Una muestra que contiene fotografías, ejemplares de sus libros en español y polaco y reproducciones de sus últimas anotaciones manuscritas recuerda en Paraguay al reportero polaco Ryszard Kapuscinski (1932-2007), quien dejó algunas anécdotas a su paso por el país sudamericano en el año 2000. – Foto: EFE/Andrés Cristaldo

La muestra, instalada en la Biblioteca Nacional de Paraguay, indaga en la faceta como fotógrafo del periodista a través de una serie de imágenes tomadas en países como Mali, Sudán, Uganda o Angola entre 1962 y 1996.

También reproduce un facsímil con los últimos manuscritos de Kapuscinski: un puñado de anotaciones sobre hojas de la publicidad de medicamentos, el papel que tenía a mano en el hospital de Varsovia donde falleció en 2007.

Se exhiben además ejemplares en polaco y español de sus obras más conocidas, como “El Imperio”, “Otro día más con vida”, “Cristo con un fusil al hombro” o “Ébano”, que pertenecen a la colección personal de la hispanista polaca Krystyna Pisera.

Residente en Paraguay, Pisera ejerció como cicerone del periodista durante su estancia en el país sudamericano, adonde Kapuscinski tuvo vetado el acceso durante la dictadura de Stroessner (1954-1989).

Pisera explicó a Efe que en el año 2000 recibió a Kapuscinski en Asunción, recién llegado de un periplo por Bolivia.

El reportero se alojó en un hotel que estaba situado en la céntrica Plaza Uruguaya y acostumbraba a leer los diarios locales en el cercano Café Literario, sobre la calle Palma.

En aquellos días se entrevistó además con el sociólogo Ramón Fogel, estudioso de los movimientos campesinos y las luchas por la tierra en Paraguay.

También tomaba anotaciones sobre lugares llamativos como los centros comerciales que florecían en la capital, y en torno a los cuales se desarrollaba, según Kapuscinski, un nuevo tipo de interacciones sociales.

Pese a que todavía no hay ningún texto publicado sobre las reflexiones que el viaje por Paraguay suscitó en Kapuscinski, Pisera recordó que el periodista recorría Asunción “preguntando e interesándose por todo, como siempre hacía”.

“Era muy preguntón, siempre indagaba, siempre demostraba interés por lo que se le contaba, incluso en aquello que parecía intrascendente”, afirmó la hispanista.

Pisera conoció a Kapuscinski cuando cursaba estudios de literatura, lengua y cultura hispánica en una universidad de Varsovia (Polonia), donde compartía aula con la hija del reportero, Sofia, y con Agata Orzeszek, quien después se convertiría en la traductora al español de las obras del periodista.

Durante los frecuentes viajes del reportero, Pisera, entonces estudiante, pernoctaba en una cama instalada en el despacho de Kapuscinski, “una habitación con las paredes forradas de libros de suelo a techo”, con algunos títulos “muy difíciles de conseguir” debido a la censura de la época.

La enorme biblioteca daba cuenta del amplio bagaje cultural de Kapuscinski, gracias al cual llegó a “trascender el lenguaje limitado” de un reportero de diario para escribir “textos universales” que continúan vigentes aún hoy, según Pisera.

Afirmó además que en casa de los Kapuscinski “estudiaba una segunda carrera”, a través de las lecturas, los relatos y las conversaciones con el reportero.

“Era tan bueno como sabio, lo cual es una rara combinación. Él siempre decía que, para ser un buen periodista, primero hay que ser una buena persona, y predicaba con el ejemplo. Tenía esa capacidad de empatía con la gente, unida a sus ganas por entender el mundo sin prejuicios ni prepotencia”, reveló.

Cualidades a las que se sumó su empeño por “compartir las mismas condiciones de vida de las personas sobre las que escribía”, una máxima que, según Pisera, le permitió “explicar las realidades, y no sólo vender las noticias”. EFE

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