Internet y la democratización de la Ignorancia (II)

 

 

En 1988 el periodista Bill Moyers entrevistó a Isaac Asimov en su programa televisivo “El Mundo de las Ideas”. Allí hablaron sobre el impacto que Internet tendía en la educación y en la vida de las personas en el futuro. Si bien las ideas no eran totalmente originales, Asimov, escritor de ciencia ficción y científico reconocido, describió lo que los visionarios pensaban que significaría esta herramienta en el desarrollo humano, en aquella época.

Habló básicamente de la posibilidad de estar conectado a la biblioteca más grande del mundo, accesible desde cualquier lugar y a cualquier horario, donde habría información sobre todas las ramas del conocimiento humano, y cada uno podría informarse acerca de lo que quisiera al ritmo que lo deseara. Donde ya no habría trabas para saber aquellas cosas que deseáramos saber y donde se democratizara el acceso al conocimiento, además de permitir comunicar a las personas instantáneamente de forma gratuita e inmediata independientemente de las distancias o geografía.

Y todo esto se hizo real con el paso del tiempo: Tenemos la base más grande de conocimiento de la historia disponible para todos, con traductores automáticos, tenemos redes sociales y WhatsApp, tenemos bibliotecas online, sitios de videos con todo el conocimiento filmado humano, tenemos universidades online que brindan cursos gratuitos, y voluntarios que construyen Wikipedia día a día.

Las grandes cosas de Internet

Más allá de tener un origen militar, Internet fue diseñada en ambientes académicos, y pesada con una doble función, de servir a las necesidades militares de transmisión de datos, así como compartir conocimiento entre diversas universidades. El conocimiento puede estar en texto, fotografías, sonido, videos o cualquier medio existente. Se pueden hacer búsquedas, organizarlo, y contar con expertos de todo el mundo disponibles para ser consultados en casos de necesidad.

La red de redes pasó así a ser la mejor forma de compartir conocimiento y ofrecer comunicación instantánea a bajo costo, y completamente segura.

Es un lugar donde toda persona puede hacer escuchar su voz, donde es muy difícil que pueda ser censurada, y donde se provee una interactividad previamente impensada. Además permitió expresarse anónimamente en casos que fuera necesario.

Ha permitido conectar a las personas según intereses y necesidades, creando plataformas de crowdsourcing y crowdfunding, foros de debate, redes sociales, mensajería instantánea, etc.

Además actualmente el acceso es móvil desde cualquier lugar y en cualquier momento, y desde cualquier dispositivo. Hasta las cosas actualmente están conectadas inteligentemente entre sí a través de Internet.

Los medios de comunicación y difusión tradicionales se han visto obligados a transformarse o desaparecer, ante el advenimiento de estos nuevos sistemas.

Todo esto, junto con el abaratamiento del acceso y de los dispositivos, ha traído grandes y profundos cambios a nuestra sociedad, teniéndose usos potenciales ilimitados, donde nuestra imaginación es apenas el límite de todo lo posible.

Mi Tesis

Gracias a todo lo mencionado prviamente, tenemos básicamente un mundo mejor. ¿Será?

Mi tesis es que no. Que lamentablemente la existencia de la herramienta no implica que el mundo pueda ser mejor, porque la gente debe usarla con el fin correcto, de otro modo el efecto es totalmente contrario. En mi opinión, Internet, en vez de democratizar el conocimiento, ha democratizado la ignorancia, y nos está haciendo retroceder en vez de avanzar. Estoy hablando de la sociedad en general, no de todos los individuos, ya que obviamente existe gente preparada, curiosa, interesante, con cuestionamientos sociales o filosóficos, que usan la herramienta para lo que fue creada. Y ese grupo de gente, entre la cual deseo incluirme, está agradecido por esta maravilla casi mágica que se nos ha dado, que ha implicado un cambio impensado para el mundo.

