Asunción festejó el día de la patrona de Paraguay, la Virgen de la Asunción, que da nombre a la capital, con una doble procesión: un paseo náutico, que discurrió por el río Paraguay, y otro desfile callejero que recorrió el corazón de la ciudad hasta llegar a la Catedral Metropolitana.

La primera procesión partió de la Prefectura Naval de la Armada paraguaya, en el barrio Sajonia de Asunción, donde la imagen de la virgen fue recibida entre salves y vítores mientras subía a un barco militar para iniciar la travesía.

El arzobispo de Asunción, Edmundo Valenzuela, acompañó a la imagen de la patrona del país, que además de la tradicional corona y el manto azul, porta en la mano derecha un cetro que la identifica como Mariscala del Ejército paraguayo.

Con la imagen de la virgen a bordo y rodeada por militares, el barco recorrió la curva del río Paraguay que bordea Asunción, pasando junto a los empobrecidos barrios ribereños de la capital, conocidos como Bañados y que cada año sufren las inundaciones que provoca el desbordamiento del río.

Valenzuela, que dirigió las oraciones y cánticos de los fieles reunidos en la cubierta de la embarcación, pidió rezar por los “hermanos bañadenses”, a fin de que “pronto tengan una solución definitiva” para los problemas que acarrean las inundaciones.

Al paso de la embarcación, algunos de los pobladores de los Bañados se asomaron a las ventanas de sus precarias viviendas y agitaron pañuelos para saludar al icono de la virgen.

El mismo gesto fue repetido por los devotos que aguardaban la llegada de la patrona en el puerto de Asunción, algunos de los cuales recibieron a la imagen con danzas tradicionales de Paraguay.

El icono religioso desembarcó en la ciudad, que cumple 478 años desde su fundación por el conquistador español Juan de Salazar, y recorrió su centro histórico en una procesión con un ambiente festivo, casi más de charanga que de liturgia.

En el desfile por tierra también estuvo presente el eco de la visita del papa Francisco, que estuvo en Paraguay hace poco más de un mes, y al que se recordó con pancartas con su rostro y algunas de sus frases.

Este viaje papal sirvió para reavivar el fervor religioso en el país, explicó a Efe el sacerdote Marcelino Brítez, de la parroquia de Santa Elena en Asunción y que suele acompañar la procesión fluvial.

Brítez reconoció que la devoción mariana en Paraguay está dividida entre la Virgen de la Asunción, patrona nacional, y la de Caacupé, que cada 8 de diciembre concentra a cientos de personas en su santuario, a 50 kilómetros de la capital.

“Caacupé es la capital espiritual de Paraguay. Pero desde hace algunos años, con la doble procesión náutica y terrestre, estamos llamando cada vez a más gente a rendir culto también a la Virgen de la Asunción”, dijo el párroco.

El icono de la virgen llegó así hasta la explanada de la Catedral Metropolitana, donde hace semanas se instalaron en casas hechas con chapas de madera algunos de los refugiados de las inundaciones en barrios cercanos.

Frente a la Catedral aguardaban los sacerdotes de diferentes parroquias de la capital para oficiar una misa que sirvió como cierre a la procesión.

En esta homilía, el arzobispo Valenzuela rogó por que cese “la violencia y el maltrato” contra las mujeres de Paraguay, a las que el papa Francisco nombró como “las más gloriosas de América”.

Paraguay es el país con mayor proporción de católicos de América Latina, contando con un 90 % de sus habitantes que profesa esta fe religiosa. EFE

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