Katharina Wagner, ante el estreno de “Tristán” en el Bayreuth de su bisabuelo

Katharina Wagner vivirá mañana su gran reválida al frente del Festival Richard Wagner de Bayreuth como directora escénica de “Tristán e Isolda”, el estreno que abrirá el certamen bávaro, cuyas riendas asume este año en solitario la biznieta del compositor.

Katharina Wagner, ante el estreno de “Tristán” en el Bayreuth de su bisabuelo

La atención sobre la “Verde Colina” en la que Wagner construyó un teatro para representar exclusivamente sus óperas se centra esta temporada en Katharina, de 37 años, crecida en el templo wagneriano y su heredera universal tras años de disputas internas en el clan.

Su “Tristán”, con Christian Thielemann a la batuta -desde hace unas semanas, director musical del festival-, es el único estreno de la temporada, donde se reponen el “Anillo del Nibelungo” de Frank Castorf, “Lohengrin” de Hans Neuenfels y el “Holandés errante” de Jan Philipp Gloger.

Se trata de la segunda ocasión en que Katharina dirige en Bayreuth (sureste de Alemania), tras los abucheados “Maestros Cantores de Nuremberg” que puso en escena en 2007, aún con su padre, Wolfgang Wagner, como patrón de la empresa familiar.

También entonces había mucha tensión sobre la heredera, inmersa en la guerra de sucesión del festival que el patriarca Wolfgang dirigía desde los años 50, primero junto a su hermano Wieland y, tras la muerte de éste, en 1966, como único responsable.

Wolfgang falleció en 2010 dejando una co-dirección salomónica: Eva Wagner-Pasquier, nacida de su primer matrimonio con Ellen, y Katharina, del segundo con Gudrun, consorte del festival durante décadas.

Una decisión que no gustó nada al resto del clan, entre los que están su sobrina Nike.

Cinco años después, Eva Wagner-Pasquier, de 70 años, se dispone a retirarse de la fórmula dual, en la que su hermana fue la pieza más mediática mientras ella quedaba en un discreto segundo término.

Thielemann, el actual astro rey entre los maestros de Bayreuth, es casi una garantía de que el “Tristán” será ovacionado en la parte musical, como ha ocurrido cada vez que se ha puesto al frente de la orquesta de Bayreuth. Su dúo solista será Stephen Gould y Evelyn Herlitzius.

La directora no lo tiene fácil ante una apertura que, como todos los años, concentrará a wagnerianos de todo mundo, encabezados por la canciller Angela Merkel, incondicional de la casa ya en sus tiempos como líder de la oposición.

Por lo que hasta ahora se ha revelado de la producción, su apuesta para el drama romántico de los dos amantes es algo minimalista y de perfiles geométricos.

En la memoria de Bayreuth está el “Tristán” de 1993 de Heiner Müller, el dramaturgo crecido en la Alemania comunista que acudió a la conservadora Baviera como enemigo y que acabó encumbrado como un héroe por un festival al que había tachado de “filonazi”, por los años de sumisión incondicional de los Wagner a Adolf Hitler.

La producción de Müller es de las más bellas que se recuerdan en Bayreuth y uno de listones con los que se confrontará Katharina.

“La tensión es de dimensión inhumana, las expectativas me desbordan”, confesaba estos días al diario bávaro “Münchner Merkur”.

Con una apuesta por los cortes geométricos se propone “dejar espacios libres” sobre el escenario, en medio de una tensión amorosa “sin salida”, señaló la artífice de la escenografía, por supuesto sin revelar sus secretos.

Son muchos los riesgos que asume la heredera, quien pese a su juventud conoce bien lo que pueden dar de sí los atronadores abucheos o las guerras entre ovaciones y pataletas que el teatro de la “Verde Colina” ha escuchado en su historia, desde la primera edición del festival, en 1876.

Ya como codirectora junto a su hermana Eva tuvo que encajar la tormenta desatada en el estreno del “Anillo” de Castorf, dos temporadas atrás, ante un público que castigó de forma implacable a su director, aunque se rindió a la batuta de Kirill Petrenko.

La reposición de la tetralogía en 2014 recibió un trato menos hostil, mientras que el “Lohengrin” de Neuenfels, ahora en su quinta temporada, pasó de la división de opiniones inicial a convertirse en pieza mimada de Bayreuth.

Gemma Casadevall – EFE

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