Y es cierto, el contenido está allí. Sólo que a nadie interesa. Como todo invento, se ha distorsionado para servir a intereses comerciales y lúdicos. Las personas tienen una herramienta impensable hasta hace poco, y en vez de sacarle el jugo, la usan para ver pornografía, videos de gatos, y memes, comunicarse con horrible ortografía y compartir información intrascendente. Podrían estar leyendo obras cumbres de la literatura, o informándose sobre temas científicos o sociales, pero prefieren no hacerlo, prefieren mantenerse en su estado de eterna ignorancia y mediocridad, utilizando la herramienta como un medio de entretenimiento y nada más.

Obviamente que ninguna herramienta es inherentemente positiva o negativa, sino que su importancia o utilidad depende del uso que le demos los seres humanos. La tecnología, como mencioné previamente, ha traído grandes cosas que, bien utilizadas, cambian la vida de las personas, de la sociedad y del mundo, pero mal utilizada, puede ser peor que no ser usada. Es cierto también que la ignorancia es independiente y predecesora a la tecnología, pero como elemento amplificador, ésta potencia tanto las cosas positivas como las negativas, y expone las cosas negativas a todo el mundo también.

Empecemos por lo básico. La degradación del lenguaje escrito

Las redes sociales, mensajes de textos, foros, grupos, etc., han traído consigo la debacle del lenguaje escrito, llevándolo a su mínima expresión. En general se percibe que no hace falta escribir bien, “porque lo que importa es el mensaje y no el medio de expresión”. Lamentablemente, si el mensaje no viene acompañado de un lenguaje adecuado, además de mostrarse el emisor como un maleducado e ignorante, hace que se transforme el mensaje, o se haga incomprensible, o no pueda ser tomado en serio.

El chat, los SMS o mensajes de apps en el celular han traído consigo la compresión de palabras al punto que se crea un nuevo lenguaje de palabras entrecortadas, emoticones y memes, donde ya no se comunica un pensamiento sino conceptos preexistentes y masticados, de los cuales nuestra mente por lo tanto no puede deshacerse o evolucionar.

Esto hace que la capacidad cognitiva se reduzca y la capacidad de expresarse, así como comprender el mundo que los rodea, disminuya. Las nuevas generaciones tienen una nula capacidad crítica y de análisis.

“El límite de tu mundo es el límite de tu lenguaje”, dijo el filósofo Ludwig Wittgenstein hace casi un siglo. Y si no podemos expresarnos correctamente, mucho menos podremos enfrentar al mundo que nos rodea.

Los medios de comunicación tradicionales y las personas públicas

Los medios amarillistas siempre han existido, mostrando portadas con las informaciones menos importantes de la realidad nacional, desviando la atención de las verdaderas cosas importantes que están ocurriendo. Pero a éstos se le han agregado el “estilo” cachafaz en la redacción, donde el lenguaje se reduce y minimiza a lo que ellos creen que es el estándar del pueblo, el cual se siente a gusto leyendo noticias en un nivel primitivo, y perdiendo cualquier oportunidad de desarrollar mejores herramientas del lenguaje (necesarias para elaborar pensamientos complejos).

Dentro de este círculo de ignorancia, posteriormente los medios contratan trabajadores que no son profesionales, y que no sólo escribe de forma cachafaz a propósito sino porque no conocen otra forma de hacerlo, perpetrando todo tipo de ataques terroristas contra el lenguaje. Cualquier periódico actual se halla plagado de errores hasta en los titulares, y ni qué decir los zócalos de los noticieros y programas televisivos.

Estamos en un momento en que es válido decir u mostrar lo que sea por cualquier medio. Abundan programas de TV donde la gente puede enviar SMSs que circulan en la pantalla sin ningún tipo de control o censura, donde los errores ortográficos son enormes, pero los errores conceptuales y barbaridades allí dichas son mucho más preocupantes.

Sumamos a esto el uso que las personas públicas dan a las redes sociales, donde sin mucha vergüenza destapan intimidades, horrores ortográficos, o pensamientos de un nivel tan pobre y bajo que dan lástima.

