El Kalaripayattu, el origen indio de las artes marciales

Antes de que las artes marciales se diversificaran y expandieran por el mundo, la India vio nacer a la madre de todas estas disciplinas, el kalaripayattu, cuyo origen se remonta 3.000 años atrás en el sur del gigante asiático.

El Kalaripayattu, el origen indio de las artes marciales

Aún hoy se puede disfrutar en el estado de Kerala, en el sur de la India, de demostraciones de esta disciplina, fusión de una filosofía de vida y arte marcial que, según cuenta la leyenda, comenzó de la mano de Sage Parasurama, el señor de todas las formas de artes marciales.

El sonido de los golpes de las espadas contra escudos metálicos y la velocidad y la fuerza con la que los luchadores ejecutan los ataques sobresaltan a un grupo de espectadores que asisten boquiabiertos a una exhibición de kalaripayattu.

“Son los movimientos de ataque y caza de los animales como el león”, explicó a Efe Sucheendran, promotor cultural de Fort Cochín, que trabaja en una escuela de este arte marcial en el estado sureño.

Sucheendran ofrece espectáculos culturales a turistas en el Kerala Kathakali Centre de la localidad y reconoce que, aún hoy en día, el kalaripayattu es una filosofía difícil de entender para los que se inician y solo piensan en luchar.

“Los principiantes quieren venir a pelear y ser los más fuertes, pero luego entienden que hay algo más, que hay que ser pacientes, tranquilos, entender cómo funciona esto”, explicó a Efe el promotor en una de las salas donde realizan el espectáculo para el público.

De los más de 25 estudiantes o “shisyas” que practican kalaripayattu en el centro, solo cuatro están preparados para realizar demostraciones.

“Nunca terminas de aprender, siempre se puede mejorar”, dijo a Efe Thanseer, estudiante de 25 años del maestro Gafoor Usthad, un anciano gurú con cinco décadas de experiencia a sus espaldas en esta disciplina.

Arjun y Arun, de 25 y 27 años respectivamente, son estudiantes de kalaripayattu en Greenix, otro centro de artes culturales de Fort Cochín, donde también realizan espectáculos para los turistas que acuden a la localidad.

Tras más de una década de entrenamiento, ya están capacitados para llevar a cabo ejercicios de todo tipo y saben cuál es el camino que deben recorrer para convertirse en buenos luchadores.

“Existen cuatro niveles diferentes en los que se utilizan armas distintas para luchar, hay que ir aprendiendo uno para pasar al siguiente y eso lleva años”, explicó a Efe Arjun.

En el primer nivel, el “meytaari”, solo se realizan ejercicios de forma individual, para ganar flexibilidad y generar musculatura y elasticidad en las articulaciones.

El segundo y el tercero, “kolltaari” y “anghataari”, se realizan por parejas y en ellos se utilizan barras de madera cortas y largas y espadas y escudos.

En el último nivel, el “verumkay”, la lucha se convierte en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, sin armas, entre los dos contendientes.

Cuando hablan sobre los ejercicios que realizan para los espectadores, hacen hincapié en la preparación necesaria para no sufrir ningún percance.

“Es muy importante entrenar muchos años para tener una total coordinación en los movimientos con tu compañero porque un pequeño fallo puede suponer una lesión importante”, explicó Arun sobre el “kalari” o área donde se lucha.

Son muchos los turistas que acuden a la ciudad de Cochín con la intención de ver las danzas y las artes marciales, a 500 rupias (siete dólares y medio), en estos pequeños teatros, con escenarios escuetos y poco iluminados, al ritmo de la música.

Para Arjun y Arun, sin embargo, estos espectáculos no son más que “un trabajo a tiempo parcial en el que se consiguen 10.000 rupias (unos 140 euros) al mes” pero, como dicen entre risas, “no es un entrenamiento serio, apenas se suda”.

Lejos de los focos de la pelea y bajo la luz tenue del coso de entrenamiento, ambos estudiantes explican que el kalaripayattu más que lucha “es un filosofía de vida”.

El concepto de disciplina y superación constante que enseña este arte marcial va más allá de empuñar espadas, es una responsabilidad consigo mismo y con los demás.

“Esto sirve para conocerte a ti mismo y ser mejor persona, mejor ciudadano, y poder encarar los problemas de la vida de frente, con serenidad y confianza”, confesó Arjun.

EFE

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