Barenboim apuesta en Argentina por la música como vehículo para la paz

Con una serie de conciertos al frente de la orquesta West-Eastern Divan, el reconocido director argentino Daniel Barenboim vuelve a apostar en Buenos Aires por la música como instrumento para la paz, la convivencia y el diálogo entre las religiones.

Barenboim apuesta en Argentina por la música como vehículo para la paz


“El gran mensaje de Argentina es, justamente, el mensaje de la convivencia”, dijo anoche Barenboim en la Catedral Metropolitana, la principal sede de la Iglesia Católica en Argentina.

Allí finalizó el ciclo “Conciertos por la Convivencia”, que también incluyó presentaciones musicales en una mezquita y una sinagoga de la capital argentina.

En el ciclo, Barenboim introdujo un quinteto de metales que pertenece a la orquesta West-Eastern Divan, como una “apuesta a la unión del género humano, más allá de ideologías, credos o razas”.

“Esta es probablemente la única orquesta del mundo que tiene músicos cristianos, judíos y musulmanes”, explicó ayer el director, reconocido por sus acciones a favor de la paz en Medio Oriente a través de la música.

El pasado 1 de agosto, Barenboim llevó su iniciativa al Centro Cultural Islámico Rey Fahd, en tanto que el pasado miércoles fue el turno de la presentación en el Templo Libertad de la comunidad judía, ambos en Buenos Aires.

El músico nació y vivió su infancia en Argentina, un país del que aseguró haber sacado “la inspiración para todos los años que vinieron después”.

Al presentar a sus músicos, Barenboim hizo hincapié en que “hay solamente una posibilidad, la del diálogo”, ya que éste permite “exprimir sentimientos y pensamientos y, al mismo tiempo, tener la curiosidad y la inteligencia de escuchar al otro”.

Para Barenboim “la convivencia en Argentina es algo único”, porque el país suramericano enseña “que el ser humano puede tener varias identidades” debido a que fue construido “por los inmigrantes que vinieron”.

El músico remarcó entonces que Argentina “debe jugar un papel muy importante” y ser un ejemplo “gracias a todo lo que sucedió” en el país y lo que sucede “en el diálogo inter-religioso”.

Precisamente, mientras el hoy papa Francisco era arzobispo de Buenos Aires, la Catedral Metropolitana fue un ejemplo de reunión entre los referentes del islam, el catolicismo y el judaísmo.

En diálogo con Efe, el rabino y diputado Sergio Bergman contó que hace un año, los referentes de las tres comunidades religiosas pidieron al Gobierno porteño y al Teatro Colón instalar el tema de la convivencia religiosa para el Simposio de reflexión que ambas instituciones planeaban para este 2015.

“La música nos une espiritualmente y nos eleva”, añadió el diputado, que coincide con Barenboim en que “no hay manera de ser argentino que no tenga que ver con la diversidad”, debido a que Buenos Aires “recibió a tanta gente en sus calles que tuvo que renunciar” a la idea de una sola identidad.

El quinteto de metales interpretó ayer desde obras de Johann Sebastian Bach y Anton Bruckner hasta piezas compuestas especialmente para bronces de Lior Shambadal y Kareem Roustom.

Los cinco músicos también unieron en forma simbólica al continente americano, a través de una suite de Enrique Crespo que pasa musicalmente por Estados Unidos, Perú, México y Brasil.

La Orquesta West-Eastern Divan, dirigida por Barenboim, llegó este invierno austral a Buenos Aires para ofrecer varios conciertos entre el 24 de julio y el 8 de agosto en el Teatro Colón.

El repertorio incluye obras de Pierre Boulez, Richard Wagner, Béla Bartók, Piotr Tchaikovsky y Arnold Schönberg.

El reconocido teatro porteño también recibió otras iniciativas de Barenboim, como el ciclo de Diálogo de Música y Reflexión junto al expresidente del Gobierno español Felipe González y tres representantes de las comunidades religiosas en el país.

Tras la serie de conciertos que finaliza el próximo sábado 8, la orquesta West-Eastern Divan partirá hacia Europa, donde tiene previsto presentarse en festivales de música clásica de renombre como el Festival de Salzburgo, el Waldbühne de Berlín y el Festival de Lucerna.EFE

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