Ni qué decir del fenómeno de los famosos virtuales, youtubers, y las personas que saltan al estrellato por algún video donde fueron entrevistados borrachos, drogados, o cosas por el estilo, y que aparecen en todos los medios como si tuvieran algo importante que decir a la ciudadanía. En general se convierten en medios de entretenimiento vacuos, sosos, irrelevantes, pero que mantienen entretenidas a las nuevas generaciones, en vez de que éstas se dediquen a pensar en las formas que podrían cambiar el mundo.

Estamos ante una total carencia de referentes, de valores, de gente culta, capacitada o profesional que sirva de ejemplo para las nuevas generaciones, ya que éstos prefieren tener como referentes a otros jóvenes “exitosos” como ellos, pero que en realidad nunca van a poder emular, y que tampoco tienen ningún valor per se, salvo el hecho de haberse vuelto estrellas de Internet por alguna jugada del destino.

Y en estos ámbitos nadie habla de valores, o de cómo ser mejores personas, o de algo útil. Hay además un total desinterés por aprender. A nadie le interesa la ciencia, el arte, o la cultura. Sólo pasar el tiempo de forma entretenida… Lamentablemente esto no nos convierte en individuos útiles para la sociedad ni en futuros profesionales o gente realmente capacitada para salir adelante.

Narcisismo extremo

Las selfies, la actualización de estado, las redes sociales, han llevado a la gente a creer que lo que hacen o dicen tiene alguna importancia para el mundo que les rodea. Y la verdad es que en general no es así, poca gente tiene cosas importantes e interesantes que decir o mostrar, salvo a parientes o amigos cercanos. El resto de los curiosos sólo están interesados en stalkear a gente bien parecida, o en buscar cosas de las que burlarse.

Mostrar es más importante que nada: tengo que reportar todo en el momento lo que hago, y es más importante mostrar que disfrutar, sacar fotos que ver un concierto, filmar, que disfrutar de lo que estoy haciendo. A nadie tal vez le interese lo que estoy subiendo, pero no existo si no lo hago. Sólo importa mostrar si lo hice. Es más, tal vez ni disfruté de esto porque estuve más preocupado por registrarlo en una cámara que en vivir el momento, pero no es relevante. Es más, hay gente que siente que si no puede retratar el momento de alguna manera, es lo mismo que si no lo hubiera vivido.

Lo único importante es dejar el registro del “aquí, ahora, haciendo tal cosa, estando en tal lugar o con tal persona”, comunicándose a la velocidad del rayo sin importar la forma, y castigando al que no lo hace de esa manera. Los seres humanos estamos cada vez más conectados, pero al mismo tiempo menos comunicados, porque la calidad de dicha comunicación es la más baja e irrelevante posible. Todos queremos hablar pero  nadie quiere escuchar. Y por lo tanto la base de la interrelación humana está rota, ya que el mensaje no llega, o llega demasiado débil o distorsionado para ser útil. O, si llega, a nadie importa.

Viralidad

Estamos ya acostumbrado a que todo lo exitoso sea viral. Que rápidamente incendie las redes sociales y recorra el mundo alguna cosa que todo el mundo está viendo, oyendo u hablando. Inicialmente fueron cosas que naturalmente cobraron ese empuje por sí misma y las conexiones aceleradas que permiten las redes sociales, pero últimamente lo viral ya forma parte de campañas publicitarias diseñadas especialmente para causar este efecto. En general nada viral es bueno, útil o interesante, y es una causa más de distracción y de discusión inútil. Mucha gente inclusive opina o comparte sin entender demasiado el tema.

