Passos Coelho: el barítono que lideró Portugal bajo el auspicio de la troika

Aunque sus dotes como barítono a punto estuvieron de llevarle por derroteros bien distintos, Pedro Passos Coelho pretende ahora continuar su carrera política y ser reelegido como primer ministro de Portugal después de una legislatura marcada por la influencia de la troika.

Passos Coelho: el barítono que lideró Portugal bajo el auspicio de la troika

Acusado en su país de ser el “mejor alumno” de Alemania por defender contra viento y marea las bondades de seguir el camino trazado y aplicar severas medidas de austeridad, pocos podían apostar hace sólo unos meses que el líder de los conservadores lusos tendría siquiera opciones de victoria en los comicios del 4 de octubre.

Sin embargo, así lo apuntan todas las encuestas, que reflejan un desgaste mucho menor de lo esperado de la alianza entre los socialdemócratas del PSD -partido que preside- y los democristianos del CDS-PP, juntos en el Ejecutivo desde 2011 y que concurren aliados a esta nueva cita con las urnas.

Passos Coelho (Coimbra, 1964) ya demostró ser capaz de contrariar todos los pronósticos. Primero superó las divergencias internas en su partido, después venció en las elecciones de 2011 a un rival de altura como José Sócrates, se sobrepuso a mitad de legislatura a la dimisión de su socio de Gobierno -al que convenció para dar marcha atrás- y ahora mantiene viva la esperanza de revalidar el cargo.

Gran parte de su reciente remontada en los sondeos se basa en la incipiente recuperación económica de Portugal, que después de tres años consecutivos en recesión (2011, 2012 y 2013) creció un 0,9 % en 2014 y prevé una subida del PIB del 1,5 % este año.

Licenciado en Económicas y de tendencia neoliberal, es visto por sus acólitos como un líder preparado y fiable, mientras que sus críticos le acusan de frialdad a la hora de aplicar los duros ajustes y recortes aprobados a instancias de la troika.

“Yo no creo que sea frío. Tiene capacidad de separar completamente el universo personal del profesional, gestiona de forma objetiva y pragmática”, explica, en unas declaraciones a EFE, la autora de su biografía, Sofía Aureliano, asesora de su partido en el Parlamento.

En su obra, Aureliano presenta al primer ministro luso como una persona extremadamente correcta y educada, acostumbrado a escuchar a todos antes de tomar decisiones que, eso sí, son sólo cosa suya.

“Lidia bien con la adversidad, con las situaciones de mayor tensión, tiene capacidad para gestionar los problemas más estresantes. Y además tiene resiliencia -entendida como la capacidad para encajar golpes con flexibilidad-, es claramente un luchador”, subrayó.

La vida de Passos Coelho estuvo marcada por su paso por la entonces colonia lusa de Angola, donde vivió un lustro durante su niñez, período en el que surgieron sus primeras inquietudes políticas.

Después regresó a Portugal, y con 14 años tuvo su primer contacto con las Juventudes del PSD por un motivo cuanto menos prosaico: evitar el aburrimiento estival participando en un torneo de cartas que organizaron.

En 1990 fue nombrado presidente de las Juventudes y un año más tarde salió elegido diputado en el Parlamento luso, escaño que ocupó hasta 1999. Tras dejar a medias la licenciatura de Matemáticas, en su última época en la Cámara compaginó esas obligaciones con el estudio de la carrera de Económicas.

Después de un breve paso por la empresa privada, donde ejerció de consultor, director financiero y administrador, en 2005 volvió a la arena política y en 2008 presentó su candidatura a la presidencia del partido, aunque sin éxito.

También fue un adelantado en la faceta personal. Se casó joven, con la cantante de un conocido grupo musical de la época, y con ella tuvo sus dos primeras hijas. Se divorció y volvió a contraer matrimonio con su actual pareja, Laura Ferreira, con quien tuvo su tercera hija.

Con cierta fama de galán, Passos Coelho cuenta con la música entre sus principales aficiones, e incluso canta con frecuencia -sobre todo fado- en reuniones con familiares y amigos, según relatan sus allegados.

De voz privilegiada, el hoy primer ministro dio clases de canto e incluso participó en una audición para representar “My Fair Lady”.

Sólo el hecho de que fuera barítono y no tenor, como necesitaba entonces el director de la obra, impidió que el líder de los conservadores lusos iniciara su carrera en la música. EFE

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