Italia prevé cerrar el problemático centro de refugiados más grande de Europa

La acumulación de problemas en el Centro de Acogida para los Solicitantes de Asilo (CARA), situado en la localidad italiana de Mineo y considerado uno de los mas grandes de Europa, ha provocado que el Gobierno anunciase que se plantea su cierre.

Italia prevé cerrar el problemático centro de refugiados más grande de Europa


Así lo adelantó esta semana la ministra de Reformas italiana, Maria Elena Boschi, quien afirmó que “tras la intervención del centro”, se han pedido a las autoridades que agilicen los trámites para su cierre.

“Estamos evaluando sí cerrar el centro una vez que terminen las investigaciones que están curso”, anunció la ministra.

La gestión presuntamente ilegal de este centro de acogida salió a relucir en la investigación sobre las infiltraciones mafiosas en la capital italiana, denominada “Mafia Capital”, y que en diciembre del 2014 produjo el arresto de varias personas.

Entre ellas, se encontraba Luca Odevaine, responsable de la coordinación de acogida de inmigrantes, y que conseguía garantizar beneficios económicos a los empresarios por ellos elegidos, y así repartirse los fondos destinados a la gestión de los centros.

El centro fue intervenido en junio de este año y hay cinco dirigentes investigados por la fiscalía, entre ellos la alcaldesa de Mineo, Anna Aloisi.

El recinto, compuesto por cuatrocientos pequeños edificios donde se alojan los solicitantes del estatus de refugiado, está en Mineo, un pueblo de 5.200 habitantes de la provincia de Catania, en el interior de la isla italiana de Sicilia, un lugar aislado e incomunicado al que rodean extensos campos cultivados.

Hasta 2010 las instalaciones, conocidas como “La residencia de los Naranjos”, pertenecieron a la Marina estadounidense, pero actualmente son 3.219 las personas que viven, duermen y esperan allí, según datos proporcionados por el informe de Médicos por los Derechos Humanos (MEDU, siglas en italiano).

Sin embargo, según el Ministerio del Interior de Italia, la capacidad de acogida es de 2.000 personas, que esperan entre un año y dieciocho meses a que el estado decida si reconocerles el derecho a asilo en el país.

Según el coordinador de la organización de MEDU, Alberto Barbieri, una estructura que acoge a tanta gente tanto tiempo “es difícilmente controlable”.

“Al crearse un lugar apartado del contexto territorial, se puede producir un fenómeno de ‘guetización'”, denunció a EFE el coordinador de la entidad.

Los problemas del centro en estos últimos años, al que algunos medios italianos se refieren como “la república independiente de los refugiados”, son muchos, especialmente provocados por la gran cantidad de gente que convive aislada del exterior y por tanto, sin posibilidades de integración en la sociedad italiana.

Desde que el recinto abrió sus puertas con el Gobierno de Silvio Berlusconi en el año 2011, Mineo ha sido protagonista de noticias de crónica negra: la última de ellas, el asesinato de un matrimonio de la cercana localidad de Palagonia, presuntamente a manos de uno de los habitantes del centro.

El caso, que se convirtió rápidamente en un asunto político, volvió a avivar la polémica sobre el modelo adecuado de integración de los refugiados y provocó que el presidente de la región de Sicilia, Rosario Crocetta, afirmara que el CARA de Mineo “así como está planteado ahora, no podrá funcionar nunca”.

“No se juntan 3.000 o 4.000 personas sin perspectivas y sin relaciones con el territorio. Acoger sí, pero salvaguardando a la población y la dignidad de aquellos inmigrantes no violentos que no quieren ser confundidos con criminales”, advirtió Crocetta.

MEDU, la organización independiente que trabaja dentro de este centro, denunció en su informe de 2015 que la mayoría de ellos han “huido de su país de origen a causa de persecuciones políticas, religiosas, sexuales, dictaduras, guerras civiles y situaciones violentas en su comunidad o sus grupos familiares”.

Y durante esta huida muchos de ellos han sido víctimas de torturas y vejaciones, que les han provocado secuelas psicológicas deben ser tratadas, aconseja el informe.

A estas condiciones y a la espera sin expectativas reales de futuro, se suma el aislamiento en el que viven, ya que los huéspedes del centro son libres de salir, pero la realidad es que no tienen a donde ir.

Paola Bruni – EFE

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