Las Distracciones

Los medios actuales son sumamente invasivos, interrumpiéndonos continuamente e impidiendo que podamos concentrarnos en una sola cosa. Como seres humanos estamos cada vez empujándonos más al límite de nuestra capacidad multitarea, pero la verdad es que las cosas importantes es imposible hacerlas mientras estamos distraídos con otra cosa. Esto pasa sobre todo en el ámbito laboral, donde la productividad se reduce notablemente debido a estas distracciones: chat en la PC, mensajes de texto, llamadas, redes sociales, WhatsApp, etc., etc. La capacidad de concentración también decrece notablemente, y este es un problema para niños y jóvenes cuando deben estudiar. Tenemos el fenómeno de la multipantalla, donde ni siquiera del entretenimiento podemos disfrutar de manera continua, y nos encontramos mirando una película mientras chateamos o navegamos por redes sociales. Esto en lugares públicos como cines, por ejemplo, es desesperante y una total falta de educación. Tampoco podemos conversar tranquilamente con alguien porque le restamos atención dándole preferencia al celular.

La Avalancha de Información

Internet nos trajo, realmente, la posibilidad de estar informados sobre todo lo que nos interesa, pero la verdad es que se genera diariamente tanta información en todas las ramas del conocimiento, que es imposible procesar toda ella, y esto nos hace sentir que nos supera y que no podemos manejarla… Que siempre nos faltará algo o que no podemos administrarla. Este fenómeno de avalancha de información condensada hace que sea imposible profundizar en algo, nadie lee cualquier cosa de más de un párrafo por ser “demasiado largo”, ya que hay demasiadas fuentes con demasiadas cosas por leer ¡Pero ninguna cosa profunda puede explorarse en un sólo párrafo! Por eso es imprescindible alimentar y revivir el deseo de la lectura y de estimular la profundidad mental del pensamiento, una cosa no puede remplazar a la otra, sino que ambas deben convivir, cumpliendo sus respectivas funciones.

El fenómeno de la inmediatez

Otro problema que aparece de forma continua es el de la inmediatez, donde lo que sea que haya tenemos que tenerlo, verlo o disfrutarlo en el minuto o momento exacto que salga a la luz. Si no lo hacemos, tenemos primero la angustia de saber que otros ya han disfrutado esto y nosotros aún no, pero peor aún tememos sentirnos excluidos de cualquier conversación entre amigos o en grupos o redes sociales, al no saber de qué se está hablando.

Qué mejor ejemplo que los seguidores de la serie Game of Thrones.

Sentimiento de inferioridad y depresión

Las redes sociales en general causan una desazón, depresión, sentimiento de inferioridad y angustia en las personas, ya que podemos continuamente ver que todo el mundo tiene una vida más feliz y mejor que la propia. Todas las parejas son maravillosas, todos los hijos son hermosos, todos los viajes son paradisíacos, todo lo que los demás comen son manjares, todos los atardeceres o amaneceres son más hermosos para ellos, y sus trabajos son espectaculares. Todos son exitosos y felices, menos uno mismo. Y entonces uno se pregunta qué está mal su vida y qué puede hacer para remediarlo, y siente que le ha tocado la fea para bailar.

Pero la verdad es que todo el mundo pasa por los mismos problemas que nosotros. Tienen problemas económicos, comen arroz cuando no hay otra cosa, se pelean con sus parejas, padres o hijos, tienen problemas de salud, o todas las cosas que nos ocurren diariamente. Sólo que eso no se muestra. Las redes sociales están pensadas para que mostremos las cosas buenas y ocultemos las malas, para que todos parezcamos interesantes, y para dar esa imagen de falsa a los demás (la existencia del “me gusta” pero no del “no me gusta” es un primer indicio).

Esto es algo que tenemos que interiorizar y no permitir que haga mella en nosotros a pesar de los problemas que podamos tener, ya que todos pasamos y pasaremos por ellos en algún momento, no somos peores ni mejores que nadie al respecto.

