La música, refugio para los afectados por inundaciones en barrio de Asunción

La música de la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura, un barrio próximo al mayor vertedero de basura de Asunción, se convierte en refugio para cerca de 200 niños y jóvenes que padecen las inundaciones provocadas por las periódicas crecidas del río Paraguay.

La música, refugio para los afectados por inundaciones en barrio de Asunción

La Orquesta es famosa en todo el mundo por tocar con instrumentos construidos a partir de los materiales encontrados en esa escombrera, vecina a un barrio que siempre queda anegado en estas fechas por las aguas del río.

Y es que su crecida, que esta semana alcanzó a su paso por Asunción los 6,12 metros de altura, ha dejado ya un total de 42.000 personas afectadas, que son atendidas en refugios municipales.

Pero además de esos avatares, Cateura está ya asociada a su escuela de música, en la que niños y jóvenes aprenden a crear sonidos con instrumentos fabricados con materiales desechados.

En un contexto donde muchas de las familias no podrían permitirse el lujo de adquirir instrumentos convencionales, el depósito de basuras se convirtió así en un yacimiento de materiales para fabricar desde saxofones con cañerías viejas hasta violines con cajas de galletas hechas de latón.

Nació así la Orquesta de Reciclados de Cateura, cuyos instrumentos presentan grandes ventajas: no pueden venderse, no pueden empeñarse, no pueden robarse, porque su valor es “incalculable”.

Así lo cree el director de la Orquesta, Fabrio Chávez, quien dijo a Efe que otro de los puntos fuertes de sus instrumentos es que ni se dañan, ni se estropean con la humedad o con los raudales de agua que irrumpen en las casas cada invierno.

“A algunos de estos violines los hemos visto incluso flotar en el agua”, contó Chávez, quien explicó que gran parte de los chicos que estudian en la escuela de música tienen ya sus casas inundadas.

De modo que los jóvenes músicos se desplazan hasta la escuela sorteando charcos de agua estancada, callejuelas que son lodazales y riachuelos repletos de basura.

O esquivan carros tirados por burros o por motocicletas en los que los vecinos cargan mesas, sillas y camas para mudarse varias calles más arriba, sobre la mediana de una carretera, en improvisadas casas de madera, endebles pero a salvo de las aguas.

Luego, los chicos acuden al ensayo, afinan sus instrumentos, y, durante varias horas, su única preocupación son los compases del “Libertango” de Astor Piazzolla, entreverados con la partitura del “New York, New York” de Frank Sinatra.

La música les distrae de las realidades, a menudo muy complejas, que enfrentan a diario, explicó a Efe Carmen Cabrera, de la asociación de vecinos Armonía de Cateura.

“En las casas de algunos chicos hay ahora más de un metro de agua. El año pasado, muchos de ellos incluso tuvieron que resguardarse en la propia escuela, porque no tenían a dónde ir”, recordó.

Pese a estos orígenes humildes, la Orquesta de Cateura ha ganado prestigio a nivel internacional, ha recorrido medio mundo, ha actuado frente a la realeza europea y hasta ha sido telonera de la banda de rock Metallica.

La fama sirvió para que los miembros de la asociación pudieran adquirir un terreno en el que los vecinos pueden instalarse cuando el río sube, detalló Cabrera.

Porque pese a que hablan con naturalidad de su agenda de conciertos en Finlandia o España, los músicos no se olvidan del barrio en el que viven.

“De Cateura tienen referencias muy malas. Dicen que es un barrio donde viven muchos delincuentes, y eso no es cierto. Acá hay muchos trabajadores, gente muy buena, pero siempre le pintan muy mal”, contó Evelyn, saxofonista solista que a sus trece años ya ha interpretado el “Imagine” de John Lennon en siete países.

Su compañero Gerardo violonchelista de 17 años, agregó que “si no fuera por la orquesta no podría viajar, aún no habría salido del barrio”, y menos a lugares tan dispares como Noruega o Colombia, donde ya ha pisado escenarios.

Ambos afirman que les gustaría dedicarse profesionalmente a la música, un sueño que se antojaba impensable hace poco más de una década, cuando Cateura era conocido solo por su vertedero y por las miles de personas que con cada crecida desalojaba el río Paraguay.

María Sanz – EFE

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