Ciudadanía que no elige, partidos que no gobiernan

Paraguay no es el único país donde los billonarios aspiran gobernar. Tenemos a Donald John Trump en Estados Unidos y Sebastián Piñera en Chile. El norteamericano no tiene chances de llegar a la presidencia. El chileno fue una golondrina que no hizo ningún verano. Cumplió su mandato sin dejar un legado. El gobierno volvió a los políticos.

En nuestro país, un billonario electo gobierna con comodidad, siempre que tenga apoyo del coloradismo. Candidatos empresarios, dentro del oficialismo fueron Wasmosy, Cubas y Cartes; dentro de la oposición, Caballero Vargas y Fadul.  Unos tuvieron coloradismo, ganaron las elecciones y gobernaron. Los otros no.

La última interna del Partido Colorado, con la victoria rotunda de los candidatos de Honor Colorado, el movimiento de Horacio Cartes, parece confirmarlo. El presidente es un billonario gobernante. Tiene la mayoría parlamentaria del oficialismo -que pese a los gestos de desmarque, de a poco vuelve al rebaño-, una alianza con el liberalismo predominante y antes había conquistado la interna de un partido que no era el suyo y conseguido la victoria en las elecciones nacionales encabezando un partido que estaba en la llanura.

El costo de ese tipo de liderazgo puede ser el desagrado de parte de la ciudadanía, que considera que entre los jugadores hay uno con cartas marcadas y que ellas tienen un peso desproporcionado para los ideales de la democracia, donde una persona vale un voto. Eso que Latinobarómetro nos recordaba cada año, que somos una democracia sin fe en la democracia, donde el voto está enormemente influido por la chequera, como antes lo estaba por los fusiles. Una democracia poco democrática, en donde, a la postre, lo que importa no es quien convence, sino quien vence.

La economía y la situación social resultan favorables a la actual administración.  Dentro del infortunio que nos caracteriza, las cosas no le van mal al gobierno nacional. Y el infortunio no será superado sin cambios de fondo, como reforma agraria de verdad, reforma fiscal, reforma electoral y partidaria, reforma de la justicia, cosas que no son la agenda de un gobierno conservador.

Guillermo caballero vargas fue uno de los empresarios candidatos que surgió de la oposición

Guillermo Caballero Vargas fue uno de los empresarios candidatos que surgió de la oposición

A nivel económico, contra viento y marea de la recesión mundial, la economía paraguaya mantiene un crecimiento positivo; lo que, en términos históricos, constituye un privilegio. Es verdad que crecer cuando se está tan mal no es tan difícil. América Latina tiene un desarrollo que es la media del mundo. Paraguay tiene un desarrollo que es la mitad de América Latina. Pero, aún así, se trata de un mérito. Pésima era la chatura de otros tiempos, la de la dictadura y la de los primeros años democráticos.

En lo social, se sostiene la disminución de la pobreza que había sido adquirida sobre todo entre el 2011 y el 2013.  Aunque lo que más crece sea la desigualdad; pero esa epidemia es mundial, y  las quejas importan poco mientras los perjudicados no tengan fuerza para movilizarse, como es el caso. El movimiento social es poco activo en nuestro país.

Muchos otros presidentes estarían preocupados con la baja popularidad del nuestro.  Más de dos terceras partes no aprueban su gestión. Pero el partido mayoritario le vota y el oficialismo gana cómodamente dentro y fuera de las internas. El gobierno tiene al parlamento, tiene al partido. La popularidad no parece importar.

Pedro Fadul es otro de los candidatos de oposición que surgió del empresariado

Pedro Fadul es otro de los candidatos de oposición que surgió del empresariado

El nuestro no parece ser un gobierno del Partido Colorado, pero los gobiernos del partido han sido cada vez menos colorados después de la democratización. Nicanor Duarte Frutos gobernó basado en el partido, Luis Argaña no pudo hacerlo, y perdió la vida en el intento. Andrés Rodríguez no era típico, Juan Carlos Wasmosy y Raúl Cubas tampoco lo fueron. González Machi puede reivindicarse de cuna colorada, pero gobernó sin ser electo.

El partido mayoritario no candidata a sus líderes más prestigiosos y tampoco gobierna del todo, a pesar de su abrumadora mayoría. En cambio, es una contraparte obligatoria de todo gobierno, junto al ejército, los empresarios y el clero. Puede pensarse que el colorado es el gran partido del poder, tiene prerrogativas, pero no es gobierno.  Suyo no parece ser el ideal de autodeterminación democrática, sino apoyar, apoyarse en el poder, beneficiarse con él, e impedir que otras instituciones competidoras lleguen a ser primogénitas del poder, ocupando su lugar.

Un constatar peculiar de nuestra tradición política que puede resultar contrastante: con el 85% de la población afiliada, los partidos reinan más que gobiernan y la inmensa masa de la población correligionaria vota más que elige a sus líderes. El voto inducido es cercano al 40% de los emitidos en las elecciones nacionales. Los pobres no eligen, cobran por su voto.

Desde el punto de vista de los recursos, el partido oficialista es el partido de casi todas las pequeñas, medianas y grandes fortunas. No puede razonablemente aludir que carezca de recursos para solventar sus procesos electorales.  No puede razonablemente decir que sin los dineros de un billonario no tiene suficiente dinero.  Sin embargo, obtener recursos para recolectar votos no está al alcance de su voluntad institucional.

En estas circunstancias, en el pasado fueron los jefes militares y en el presente son los grandes empresarios quienes ambicionan sentarse ante el panel de control de este aparato de mando-obediencia, dócil correa de transmisión del gobierno.

José Carlos Rodríguez


Este artículo forma parte de la edición N° 33 de Economía y Sociedad, publicación perteneciente al Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (CADEP).

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