El sentimiento de no estar

Otro de los grandes males que han traído consigo los sistemas de mensajería y las redes sociales es el hecho de que al estar todos conectados, viendo lo que hacen los demás, o pudiendo conversar en todo momento y lugar, sobre todo en grupo, siempre parece que en otro lugar hay algo más interesante o importante que está ocurriendo, y que es más relevante que lo que esté haciendo en ese momento o con quién esté.

Así tenemos reuniones sociales donde todo el mundo está mirando fijamente sus pantallas mensajeando con otras personas que no están allí, o viendo lo que están haciendo los demás en otro lado, en vez de disfrutar su “aquí, ahora”. Esto llega al límite de estar mensajeando con la propia gente que se encuentra en ese momento en vez de disfrutar de una buena conversación, o de que cuando se encuentre con esa gente a la que le dio prioridad cuando no estaba con ella, se ponga a chatear o ver lo que están haciendo otras personas nuevamente.

Al final nunca estamos completamente en un lugar ni disfrutamos del todo de lo que estamos viviendo en cada momento.

Vergüenza Ajena

Las redes sociales hacen creer a la gente que cualquier cosa que se ponga en ellas está bien o es correcto. Pero la verdad es que muchas veces nos encontramos con posteos que dan vergüenza ajena a los que los leen. Desde fotos provocativas o vergonzosas, discusiones de pareja, cosas horriblemente escritas, fotos de velatorios o accidentes de tránsito, fotos que podríamos considerar íntimas… Que aparecen sin tapujos o censura a la vista de todos. O que se comparten solamente entre “amigos”, pero que luego circulan en todo tipo de grupos o redes gracias a algún no tan amigo que las distribuye. Pareciera que ya nada puede quedar entre 4 paredes.

Privacidad perdida

Todos los usuarios de tecnología, internet y redes sociales, han visto socavada su privacidad con el paso del tiempo, ya que todos los servicios acumulan información sobre ellos constantemente, y éstos a su vez deliberadamente suben todo tipo de información a redes sociales o las comparten por sistemas de mensajería. Y así prácticamente todo se vuelve público y nada queda en el ámbito privado. Descontando que muchas veces fotos o datos privados son compartidos en confianza con alguna persona, y ésta no respeta dicha privacidad, compartiendo esto con terceros.

Los niños y jóvenes sobre todo no dimensionan esta situación y desconocen los riesgos que conllevan, así como la exposición indeseada que pudieran tener.

Trolls y Bullying

Internet está lleno de Trolls, personas cuyo único objetivo es molestar a los demás. Sin importar que crean o no en lo que dicen, llevarán la contra, ofenderán, y atacarán a quien sea su blanco elegido, anulando cualquier posible diálogo y búsqueda de consenso o solución a los problemas. Esto se agudiza cuando sistemáticamente se ataca a una persona llegando al ciberbullying, el cual hasta ha llevado a casos de suicidio, ya que sobre todo para los jóvenes, el mundo virtual es tanto o más importante que el mundo real.

Bulos

En las redes sociales y diversos métodos, desde los orígenes del correo electrónico y las páginas web, hemos tenido que enfrentar todo tipo de información falsa, incorrecta, o malintencionada. Lamentablemente gran parte de la gente reenvía o comparte cosas claramente falsas porque no tienen la capacidad crítica de evaluar lo que leen, ni se toman el tiempo para investigar si eso que están leyendo tiene algún viso de realidad. Así se difunden todo tipo de cosas y se engaña a la gente de diferentes maneras.

Mensajes no deseados

No me refiero con esto al SPAM o el email no deseado, sino mensajes usualmente enviados a grupos de WhatsApp o posteados directamente en redes sociales, que involucran cosas que uno jamás querría ver por motu proprio. Esto incluye videos de decapitaciones, pornografía extrema, accidentes, muertes, gore, y todo tipo de cosas que uno jamás buscaría en Internet o desearía ver en su sano juicio. También tenemos mensajes religiosos, propagandas, fotos de traseros, y otro tipo de cosas que si bien no son desagradables, tampoco aportan nada y significan una pérdida de tiempo. Y finalmente tenemos las conversaciones en grupales totalmente distractivas, sin contenido relevante, que sólo sirven para mantenerse en la mediocridad con la mente ocupada en trivialidades en vez de dedicar ese tiempo a cosas útiles.

