Documentalista francés recupera su memoria de un Paraguay de hace 40 años

Tras una larga filmografía que le llevó por lugares como Palestina, China o Japón, el documentalista francés Dominique Dubosc recupera en su cinta “Memoria desmemoriada”, que presentó ayer en el Festival de Cine de Asunción, sus recuerdos de un Paraguay que le vio nacer como cineasta a fines de los 60.

Dubosc recordó en una entrevista con Efe que llegó a Paraguay huyendo de la “horrible” guerra de independencia de Argelia (1954-1962), enviado como cooperante para evitar tener que cumplir con el servicio militar y participar de la contienda.

En Paraguay, a donde providencialmente llegó “con una filmadora y un poco de película”, se desempeñó como profesor de antropología en la Universidad Católica, aunque “no era un verdadero antropólogo”, confesó.

“Lo que siempre quise hacer fue cine, más o menos desde que tenía 14 años. En Paraguay me interesó la manera en que vivían los campesinos: era 1968, pero vivían como hacía 200 años. Así que grabé la vida de una familia de campesinos pobres, desde un punto de vista etnográfico, como testimonio de un modo de vida desaparecido en otros lugares del mundo”, relató el cineasta.

Fue así como creó “Cuarahy Ohecha”, la primera película de la que luego sería una extensa carrera, y la que a su vez es una de las primeras cintas filmadas en Paraguay.

Su segundo filme, “Manojhara”, nació también en el país, cuando su tren se detuvo en la estación de Sapucai, unos 100 kilómetros al sur de Asunción, cerca de donde existía un sanatorio para enfermos de lepra.

“Bajé para visitar el leprocomio, y me quedé cuatro meses. Decidimos hacer una película juntos, como un tipo de juego en el que participaran todos. Los leprosos estaban entonces muy apartados, la gente les temía, y a su alrededor corrían leyendas como en la Edad Media”, rememoró.

En este lugar donde las personas llegaban “como al fin del mundo, a la región de la muerte”, Dubosc supo contar “una película feliz sobre la fuerza de la vida” que los enfermos encontraron al “verse en los otros” y aceptar su condición.

Dubosc regresó a este sanatorio 41 años más tarde, y fue recibido por algunos de los protagonistas de su película, que nada más verle le saludaron por su nombre.

“Volver y reencontrarse con los lugares y las personas de entonces es algo vertiginoso. Los primeros días es como si no caminaras por el suelo, como si flotaras varios centímetros por encima”, ilustró el cineasta.

Este vértigo, este caudal de la memoria que mira de frente a un pasado fugaz fue lo que trató de atrapar Dubosc en “Memoria desmemoriada”.

“La memoria es un movimiento. No es un lugar ni una construcción, sino un pasaje. Los recuerdos son sombras que no se pueden agarrar: si son fijos como fotos, es que son pura ficción”, explicó Dubosc.

“Los recuerdos están influidos por la emoción del presente. Pero cuando uno ha vivido muchos años, siente que camina por un precipicio de tiempo y recuerdos. Por eso es tan necesario el olvido”, añadió.

Entre esos recuerdos estaban algunos que no querían ser invocados, ya que el retorno al pasado de Dubosc también convocaba ausencias, y el temor a enfrentarlas postergó su regreso a Paraguay durante más de cuatro décadas.

“Yo no quería volver, no me sentía capaz, porque no había terminado aún mi duelo. Mientras yo estaba lejos se fueron muchos amigos, y entre ellos una mujer a la que amé mucho, y que desapareció durante la dictadura de (Jorge) Videla en Argentina (1976-1981)”, relató.

Su historia de amor es una de las sombras que resquebrajan la amnesia en su película, una cinta que, imitando los mecanismos de la propia memoria, carece de un hilo conductor, según explicó.

“La gente está demasiado acostumbrada a historias con una línea argumental, y personajes en lugar de personas”, destacó Dubosc.

“Hay muchas películas hoy que son como productos, todos iguales y además con falsos ritmos, rapidísimos. Pero en la realidad no podemos controlar nuestro movimiento vital, en el que los cambios de ritmo están unidos a los cambios que las emociones provocan en nuestro pulso”, opinó.

Por ello, cree que “el cine como industria murió en los años cincuenta”, y que lo que hoy sobrevive es un “cine popular o de masas”, en paralelo a un verdadero arte cinematográfico que ha quedado “como un cine de elite en películas marginales, que se ven entre pocos”.

Sea ante pocos o ante un buen número de espectadores, su “Memoria desmemoriada” se dejará ver en varias sesiones en el marco de la 24 edición del Festival Internacional de Cine de Asunción.

 

EFE

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