explorados”, indicó La Francesca, quien disecciona tanto al hombre como al navegante.

“Era un hombre con una energía increíble, pero no era un santo, puesto que recurrió a todos los medios para obtener resultados, como casi todos los conquistadores”, opinó el diplomático.

“Sebastián Gaboto. El primer italiano en Paraguay“, el título del libro, cuenta además con 74 ilustraciones de los siglos XVI y XVII, entre ellas la reproducción del famoso mapamundi diseñado por el aventurero en 1544.

Chema Orozco – EFE

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