Reglas de etiqueta y convivencia

Mucha gente parece olvidar que las reglas de etiqueta y convivencia del mundo real también aplican al mundo virtual, y con más razón, ya que quedan grabadas y almacenadas a la vista del mundo para siempre. Y no sólo hablamos de saludar y despedirse, sino del tono de las conversaciones, el respeto a los demás, los horarios, las expresiones, la forma de escribir, etc. Internet parece tierra de nadie, pero la verdad es que aplican los mismos conceptos de etiqueta y convivencia que cara a cara, y no hacerlo demuestra una falta de respeto hacia los demás.

Análisis

Todos sabemos que el pensamiento complejo es realizado simbólicamente en la mente del ser humano, en forma de palabras que resuenan en nuestra mente aunque no las pronunciemos a viva voz. Por lo tanto, lamentablemente, si no tenemos suficientes palabras para conformar una idea, o si necesitamos dar rodeos por desconocer la palabra adecuada, o si pensamos “con errores” es imposible salir del espiral de ignorancia que, a todas luces, se está adueñando de nuestro entorno.

Todo el que es escritor, docente, o que trabaja en los medios, se da cuenta de que hay en todos los niveles una impresionante escasez crítica, casi nula capacidad de elaboración de pensamientos e ideas complejas, y mucho menos de expresión por escrito, aunque sea el medio más relevante para plasmar ideas e información.

Los jóvenes en general piensan y escriben de manera telegráfica, de forma llana y simple, sin profundizar, porque están acostumbrados a ello.

Hasta hace un tiempo atrás, toda persona estaba rodeada del buen ejemplo: en los periódicos, en la calle, en carteles, en TV. Se estimulaba un lenguaje correcto, así como la expresión escrita, por cualquier método. Era difícil encontrar malos ejemplos, los cuales se reducían a escasos errores públicos, o a un círculo de ignorancia ya pequeño, usualmente en la propia familia de la víctima.

A la ignorancia no hay que justificarla ni comprenderla, y quien realmente desea salir de ella, lo hace. Obviamente que sin suficiente estímulo, y embebido en un entorno pernicioso, es mucho más difícil. Y si los medios de comunicación impulsan esto, y lo masifican, el resultado es que lo potencian. Porque los jóvenes son ignorantes, pero ven en la televisión a otras personas de su misma condición, o carteles en las calles similares a su forma de escribir, o comentarios en redes sociales y periódicos en línea, y carecen de todo buen ejemplo. De hecho, su entorno es yermo en ese aspecto. No sienten que haga falta mejorar, puesto que lo que ven a su alrededor es similar a ellos mismos. Sus amigos son igual de ignorantes, y por lo tanto no tienen la capacidad de conversar sobre temas trascendentes, o detectar los errores y corregirse mutuamente, ni siquiera en las redes sociales. Y los docentes en muchos casos también comparten el nivel de analfabetismo de sus alumnos, o, si descubren sus disparates, prefieren ignorarlos y ahorrarse trabajo porque los consideran casos perdidos. Así los chicos crecen pensando que expresarse de dicha manera es lo natural, pero de todos modos la realidad los golpeará en el rostro cuando deban acceder a un trabajo honesto y se descubra que no saben siquiera escribir, y mucho menos leer, simplemente porque no comprenden lo que leen. Analfabetos funcionales les llaman tradicionalmente a estos, que sólo podrán obtener un empleo a través del prebendarismo y no por su propia capacidad, fomentando el asistencialismo e impidiendo el crecimiento del país y de su gente.

