Drogas, armas, hackers o servicios de sicarios: la “deep web”

El 96% de los contenidos en Internet se encuentran ocultos a los navegadores convencionales. Gracias a diversas herramientas podemos descubrirlo, pero lo que nació con la intención de garantizar el anonimato de los usuarios se ha convertido en un auténtico mercado negro, muy difícil de controlar.

Drogas, armas, hackers o servicios de sicarios: la “deep web”

¿Se imagina poder comprar con un solo clic todos los productos y contenidos ilegalizados por la mayoría de los gobiernos de la faz de la tierra? Drogas, armas, falsificaciones, cualquier tipo de pornografía –incluida la infantil-, tabaco de contrabando, esteroides, servicios financieros ilegales y la contratación de un hacker o un sicario, entre una infinidad de posibilidades. Con la deep web es posible, y es que con los navegadores convencionales solo se permite acceder a un 4% de la información que alberga Internet. El 96% restante es un universo paralelo que se esconde bajo el anonimato de sus usuarios, algo que los activistas de la Red consideran un derecho fundamental.

Durante la década de los 90, y gracias a la aportación de exvicepresidente de los Estados Unidos Al Gore, se popularizó la metáfora de la “Autopista de la Información” para referirse a la red de los sistemas de comunicaciones digitales asociadas y orientadas al transporte global de la información y conocimiento, es decir, a Internet. Hoy en día, el término ha evolucionado y virado hacia una relación de correspondencia que se identifica más con la figura de un iceberg. Esta comparación ayuda a comprender que la parte más grande de Internet es la que no se ve. Por ejemplo, ya en el año 2000 se estimaba que el tamaño de la deep web era de 7.500 TeraBytes (TB) -de unos 550.000 millones de documentos-, mientras que los contenidos accesibles correspondían a 167 TB. La Universidad de California calcula que actualmente el Internet profundo debe tener unos 91.000 TB.

Existen una gran cantidad de páginas web que no son localizadas por los motores de búsqueda convencionales, tales como Google, Bing o Yahoo. Portales que no se pueden encontrar mediante chequeos normales, principalmente porque sus dueños los han excluido a través de un protocolo de omisión -el dominio .onion-. Estas páginas secretas están concebidas para grupos reducidos de usuarios o porque son éticamente dudosas, o directamente ilegales. Una parte de este submundo son las webs de los gobiernos, la CIA, el FBI, la Interpol o entidades bancarias, que generalmente solo se puede acceder por IP. También hay quien las relaciona con la asociación secreta de los Iluminati.

Un AK-47 por menos de 1.200 euros

Pero el verdadero negocio de la deep web son los productos y servicios ilegales que se pueden adquirir en ella. Si el ecomerce -comercio electrónico- ha representado en 2014 el 5,9% de toda la facturación del comercio mundial, unos 1.316 billones de dólares, con las cifras de este mercado lóbrego se alcanzarían unas cantidades mucho más significantes. Así, casi la totalidad de los productos en venta están calificados como ilegales en la mayoría de las jurisdicciones. Heroína, LSD, marihuana, cocaína y ketamina son los artículos más populares en los ilustres portales de este submundo. Los primeros puestos están ocupados por drogas, pero también hay acceso al mercado negro de armas, falsificaciones -o wavez en la jerga digital-, conseguir tarjetas de crédito robadas u obtener los servicios de sicarios y hackers.

Navegar por las profundidades de la web no es muy complicado. Solo se necesita poseer unos conocimientos básicos de inglés, asesorarse en varios foros que traten la temática y tener interés por investigar, ya que las páginas más características no salen a flote a la primera de cambio. Además, su seguridad es total debido a que este modelo de navegación permite ocultar la dirección IP, así como otros datos calve para proteger la identidad del usuario.

En el ámbito de las drogas coexisten una gran variedad de posibilidades. El narcotráfico de estupefacientes es muy común en la deep web y se puede comprar con total normalidad medio gramo de heroína procedente de Holanda por 27 dólares (24,28 euros). Asimismo, la marihuana no se queda atrás y por diez dólares comerciaremos un gramo de Critical Mass cultivada en Bélgica, es decir, que por nueve euros nos enviarán a nuestra propia casa un gramo de una de las sustancias psicotrópicas más potentes del mercado. Un alemán ofrece la oportunidad de adquirir cartones de LSD -comúnmente conocidos como tripis- desde ocho dólares o por 80 euros se consiguen cinco gramos de MDMA elaborados en los laboratorios clandestinos estadounidenses, al más puro estilo de Breaking Bad.

Pero más peligroso es aún conocer que se puede recibir, en el periodo de cuatro días, un AK-47 AKMS por 1.138,99 euros o un fusil de asalto del Ejército de los Estados Unidos (Remington Defense XM110). El catálogo de armas es interminable: pistolas bañadas en oro, metralletas, rifles de francotirador, revólveres, granadas… Que lleva a comprender, además de la facilidad para conseguir licencias, por qué en Estados Unidos ocurren con bastante frecuencia matanzas indiscriminadas con armas de fuego.

El lote de artículos lo completan los kackers de sistemas informáticos (ofrecer servicios desde los 200 euros), la venta de fármacos que necesitan receta médica, tiendas de aparatos electrónicos robados, cuentas de vitales de plataformas de pago como hulu.com y Spotify, tabaco libre de impuestos y redes sociales alternativas donde proliferan pedófilos, aficionados al gore, vídeos de asesinatos y violaciones, y demás contenidos que sobrepasan el límite de lo meramente informativo para establecerse en un nivel repugnante.

¿Qué es TOR?

Tor es la principal herramienta para introducirse en las profundidades de la web. Es el navegador utilizado para poder descubrir el dominio .onion y su origen se remonta al año 2002. Asimismo, en su servicio ofrece un absoluto anonimato, ya que la privacidad de Internet convencional es más que cuestionable como ya reveló en su día el extrabajador de la NSA, Edward Joseph Snowden. En la Red común es muy sencillo “tracear” -rastreo de direcciones- y recopilar nuestros datos, incluso recurrir a la vía judicial si se ha cometido alguna acción especialmente ofensiva.

Por esta razón funciona a través de un complejo entramado de “relevos” o “puentes” formado por usuarios de todo el mundo. Por ello, cuando una persona recibe información que ha tenido como ruta Tor, no aparece su emisor original, sino que se registra la dirección de la última persona que le hizo el relevo. Esta es la manera de encriptar la ubicación y garantizar el anonimato de los usufructuarios.

Hoy en día existen más de 555 millones de dominios registrados en internet, de los cuales cada uno puede tener docenas o cientos de subpáginas que no están catalogadas y caen en la categoría deep web. Tanto el Internet superficial como el profundo crecen cada día exponencialmente. En términos prácticos, la deep web -que corresponde al 96% total de la información en circulación- se ha convertido en una especie de mercado negro al que cualquiera puede acceder desde el salón de su casa.

L. DE LA OSADA / http://vozpopuli.com

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