La humilde Chacarita sufre el asedio del río

El río es la cara, pero también la cruz de este barrio, que a lo largo de su historia ha vivido enfrentado a las migraciones forzosas que provoca el desborde de las aguas, tal y como recordó Nidia Narcisa Noguera, de 79 años, que vive en la Chacarita desde hace más de 60.

Sentada en la puerta de una casa hecha con chapas de madera e instalada en la plaza junto al Congreso, Noguera cuenta que esta vivienda, a la que se mudó junto a su familia hace dos meses, ha sido la enésima que ha tenido que construir a salvo de las aguas desde que vive en el barrio.

“Hubo una crecida en 1983, después otra muy grande en 1997, y luego una el año pasado, cuando tuvimos que refugiarnos acá durante siete meses”, enumera.

De hecho, en junio de 2014 el río rebasó los 7 metros de altura en Asunción y su desborde afectó a unas 200.000 personas en todo el país, mientras que este año desplazó de sus hogares a unas 42.000 personas solo en la capital.

Ya antes de las inundaciones, Noguera vivió su primer éxodo a los 17 años, cuando, como hicieron otras familias del interior rural del país en los años sucesivos a la instauración de la dictadura de Alfredo Stroessner, emigró desde su localidad natal en el campo hasta Asunción en busca de mejores oportunidades.

“Entonces se podía trabajar como empleada doméstica en las casas del centro de Asunción. Empezamos a vivir en la Chacarita, que al principio era un barrizal, pero después hicimos calles y quedó un lindo barrio. Nos instalamos acá porque estábamos cerca de las casas donde trabajábamos”, explicó.

Esta misma cercanía con los lugares de trabajo y los servicios del centro de la ciudad es la que, aún hoy, sigue motivando a los chacariteños a quedarse en el barrio, a pesar del asedio de las aguas, según afirmó Milda, la hija de Noguera.

No obstante, los planes del gobierno municipal pasan por desalojar la parte baja de la Chacarita, la más vulnerable ante las inundaciones, y trasladar a sus habitantes a otras localidades de la periferia de Asunción.

La iniciativa se enmarca en el proyecto de continuación de la avenida Costanera, un paseo que bordea la bahía de Asunción y en torno al cual se ha levantado un gran talud de tierra que sirve como dique de contención ante los desbordamientos del río.

La obra, sin embargo, no atajará las inundaciones, según opina Ireneo Galli, poblador nacido y criado en la Chacarita y referente barrial que ejerce como ocasional guía por los recovecos del barrio.

Galli explica que Asunción, como Roma, fue construida sobre siete colinas, por cuyas laderas discurre el agua cuando caen lluvias torrenciales y va a parar a los arroyos que surcan la Chacarita, que sumados al desborde del río anegan las casas.

La zona más próxima a estos edificios, la llamada Chacarita Alta, está incluida dentro del Plan maestro del Centro Histórico de Asunción (Plan CHA), promovido por la Municipalidad, que prevé “revitalizar” este entorno y el área de la cercana estación de trenes, que en su día fue una de las primeras de Sudamérica y hoy se encuentra en desuso.

De este modo, las autoridades buscan además “combatir el estigma” de peligrosidad, marginalidad y delincuencia que evoca el barrio para muchos asuncenos, y que está ligado a la irrupción del consumo abusivo y tráfico de drogas, según relatan los vecinos.

A la espera de que los proyectos toquen tierra, los chacariteños manifiestan casi unánimes su voluntad de permanecer en un barrio del que todos se sienten parte, a pesar de que el agua les desplace con frecuencia de sus casas.

EFE

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