Los pensamientos de estas víctimas sociales quedan de ese modo reducidos a su mínima expresión, donde la gran parte de los conceptos no tienen cabida porque no pueden comprenderlos, donde el vocabulario sólo puede representar un subconjunto pequeñísimo de la realidad. Desaparece el pensamiento elevado, el arte y la lírica, o peor aún, la lógica, puesto que tienen la capacidad de procesar la información que llega a su cerebro, ni mucho menos tener criterio para comprender lo que ocurre a su alrededor o tomar decisiones acertadas, o para comprender las situaciones de la vida cotidiana y procesarlas, obteniendo algún tipo de aprendizaje. Todo esto descontando la destrucción que el alcohol y las drogas a su vez puedan causar en sus frágiles mentes.

El proceso de aprendizaje y de estimulación intelectual es largo, complejo, y lento. Usualmente se asume que se da desde el nacimiento hasta finalizar la universidad, cuando el joven ya está listo para la vida, ha aprendido conceptos relevantes, ha interiorizado conocimiento de todas las áreas existentes, y ha desarrollado la capacidad crítica de evaluación de la realidad y del entorno, junto a un carácter formidable y una cierta habilidad social. Pero la gente está más bien en una etapa animal y primitiva: sólo preocupada por satisfacer las necesidades básicas y mínimas, de una manera hedonista, y poco más. Esclavos de la realidad circundante, incapaces de pensar en el mañana, desperdiciando su último dinero tal vez en esos mensajes de texto del chat por la TV, pero sin tener suficiente para alimentarse al día siguiente; un pueblo perdido, reducido a procesar pensamientos únicamente basados en la inmediatez de la subsistencia, o del placer.

Es cierto que históricamente, en el mundo entero, siempre existió una masa de gente ignorante, mayor en cantidad que los pocos individuos preparados. No en vano pensadores, filósofos, comunicadores o escritores usualmente han sido minoría en la sociedad. O los profesionales universitarios. Pero las personas sin preparación o criterio suficiente nunca tenían apariciones públicas, y por lo general, todo en los medios masivos siempre era redactado y editado por gente idónea para el efecto.

Pero, como ya mencioné, los pasquines, Internet y los medios “interactivos” de la TV actual, invirtieron esta situación. El público actual se ve aplastado por todos los malos ejemplos, y en vez de aprender, se confunden aún más. Los grupos que los rodean son igual de ignorantes y por lo tanto ni siquiera notan su propia rusticidad, ya que todos se comunican de la misma forma. Así no hay forma de que vean algún buen ejemplo, lo que a su vez es un ciclo sin fin.

Y, si sumamos todo esto a la escasez de lectura en general, no digo de periódicos o revistas, sino de libros, del género que sea, el caso es peor, porque no tienen la capacidad de profundizar ningún pensamiento, ya que nunca han leído ideas, filosofías, o pensamientos suficientemente complejos como para expandir la mente. No les queda espacio más que para lo mínimo y primordial, no hay nada elevado.

En el caso universitario, por ejemplo, cada día se vuelve más difícil tener estudiantes no sólo con criterio y capacidad de análisis (que parece mucho pedir), sino que simplemente deseen aprender. La búsqueda del conocimiento ha quedado relegada al deseo de obtener una nota suficiente para pasar la materia, estudiando y leyendo lo menos posible. Actualmente los alumnos presentan quejas en las universidades si un docente les da un temario que les obligue a leer algunos cientos de páginas… Cuando en realidad debería ser al revés, ellos deberían solicitar al maestro que les brinde datos bibliográficos donde profundizar y comprender mejor el contenido ya de por sí condensado de la materia. Hay jóvenes que no pueden rendir un examen o realizar una presentación porque son incapaces de procesar la información escrita para convertirla en ideas o pensamientos que a su vez lleven a una comprensión de la realidad circundante.

Lo que se observa es que pareciera que en realidad no quieren aprender y crecer interiormente, sino simplemente terminar una etapa de la vida para pasar a otra nueva ¿Qué clase de profesionales tendremos entonces? No son capaces de dimensionar lo que significa ser universitario.

