Austria, punto de descanso para los refugiados camino del sueño europeo

“Budapest, mal. Austria, bien”, resume su experiencia Ali, un refugiado iraquí que ha llegado a Viena desde Hungría y que espera proseguir en tren hoy mismo hacia Alemania su huida de la guerra en su país.

En un inglés escaso y ayudándose de la mímica, Ali y tres compañeros cuentan a Efe en la estación oeste de Viena (Westbahnhof) el diferente trato recibido en los dos países vecinos.

La sonrisa y los pulgares levantados que muestran al preguntar por el recibimiento en Austria se tornan en gestos de desagrado cuando recuerdan lo pasado en Hungría.

“Budapest, problemas. Policía”, dicen, mostrando rasguños en las manos y repitiendo el típico gesto de golpear algo con fuerza.

La pasada madrugada, otros mil refugiados entraron a pie en Austria procedentes de Hungría, informó hoy la policía austríaca.

Son ya unos 10.000 los que han entrado al país procedentes de su vecino desde que el viernes Austria y Alemania anunciaran una política de puertas abiertas.

La mayoría de los que llegan, siguen camino hacia Alemania y otros países del norte de Europa, como Noruega o Suecia.

Hoy mismo, se espera que salga hacia la ciudad alemana de Múnich un tren especial con 600 refugiados fletado por la compañía estatal de ferrocarriles austríaca, la ÖBB.

“Unos 600 han dormido aquí esta noche. Otros 1.300 salieron a medianoche hacia Salzburgo (camino de Alemania)”, explica a Efe Stephan Waldner, uno de los coordinadores del dispositivo puesto en marcha por Caritas Austria para atender a los refugiados.

En la estación, un puesto de información con traductores en varios idiomas atiende a los refugiados.

Hay también un puesto de atención médica, donde se tratan principalmente casos severos de agotamiento y pies heridos y sangrantes, debido a las largas caminatas que muchos refugiados han acumulado en sus esfuerzos por salir de Hungría, donde muchos de ellos han estado días varados.

Los carteles de “Thank you, Austria”, colgados en las paredes refuerzan la idea de que, de momento, el trato aquí ha sido muy distinto al recibido hasta ahora.

“La ÖBB, los servicios de seguridad, la Policía, Cáritas, las organizaciones de salvamento. Toda la organización funciona muy bien. Pero no podría haber sido así sin la colaboración civil”, explica Waldner.

La afluencia ha sido tal que las organizaciones de ayuda han pedido a los austríacos que no traigan más mantas o ropa.

“Ayer, llevamos cuatros camiones llenos de ropa a un almacén, para ir distribuyéndola conforme la necesitemos”, cuenta el trabajador de Cáritas.

Lo que más falta hace ahora es donaciones para pagar los billetes de tren para los refugiados que siguen su viaje, aunque incluso en eso las autoridades austríacas parecen haberse volcado.

Anoche, el presidente ÖBB, Walter Kern, dijo en declaraciones a la televisión pública que una situación limite como ésta “requiere una respuesta pragmática”.

Por eso, reconoció, los revisores en los trenes se mostrarán generosos y flexibles con los refugiados.

Ante declaraciones de este tipo, el trabajador de Cáritas habla de “una situación emocionante” en el país.

Para hoy, no se espera que decaiga el flujo de llegadas de refugiados, de los que unos 1.800 estaban esta mañana aún en la zona fronteriza de Nickelsdorf, esperando a ser llevados a otros puntos del país para seguir su viaje.

Un convoy de autobuses, con 500 refugiados, salió hoy hacia la ciudad de Graz, al sur de Austria, donde podrán pedir asilo político o seguir rumbo a Alemania.

Esta mañana, unos 1.000 refugiados salieron en tren desde Budapest hacia la frontera austríaca, lo que hace esperar su llegada para las próximas horas.

Y ayer, las autoridades húngaras interceptaron a otras mil personas que habían cruzado la frontera alambrada con Serbia, si bien con menos que en los días y semanas anteriores.

Pero al mismo tiempo, se supo además que unos 4.000 refugiados llegaron en las últimas 24 horas al norte de Serbia, dispuestos a cruzar la frontera hacia Hungría.

Esto demuestra que la ola migratoria de Oriente Medio aún no se ha detenido en el sureste de Europa y que muchos miles están todavía por llegar para cumplir su sueño de una vida mejor en Europa Occidente, sea en Alemania o en otro país.

Antonio Sánchez Solís – EFE

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