Enfrentamientos en Mali hacen tambalear el acuerdo de paz

Los enfrentamientos en la región de Kidal, en el norte de Mali, entre grupos tuaregs, unos separatistas y otros afines al Gobierno, ponen de manifiesto la debilidad del acuerdo nacional de paz firmado en junio y que parecía poner fin a un conflicto de décadas.

Al menos doce personas han muerto hoy en combates entre milicias de ambos bandos en la localidad de Anfis, situada en esta región de Kidal, una de las zonas menos desarrolladas y vulnerables de Mali.

La actividad de la población de Kidal ha disminuido y los independentistas han levantado una vez más puestos de control en las entradas de la ciudad con hombres armados vigilando desde sus todoterrenos, todos ellos con la bandera de Azawad (nombre con el que se denomina a la franja que comprende las ciudades de Gao, Bamako y Kidal).

Estos enfrentamientos suceden a los del sábado pasado cuando la Coordinación de Movimientos de Azawad (CMA), integrada por los principales grupos tuaregs, y la Plataforma, formada por las milicias pro Bamako, tenían previsto mantener una reunión en la localidad de Touzik, al sur de Kidal.

La idea, según fuentes gubernamentales, era decidir el reparto de poder en la zona: la CMA se encargaría de la seguridad en todo el norte hasta la población de Takelot, mientras que la Plataforma lo haría de Takelot hacia el sudeste.

Se esperaba también debatir la manera de garantizar la seguridad de la población y de sus bienes personales y, una vez trazada la hoja de ruta, se celebraría una segunda reunión entre representantes de los principales grupos, el 18 de agosto en Níger.

La reunión no llegó a producirse. Según explicaron a Efe fuentes de GATIA, milicia que forma parte de la Plataforma, varios hombres de la CMA comenzaron a disparar a sus miembros, sin causar ninguna víctima mortal.

La CMA da una versión diferente de los hechos y acusa a la Plataforma de violar el acuerdo de paz al ir instalándose progresivamente desde hace varios días cerca de Amssine, un localidad situada a 80 kilómetros de Kidal.

El Gobierno de Mali ha preferido no posicionarse y tan solo mostró, a través de un comunicado, su “gran preocupación” por estos enfrentamientos, al tiempo que condenó “estos actos que constituyen una violación del alto el fuego y ponen en peligro el acuerdo de paz”.

Además, hizo un llamamiento a todas las partes para formar una “verdadera coalición” que luche contra cualquier forma de terrorismo, en alusión a la actividad yihadista.

Pero hoy, ante la reanudación de los enfrentamientos, el presidente de Mali, Modibo Keita, ha querido tomar lo antes posible las riendas de la situación y ha convocado una reunión de urgencia con representantes de la Misión de las Naciones Unidas en Mali (Minusma), la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO) y la Unión Africana (UA).

Ketia pretende así poner fin a los enfrentamientos y volver a llevar a ambas partes a la mesa de negociaciones.

El pasado mes de junio, tras meses de frustradas negociaciones, el Gobierno y los tuaregs separatistas firmaron un acuerdo que tiene como cometido alcanzar la paz en el norte de Mali y luchar contra el yihadismo y el narcotráfico.

Sin embargo, la región de Kidal sigue siendo un territorio donde ni el Gobierno ni el Ejército están presentes y está de facto en poder del Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA), principal componente de la CMA.

Además, los yihadistas campan en Kidal a sus anchas y se dedican al negocio del narcotráfico y el contrabando, que pasan principalmente por la frontera de Argelia.

En Kidal, hace ya cuatro años que las escuelas permanecen cerradas y la ayuda humanitaria llega con dificultad, por lo que una buena parte de la población encuentra en los grupos yihadistas el apoyo necesario para seguir adelante, según subrayan con preocupación fuentes locales.

Expertos malienses consideran que el acuerdo de paz siempre ha sido y será papel mojado, debido sobre todo al papel de Iyad Ag Ghali, uno de los principales líderes tuaregs convertido después en yihadista y cabeza del grupo Ansar Dine, que tiene establecido en Kidal su cuartel general.

EFE

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