Estamos llegando al punto histórico en donde saber o estar en la búsqueda del conocimiento no es admirado sino odiado. Odio que proviene de saberse inferior, y, en vez de utilizar esa energía en mejorar y crecer, para alcanzar el nivel elevado donde se ve a otros, se prefiere rumiar el rencor y mantenerse en la ignorancia y la mediocridad, porque no existe el deseo de real progreso a través del trabajo duro (que es la única forma de hacerlo), sino que aún se cree en que en algún lugar existe una solución mágica y sin esfuerzo al problema. A pocos les importa convertirse en mejores personas, puesto que en realidad sólo tienen en la mente metas específicas y materiales: tener dinero, coche, casa, una pareja bonita, y poco más.

Así es que son fácilmente manipulables, obviamente, a causa de la escasez de pensamiento crítico, de visión del entorno, de comprensión de lo que ocurre, de la falta de lectura y literatura. Porque la lectura es el único mecanismo que permite tener pensamientos y análisis profundos, y de expresarlos. Ningún otro medio lo permite, ni siquiera el video, que si bien puede colaborar con explorar ideas y conocimientos, no lo permite más allá de ciertos límites.

Obviamente que históricamente la ignorancia nunca ha sido novedad, y que en todos los países el problema existe, pero en nuestro continente dicha ignorancia se mezcla con el engaño del acceso sencillo a la educación superior (obviamente de mala calidad salvo casos excepcionales), la promesa del trabajo digno (al que no pueden acceder justamente a causa de su ineptitud y de la incapacidad de escribir una frase coherente y sin errores), y la condescendencia de todos los que aceptan esto como natural, y no reclaman un cambio en esa situación, porque se los consideraría retrógrados, contreras, sepudo intelectuales, o incomprensivos. ¡Qué mejor ejemplo leer o escuchar a muchos de nuestros políticos!

Yo soy un gran defensor de la tecnología y justamente no veo que atacar a la tecnología o frenar su avance sea un camino válido, sino que justamente debe ser analizada y trabajada de forma a aprovechar sus cosas positivas, intentado disminuir o revertir el impacto negativo que pudiera tener, en su historia de rápidos e impensado cambios.

Debemos romper con el paradigma de la martirización de la ignorancia, justificándola a través de la lástima. Terminar con lo del “pobrecito”, que da la impresión de que nunca va a poder aprender o mejorar. Todo ser humano puede instruirse e ilustrarse, en cualquier momento de la vida, sólo necesita un buen ejemplo y el deseo de superación, y si los relegamos asumiendo de por sí que por su condición ya no podrán hacerlo, o no lo merecen, colaboramos exactamente con eso que queremos impedir.

Notas finales

Estamos en un mundo globalizado donde las tecnologías, pensadas para democratizar el conocimiento, en realidad han globalizado la ignorancia, el entretenimiento y las cosas que no sirven para construir un mundo mejor.

Los jóvenes viven envueltos en un ambiente de ignorancia, malos ejemplos, y trivialidad, creyendo que el mundo es así, pero en realidad en muchos casos sólo su entorno es así, o simplemente no tienen el deseo de progresar y ver que hay otro tipo de cosas que podrían servirles que también están al alcance de su mano.

La tecnología potencia todo, lo negativo o lo positivo, y dependerá esto del uso que le demos.

El resultado de todo esto es que el que quiere crecer y desarrollarse, tiene una herramienta única en la historia de la humanidad para hacerlo, y el que no quiere, ni aunque se le sirva en bandeja lo hará. La tecnología es sólo una herramienta para ello. Y las herramientas las usan los hombres según su conveniencia.

No creo que seamos más ignorantes que antes, sino simplemente la ignorancia se nota más y se hace visible, cosa que nunca antes había sucedido en la historia de la humanidad, ya que los ignorantes no tenían forma de expresarse públicamente.

Ningún Comentario

Deja un comentario