Del atropello a Bolt al oro extraviado de Fajdek: un Mundial de tropiezos

Los atletas que han participado en el Mundial de Pekín se han ganado la admiración planetaria gracias a actuaciones que a veces han rozado lo sobrehumano, pero también han protagonizado una serie de escenas curiosas que prueban que pueden tener tan mala suerte o ser tan patosos como todo hijo de vecino.

Ha sido un campeonato de tropiezos mundiales: algunos pudieron cruzarse en el camino victorioso del jamaicano Usain Bolt, a la postre el gran triunfador, mientras que otros fiascos directamente acabaron con pérdidas de medallas, como el del polaco Pawel Fajdek, que extravió la suya de oro en una borrachera.

Igual que la competición, el anecdotario de Pekín 2015 ha tenido un rey indiscutible: Usain Bolt, que más allá de sus victorias se va de Pekín también con un triplete de momentos pintorescos.

El más famoso, que ha dado la vuelta al mundo, fue su atropello mientras celebraba el título de los 200 metros a cargo de un cámara de la televisión china CCTV a bordo de un biciclo de estilo “segway”.

Bolt estaba tan feliz, saludando distraídamente al público, cuando uno de los cámaras que le seguían chocó contra los raíles del exterior de la pista y se lo llevó por delante.

Pudo provocarle alguna lesión grave, pero no pasó de unos rasguños y el jamaicano, siempre dado al cachondeo, acusó inmediatamente al estadounidense Justin Gatlin, su gran rival, de sobornar al cámara para que le derribara.

“El rumor que voy a intentar difundir a partir de ahora es que Justin Gatlin le pagó”, bromeó Bolt en una rueda de prensa junto al estadounidense.

“Voy a pedirle que me devuelva el dinero, no completó su cometido”, respondió Gatlin, también de buen humor pese a su derrota.

Por si quedaba alguna duda, el autor del atropello, llamado Song Tao, volvió a aparecer en escena al día siguiente, durante la ceremonia de entrega de medallas, para pedir disculpas a Bolt y regalarle una pulsera de la buena suerte.

https://www.youtube.com/watch?v=hlbUMaiKUDs

Y todo ello a pesar de que fue el camarógrafo de CCTV quien en realidad se llevó la peor parte en el accidente, porque, además de dar con sus huesos en el suelo, le cayó la cámara en la cabeza.

La historia de Bolt y las cámaras en este Mundial no acaba ahí, puesto que días antes se había presentado en la entrega de su propia medalla de oro en los 100 metros de Pekín con una para grabar y comentar, aún encima del podio, el mágico momento.

El jamaicano volvió a sorprender al público del Estadio del Nido de Pekín, ya acostumbrado a sus habituales gestos y muecas, porque colgarse una medalla mundialista, aunque uno sea el atleta más laureado de la historia, bien merece un vídeo casero.

Quien seguramente tampoco olvide su paso por Pekín es el polaco Fajdek, flamante campeón mundial de lanzamiento de martillo.

Eso si la resaca se lo permite, ya que el lanzador desfasó tanto en su celebración que, en plena euforia alcohólica, tuvo que pagar el taxi de vuelta con la medalla de oro recién ganada.

El polaco Pawel Fajdek exhibe el oro que ganó en lanzamiento de martillo. Tras enmborracharse usó la medalla como parte de pago a un taxista / EFE

El polaco Pawel Fajdek exhibe el oro que ganó en lanzamiento de martillo. Tras enmborracharse usó la medalla como parte de pago a un taxista / EFE

Hasta la policía china tuvo que intervenir para recuperar la presea, pese a la insistencia del taxista en que el atleta se la había dado a cambio de la carrera de regreso al hotel.

Seguramente sin quererlo, otros atletas han dejado imágenes un poco más dolorosas, pero igualmente imborrables de su paso por el Mundial.

Es el caso de la británica Tiffany Porter que llegó tan trastabillada a la línea de meta de los 100 metros vallas que tras cruzarla cayó, dio una voltereta y acabó extendida boca abajo sobre el tartán.

Para entonces, sin embargo, Porter ya se había asegurado una medalla de bronce, que es de lo que se trataba.

Con menos se tuvo que conformar la panameña Rolanda Bell, que se quedó fuera de juego en las eliminatorias de los 3.000 obstáculos, tras un inoportuno chapuzón en la ría, con caída de cabeza incluida, como si se hubiese tirado a una piscina.

Quien inexplicablemente terminó el Mundial sin irse al suelo fue la mascota de los campeonatos, que por la reducida movilidad del disfraz hacía sufrir a los espectadores cada vez que salía a la pista a echarse unas carreras. Cómo pudo mantener el equilibrio durante nueve días es un misterio sobre el que aún hoy muchos se preguntan.

 

 

EFE

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