Occidente, el sueño de los sirios en el Líbano, vetado para algunos

Legal o ilegalmente, la mayoría de los refugiados sirios en el Líbano aspira a viajar a Occidente, como Ronnie, que ha llegado a Alemania, o Ahmad que intenta emigrar a Australia, mientras que otros se sienten atrapados, sin opciones de salir del país árabe.

Occidente, el sueño de los sirios en el Líbano, vetado para algunos


Como muchos de sus compatriotas, Ronnie Hasbani, de 25 años, por fin duerme tranquilo tras alcanzar su meta, el territorio alemán, donde llegó a finales de agosto después de 18 días de travesía como ilegal.

Unos 4.800 dólares ha sido el precio para lograr su sueño, que ha incluido el pago a dos traficantes para cruzar a Grecia por mar y de Serbia a Hungría.

En una conversación por internet desde Germersheim, en el suroeste alemán, cuenta a Efe que en 2013 se marchó de Damasco a Beirut, capital de un país con 4.500.000 habitantes, que acoge, según la ONU, a más de 1.100.000 de sirios.

“Elegí el Líbano porque se podía entrar solo con el carné de identidad; los sirios no necesitan pasaporte para cruzar la frontera”, rememora.

En Beirut, le esperaban su madre y su hermana que se habían ido antes.

A su llegada trabajó como teleoperador -13 horas al día por 600 dólares mensuales- hasta que acabó en una tienda como dependiente por 700 dólares al mes, “lo justo para vivir en el Líbano si estás solo”.

Sin embargo, sentía que no tenía futuro: “No podía imaginarme a mí mismo después de tres o cuatro años en la misma tienda, yo quiero seguir mis estudios y cursar un máster”, apunta Hasbani, que terminó la carrera de Economía en Damasco.

Antes de viajar ilegalmente a Alemania trató de conseguir el visado para Polonia y España pero fue rechazado, aunque su madre sí logró viajar legalmente a Varsovia y ahora vive en Alemania.

Una situación distinta es la de Ahmad, que rehúsa ofrecer su nombre real y que anhela en el Líbano una respuesta de la Embajada de Australia, adonde quiere mudarse legalmente con sus padres y su hermano.

Ahmad, de 28 años, y su familia han superado varias fases del proceso para obtener el visado y están a las puertas de conseguirlo.

Lleva en Beirut desde 2012 tras huir precipitadamente de Alepo, después de que lo llamaran para hacer el servicio militar.

“Mi hermano mayor murió en el campo de batalla luchando con las Fuerzas Armadas”, recuerda.

Ellos optaron por el Líbano, pese a que la provincia de Alepo es fronteriza con Turquía, “porque es un país árabe similar al nuestro y es más fácil hallar trabajo”, explica.

Sin embargo, el primer año en la capital libanesa no encontró nada y luego ha trabajado pero de forma ocasional.

“Quería irme del Líbano desde el primer mes, todo es caro y complicado -añade-. Siento que soy un extraño, no me siento libre”.

Piensa que en Australia estará mejor porque cree que tendrá oportunidades para estudiar y el Gobierno les ayudará. Además, “no nos mirarán de una manera distinta por ser sirios”.

Ahmad siempre ha descartado salir del Líbano ilegalmente porque considera que es muy peligroso y no quería dejar solos a sus padres.

No obstante, tampoco está siendo fácil intentarlo de forma legal, ya que esta es la segunda vez que presenta una aplicación para Australia tras ser rechazada su primera petición en 2013.

“Deseamos ir a Australia porque tenemos familia que vive allí desde hace treinta años. Quienes lo logran suelen tardar alrededor de un año y tres meses”, comenta esperanzado.

Muchos sirios en el Líbano se han marchado a otros Estados o aspiran a hacerlo, pero también hay muchos atrapados por razones económicas o no tener pasaporte.

Esa es la situación de la mayoría de los refugiados en la localidad fronteriza libanesa de Arsal, como Nader y su familia.

“No podemos salir de Arsal por razones políticas, ya que nos consideran a todos rebeldes, así que necesitamos un permiso especial de los cuerpos de seguridad libaneses y en ocasiones el camino a Beirut está cortado”, se queja en declaraciones a Efe.

Arsal es una población de mayoría suní, donde se han registrado incidentes ya que en ella a veces se infiltran yihadistas y es un islote rodeado de pueblos de mayoría chií, donde Hizbulá, que respalda al régimen de Bachar al Asad, está fuertemente implantado.

Nader lamenta que apenas haya trabajo, viven gracias a la ayuda de la ONU: 13,5 dólares mensuales por persona.

Salir de Arsal o del Líbano no son opciones, ya que es complicado obtener el permiso para marcharse de la localidad y casi ningún refugiado, según Nader, tiene documentos como el pasaporte porque dejaron sus papeles en Siria.

“No hay futuro, estamos encerrados”, sentencia.

Susana Samhan – EFE

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