Indígenas maká luchan por conservar su lengua originaria

Alrededor de 150 alumnos del pueblo maká, asentados a 30 kilómetros de Asunción, recibieron hoy el primer libro de cuentos producido por ellos mismos, un paso más en su lucha por preservar su lengua originaria.

Los indígenas maká, que pertenecen a una de las 20 etnias nativas de Paraguay, habitan en la comunidad Qemkuket (“Bananita”, en lengua maká) desde hace 20 años, explicó a Efe el director de la escuela, Chulikin Jorge Benítez.

“Es importante no perder nuestro idioma, es lo más lindo para la comunidad maká. Es nuestra cultura y nuestra identidad”, aseguró Benítez, mientras en el aula los niños aprendían simultáneamente vocabulario del castellano y del maká.

Los alumnos recibieron con entusiasmo los libros que recogen tres cuentos redactados en ambos idiomas y elegidos en un concurso realizado desde el año pasado, dijo a Efe Nieves Montiel, directora general de documentación y promoción de lenguas indígenas, de la Secretaría de Políticas Lingüísticas (SPL) en Paraguay.

“Quisimos darles a los niños y a los jóvenes la posibilidad de participar de concursos en su lengua materna, y que puedan tener esos materiales de lectura en la comunidad”, aseguró Montiel.

La Constitución paraguaya establece que los pueblos originarios deben preservar su lengua y su cultura, pero el desplazamiento impulsado por el avance de la producción agrícola a grandes escalas les empuja a abandonar sus tierras y con ellas, sus costumbres, lo que hace “difícil” conservar la lengua en el contexto actual, agregó la funcionaria.

La lengua maká es además una de las que se encuentran “en mayor peligro” de perderse, según Montiel.

“Sabemos que por la presión social de la población no indígena, muchas veces ellos van renunciando a sus prácticas culturales, entre ellas su lengua”, expresó.

Los maká son originarios del sur de la región del Chaco, en el oeste de Paraguay, donde tenían instaladas sus poblaciones a orillas del río Pilcomayo, fronterizo con Argentina.

En 1944 se trasladaron desde allí hasta unos terrenos a las afueras de Asunción, frente a una zona junto al río Paraguay conocida como Puerto Botánico, guiados por el general y antropólogo ruso Juan Belaieff, considerado benefactor de este pueblo.

Sin embargo, las constantes crecidas del río provocaron sucesivas inundaciones y obligaron a los indígenas a desplazarse nuevamente fuera del área inundable.

Es así como este grupo de 200 familias se asentó en la comunidad Qemkuket, instalando precarias viviendas de madera, una iglesia, y una escuela con tres salones de clases donde escasean los útiles escolares y abundan las sillas rotas y mobiliarios en mal estado.

“En nuestra comunidad hay muchas necesidades, (los alumnos) no reciben el almuerzo escolar ni la merienda, los padres se preocupan porque tienen que buscar algo para alimentar a sus hijos”, acotó el líder indígena.

Como el terreno es pequeño para cultivar, los miembros de la comunidad se dedican principalmente a elaborar artesanías con hilos de algodón adquiridos en Asunción, explicó Benítez.

Según datos oficiales, en Paraguay habitan poco más de 110.000 nativos repartidos en 772 comunidades, la mayoría en la zona oriental y en la región noroccidental del Chaco.

Las 20 etnias están divididas en cinco familias lingüísticas, y algo más de la mitad de la población indígena (60.930 personas) pertenece a la familia guaraní, idioma que habla la mayoría de la población del país junto al español. EFE

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