Chile y Uruguay quieren nuestra energía ¿y nosotros qué hacemos?

Ingeniera Industrial, ex Viceministra de Minas y Energía (2010-2012), docente universitaria, asesora y consultora en temas de energía e industria

Paraguay construyó su primera represa hidroeléctrica gracias la integración energética. Acaray, la represa 100% paraguaya que se encuentra en Hernandarias, no hubiera sido posible si Paraguay no hubiera firmado contratos de venta a Brasil y Argentina, gracias a su estratégica posición en la triple frontera.

 

Esto permitió la factibilidad económica del proyecto, y la aprobación del préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo, varios años antes de que se construyan Itaipú y Yacyretá.

 

En los años ’90, Paraguay dejó de vender a Brasil por problemas con la conversora de frecuencia y desidia de las autoridades, pero hasta la fecha sigue vendiendo a Argentina, a muy buenos precios, la energía paraguaya de Acaray.

 

Es esta misma energía que hace muchos años ha despertado el interés de Uruguay y Chile. Ya en la época de Nicanor D. Frutos, cuando el precio de la energía de Acaray estaba por el piso, Uruguay se mostró interesada, pero las trabas Argentinas no permitieron el paso de la energía y la gestión se estancó.

 

Nuevamente, durante el gobierno de Fernando Lugo, tanto Chile como Uruguay mostraron interés. El interés fue público y la ciudadanía acompañó el proceso de negociación.

 

A pesar de haber firmado Argentina el Tratado de Asunción que crea el MERCOSUR y que garantiza el libre tránsito de mercancías y personas, y que además, la energía por resoluciones internas del MERCOSUR es considerada una mercancía con arancel cero, Argentina, mediante el intento de cobro de un peaje abusivo, puso trabas a la operación. Pero no sólo eso, objetó limitaciones técnicas -que fueron totalmente refutadas por nuestros técnicos- y quiso que demostremos que la energía que íbamos a vender de Acaray no era de Yacyretá -lo cual también fue refutado técnica y diplomáticamente.

 

Paraguay alegó entonces, en primer lugar la reciprocidad. Lo que nos llevó a actualizar los precios que Paraguay cobraba a Argentina por la energía de Acaray y también los peajes -ínfimos- que nosotros le cobrábamos.

 

Fue así que a pesar de no haber logrado que la energía se comercialice ni en Chile ni en Uruguay, Paraguay estableció excelentes precios de venta de nuestra energía de Acaray a Argentina. Los precios fijados entonces hoy continúan. Son 165 US$/MWh en punta, cuando el precio que recibió Lugo de Nicanor era menor en promedio a 30 US$/MWh. Otra referencia son los precios que recibe Paraguay de Argentina y Brasil por su energía firme de Yacyretá e Itaipú, alrededor de 52 US$/MWh de los cuales más de 40 US$/ MWh es el costo de la energía.

 

El precio de la energía paraguaya de Acaray nos da una idea de lo que vale nuestra energía de las binacionales, y los beneficios que podríamos recibir si vendiésemos a precios de mercado.

 

Aún este precio es bajo, comparado a los valores que en momentos de escasez han llegado a pagar nuestros socios del MERCOSUR, superando incluso la barrera de los 500 US$/MWh, si bien por poco tiempo.

 

Por todo lo señalado, resulta preocupante que luego de 8 años la repotenciación de Acaray todavía esté suspendida. La repotenciación permitirá a Acaray aumentar la potencia de sus unidades generadoras, con un enorme beneficio para el Paraguay, aún a los precios actuales de la energía. ¿Quién pagará el lucro cesante de estos atrasos?

 

También resulta preocupante la falta de vocación del gobierno para reclamar nuestra soberanía energética. Porque no hay peor batalla que la que no se da, y parece ser que de parte del gobierno no hay la más mínima voluntad de insistir a Argentina en el paso de la energía en condiciones justas, como no se ha reclamado la deuda cero a los 40 años del Tratado de Yacyretá -cumplidos el año pasado- ni la cogestión plena, ni la auditoría de la deuda.

 

Parece que nos tendremos que conformar con la atención médica, y el cobijo que Argentina brinda a nuestros compatriotas, olvidando las deudas históricas que sólo los estadistas saben reparar.

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