Sbaraglia protagoniza un “thriller” en silla de ruedas con Clara Lago

Los actores Leonardo Sbaraglia y Clara Lago se enfrentan a un “malvado” Pablo Echarri en la película “Al final del túnel”, un “‘Duro de Matar’ en silla de ruedas” del realizador argentino Rodrigo Grande, que se rueda estos días en Buenos Aires en coproducción con España.

Vestido en tonos grises y demacrado, el argentino Sbaraglia se mete por primera vez en la piel de un discapacitado para el cine al interpretar a Joaquín, un hombre que tras perderlo “casi todo en la vida” se ha quedado encerrado en su hogar, en una “especie de letargo”, del que solo le arrancarán los acontecimientos imprevistos que ocurren a su alrededor, detalló a Efe el actor.

“Es una película de acción en silla de ruedas, una ‘Jungla de cristal’, una ‘Duro de matar’, en silla de ruedas”, contó Sbaraglia, desde el set de la película en Buenos Aires, cuyo rodaje concluirá en octubre en España.

Se trata de un rol tan “interesante” como “difícil” que obliga a Sbaraglia a un gran “nivel de compromiso, que tiene que ver con manejar muy bien la silla y no solamente eso, incorporarla como si fuera una parte biológica, no una parte externa”.

La irrupción de la española Clara Lago, como Berta, en su primer papel en una película argentina, será uno de los resortes que arranquen a Joaquín de su encierro.

“Es una chica joven que tiene una hija de seis años y aparece al principio de la película para instalarse en la habitación que alquila el personaje de Leo Sbaraglia y empieza a darle un poco de vidilla a Joaquín, que está bastante deprimido”, apuntó Lago, que a sus 25 años es ya uno de los rostros más conocidos del cine español.

“¡Es la primera vez que hago de madre! Es muy fuerte esto, con una hija de seis años además… que digo, ¿pero dónde voy yo con una hija de seis años?”, dijo entre risas la actriz.

Lago se enfrenta además al desafío extra de hablar con acento argentino, algo que según sus compañeros consigue sin problemas.

“Prácticamente con toda la gente del equipo hablo con acento, pero fue una cosa mía de quitarme casi la vergüenza… Al principio dije ‘como tenga que llegar el primer día y todo el mundo me conozca con mi acento español y de repente tenga que cambiarlo me va a entrar el pudor…’. Así que nada, quítate la tontería y empieza a hablar con acento todo el rato”, agregó.

Pero, sobre todo, será el descubrimiento de los planes del villano de la película, el jefe criminal Galereto, interpretado por Pablo Echarri, lo que lanzará esta aventura de suspense asfixiante, al más puro estilo de cine de género.

“Galereto es uno de los integrantes de esta banda de delincuentes que ha decidido hacer un boquete, un túnel partiendo de un comercio que pasa por debajo de la casa de Joaquín, para robar el banco de la esquina”, apuntó Echarri.Leonardo Sbaraglia

“La banda está formada también por policías, un sistema que acá en Argentina hemos conocido por mucho tiempo. Me tocó interpretar a un personaje implacable, feroz, con cierta simpatía aparente lo que lo hace bastante más espantoso a la hora de realizar el crimen”, matizó el actor argentino, que con esta película confirma que le divierte más hacer “de malo”.

Aunque Echarri comenzó su carrera como “galán”, la madurez le ha permitido dejar de lado la necesidad de que le “quiera todo el mundo” y ahora prefiere personajes que aunque no alimenten “su ego” le permitan tocar otros registros.

Para perfilar a Galereto, Echarri ha “refrescado” a grandes villanos del cine, como el personaje de Robert De Niro en “Cabo del miedo”, pero también apela a su yo más oscuro.

“Yo creo que todos buceamos y escarbamos dentro del interior para ir descubriendo esa perversión, la bipolaridad, la esquizofrenia, cierta maldad intrínseca que el ser humano contiene”, indicó.

El filme, tercer largo de Rodrigo Grande (“Rosarigasinos”, “Cuestión de principio”) y su primera incursión en el cine de suspenso, llegará a los cines argentinos en abril de 2016, con la invitación a los espectadores para que se atrevan a internarse con los personajes en este túnel.

“Hay una frase muy linda que dice que cuando uno escribe tiene que llenar con alegría el pozo que uno cavó con tristeza”, manifestó el realizador.

“Estoy de acuerdo con eso, dejar al espectador con un balanceo positivo, lo que no quiere decir un final feliz sino una satisfacción de o haber visto algo bueno, o una experiencia estética positiva o ciertas ganas de volver a ver una película de ese director, de esos actores o de ese género”, concluyó.

 

 

EFE

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