El mundo pierde hasta un 17 % de PIB anual por la degradación del suelo

Así lo señala el informe titulado “El valor del suelo”, publicado hoy por la iniciativa “La economía de la degradación de la tierra”, una plataforma de discusión entre políticos, científicos y sector privado para el desarrollo de datos globales sobre los beneficios económicos del suelo.

Los expertos han calculado el valor de los servicios ecosistémicos (recursos o procesos de ecosistemas naturales que benefician a los seres humanos) que proporciona el suelo, tales como el alimento, la reducción de la pobreza, el agua limpia, la regulación del clima o las enfermedades y el ciclo de los nutrientes.

La conclusión es que el valor de los servicios ecosistémicos que se pierde en todo el mundo debido a la degradación de la tierra alcanza la “asombrosa” cifra de entre 6,3 billones y 10,6 billones de dólares anuales.

Un problema que amenaza además a las personas que viven en las regiones afectadas, pues se estima que en una década unos 50 millones puedan verse obligadas a buscar un nuevo hogar y medios de subsistencia.

“Cómo dijo Óscar Wilde: ‘la gente sabe el precio de todo pero el valor de nada’, dijo la secretaria ejecutiva de la Convención de la ONU para el lucha contra desertización, Monique Barbut, para quien esa cita del escritor irlandés es, “sin lugar a dudas, cierta” cuando se trata de los “recursos del suelo, los cuales no valoramos”.

Pero si la degradación del suelo se trata de una manera eficaz podría ayudar a evitar las crisis humanitaria e incluso añadir 75,6 billones de dólares de ingresos mundiales cada año.

Este informe, que cuenta con el apoyo de la Universidad de Naciones Unidas para el agua, medioambiente y salud, es resultado de cuatro años de colaboración entre más de 30 institutos internacionales de investigación y política.

El daño a la tierra agrícola es importante, pues el 52 % está de moderada a gravemente degradada, indica el documento y advierte de que “la economía de la degradación de la tierra es mucho más que solo la agricultura”.

Así, el suelo es el segundo “sumidero de carbono” del planeta, solo por detrás de los océanos, mientras que la agricultura y los cambios en el uso del suelo suponen la segunda mayor fuente de emisiones de gases invernadero.

Por ello, tratar la degradación de la tierra y sus causas supone una acción de doble vía para reducir los gases de efecto invernadero, agrega el informe.

Y es que una “adecuada gestión de los usos agrícolas y forestales de la tierra es una de las medidas más baratas para reducir el calentamiento global”.

Además, la mayoría de las acciones que pueden emprenderse “tienen un coste neutro o comportan una ganancia para la sociedad y no necesitan una inversión importante de capital”.

Los países deben, según el texto, reconocer el “gran valor” que comporta mejorar la gestión del suelo y aumentar la capacidad institucional y el conocimiento en este aspecto.

Los autores del informe destacan que los análisis coste-beneficio para la gestión sostenible del suelo “pueden hacerse, incluso con una disponibilidad limitada de datos”.

“Es perentorio actuar ahora, pues cada día se produce la pérdida de más tierra productiva que luego tendrá que ser recuperada”, advierte los expertos.

Para dejar patente la extensión del problema, el informe destaca que un tercio del mundo es vulnerable a la degradación del suelo y sólo en África, un tercio de su tierra está amenazada por la desertización.

En términos más puramente económicos, lo datos señalan que los cambios registrados en la corteza terrestre desde el primer año de ese siglo son causa de entre la mitad y el 75 % de pérdidas en el valor de los servicios ecosistémicos.

El comisario europeo de Medioambiente, Karmenu Vella, puso el acento en que la degradación del suelo, agravada por el cambio climático, “es también uno de los factores que puede llevar a migraciones”.

Así recordó las palabras del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, la semana pasada: “los refugiados debido al cambio climático se convertirán en un nuevo desafío, sino actuamos con rapidez”.

Por ello, Juncker defendió que la UE debe ser “todo lo ambiciosa posible” en la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-21), que se celebrará en París.

EFE

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