La sequía en Polonia descubre recuerdos de la historia ocultos bajo los ríos

La sequía y el bajo caudal de algunos ríos polacos han dejado al descubierto tesoros históricos ocultos hasta ahora bajo las aguas: un avión soviético de la II Guerra Mundial con los restos de su tripulación en el interior, lápidas judías y, el último, un barco fluvial ruso de la Gran Guerra.

La sequía en Polonia descubre recuerdos de la historia ocultos bajo los ríos

Este verano ha sido anormalmente caluroso en Polonia, con temperaturas que han llegado a los 38 grados centígrados durante este mes de agosto, y la escasez de lluvias ha provocado que ríos como el Vístula queden a su nivel más bajo desde que comenzaron las mediciones hace unos doscientos años.

Ese escaso caudal se ha convertido en todo un regalo para arqueólogos e historiadores, ya que permite ahora descubrir qué esconden los ríos polacos, escenarios de los conflictos más sangrientos que asolaron la Europa del siglo XX.

Uno de esos descubrimientos es un bombardero soviético estrellado durante la II Guerra Mundial en un afluente del Vístula, cerca de la aldea de Kamion.

En el aparato descansan los restos de su tripulación y, por ahora, los especialistas han encontrado un paracaídas, un collar de piel de oveja, partes de botas y uniformes, la pistola de un piloto, equipos de radio y la munición pesada del avión.

Los historiadores creen que la aeronave se estrelló en enero de 1945, cuando el ejército nazi se retiraba hacia el oeste.

Mientras, desde la embajada rusa en Polonia se pide que se identifiquen los restos de los militares que fallecieron en el accidente y se les dé sepultura.

Otro recordatorio de la II Guerra Mundial surgía literalmente de las aguas del Vístula también días atrás, cuando un grupo de excursionistas descubría en las cercanías de Varsovia varias lápidas con caracteres hebreos.

Se cree que su origen podría ser un cementerio cercano en el que antes de la guerra llegó a haber hasta 300.000 lápidas de judíos y de las hoy sólo quedan un puñado.

El cementerio fue saqueado durante la guerra y la mayoría de sus lápidas se usaron como material de construcción.

Pero la sequía también ha permitido que afloren restos de otros periodos, como el barco fluvial ruso encontrado en el Vístula, que seguramente naufragó al ser bombardeado durante la I Guerra Mundial.

Aunque no es una sorpresa que tales objetos se ocultan en los lechos de muchos ríos polacos, la tarea de localizar y recuperar estos restos supone un reto en condiciones normales, sobre todo cuando los caudales son más elevados.

Pero las altas temperaturas registradas en Polonia durante gran parte de este verano y la escasez de precipitaciones han provocado una sequía que no sólo ha permitido descubrir tesoros históricos ocultos bajo las aguas de los ríos, sino que también ha tenido otros efectos bastante más negativos.

Barcos turísticos han tenido que suspender su actividad en algunos tramos del Vístula ante la imposibilidad de navegar por la falta de caudal, mientras que la sequía ha generado pérdidas en más de un millón de hectáreas de cultivos, con miles de agricultores y ganaderos afectados.

La sequía también ha perjudicado a las centrales de producción eléctrica que usan agua de los ríos para enfriar sus generadores, y que, ante la falta de caudal, se vieron obligadas a suspender la producción durante algunas horas en los días de más calor de este agosto, lo que a su vez limitó el trabajo de las industrias cercanas.

Nacho Temiño – EFE

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