Internet y La democratización de la Ignorancia

Todos sabemos que el pensamiento complejo es realizado simbólicamente en la mente del ser humano, en forma de palabras que resuenan en nuestra mente aunque no las pronunciemos a viva voz. Por lo tanto, lamentablemente, si no tenemos suficientes palabras para conformar una idea, o si necesitamos dar rodeos por desconocer la palabra adecuada, o si pensamos “con errores” es imposible salir del espiral de ignorancia que, a todas luces, se está adueñando de nuestro entorno.

 

Todo el que es escritor, docente, o que trabaja en los medios, se da cuenta de que hay en todos los niveles una impresionante escasez crítica, casi nula capacidad de elaboración de pensamientos e ideas complejas, y mucho menos de expresión por escrito, aunque sea el medio más relevante para plasmar ideas e información.

 

Los jóvenes en general piensan y escriben de manera telegráfica, de forma llana y simple, sin profundizar, porque están acostumbrados a ello. Y el motivo principal, a mi entender, es causado por la degradación del lenguaje escrito, que es la base justamente para el desarrollo intelectual.

 

Hasta hace un tiempo atrás, según recuerdo, toda persona estaba rodeada del buen ejemplo: en los periódicos, en la calle, en carteles, en TV. Se estimulaba un lenguaje correcto, así como la expresión escrita, por cualquier método. Era difícil encontrar malos ejemplos, los cuales se reducían a escasos errores públicos, o a un círculo de ignorancia ya pequeño, usualmente en la propia familia de la víctima.

 

Errores siempre existieron, algún libro o artículo periodístico podía tenerlos al pasar desapercibidos. O carteles en la vía pública con alguna letra equivocada, pero no era algo muy común, y en general causaba risa y obligaba a correcciones o fe de erratas posteriores, no dejando nunca permanecer el error por mucho tiempo a la vista de los demás, por un motivo de vergüenza propia. Los estudiantes tanto de colegios o universidades tenían una educación donde no se dejaban pasar errores sin castigo, y donde los que terminaban un ciclo al menos lo hacían sabiendo expresar aquello que habían estudiado (cosa que actualmente tampoco es cierta, ya que el nivel de los docentes es paupérrimo y por lo tanto no están a la altura de sus alumnos).

 

Pero hace unos años, y cada vez con más fuerza, el hombre ha empezado a estar bombardeado por la ignorancia: empezando por periódicos de baja calaña de temáticas intrascendentes, de banalización de las reales noticias, de tapas en las que nunca se tocan los temas importantes y urgentes del país, y de un vocabulario pobre y cachafaz. Seguidamente, aparecieron los periódicos online, los cuales permitieron que los lectores comentaran las noticias, la mayoría de ellos con horrores ortográficos por doquier (ojo, el hecho de que el público pueda comentar y hacer oír su voz es maravilloso, el problema radica aquí en la forma y en la exposición de la misma). Siempre existieron foros o sitios web con errores, pero nunca de manera tan masificada, así como los mensajes de texto (SMS), pero que, siendo una comunicación privada, únicamente entre dos personas, no afectaban más que a los propios participantes de la charla.  El acabose fue la aparición de las redes sociales como Facebook y Twitter, completada con los programas de televisión que pasan al aire los mensajes enviados vía celular sin ningún tipo de control o edición.

 

Mi tesis, demostrada con los ejemplos previamente descritos, es que actualmente nos encontramos en una etapa de la historia de la humanidad dedicada a la democratización de la ignorancia. Siempre hemos buscado como raza lograr que todo sea democrático, motivo por lo cual eso no debería sorprendernos. Hemos intentado democratizar la educación, pero por los motivos ya expuestos, lo que ocurre es un proceso totalmente inverso. Antiguamente una persona ignorante se sabía ignorante, se veía en esa posición y, podía decidir intentar aprender, instruirse, o mejorar, o por otro lado, aceptar su condición. El problema radica en que ahora el ignorante ni siquiera es capaz de notar su propia falta de instrucción.

 

Sin despreciar el valor y el impacto de Internet y las redes sociales, o la interactividad, su fenómeno de avalancha de información condensada hace que sea imposible profundizar en algo, nadie lee cualquier cosa de más de un párrafo por ser “demasiado largo”, ya que hay demasiadas fuentes con demasiadas cosas por leer ¡Pero ninguna cosa profunda puede explorarse en un sólo párrafo! Por eso es imprescindible alimentar y revivir el deseo de la lectura y de estimular la profundidad mental del pensamiento, una cosa no puede remplazar a la otra, sino que ambas deben convivir, cumpliendo sus respectivas funciones.

 

Allí, además, y sobre todo gracias a las redes sociales y a la comunicación constante, se da otro fenómeno que tiene un profundo impacto social, que es el de la inmediatez, donde lo importante es hacer, tener y mostrarse en este mismo momento y lugar, en este instante mismo, sin importar la calidad de la comunicación que haya de por medio. Es dejar el registro del “aquí, ahora, haciendo tal cosa, estando en tal lugar o con tal persona”, comunicándose a la velocidad del rayo sin importar la forma, y castigando al que no lo hace de esa manera, al que lo hace bien, o al que señala las falencias en las que caen los demás. Los seres humanos estamos cada vez más conectados, pero al mismo tiempo menos comunicados, porque la calidad de dicha comunicación es la más baja e irrelevante posible. Todos queremos hablar pero  nadie quiere escuchar. Y por lo tanto la base de la interrelación humana está rota.

 

Sumado a todo esto, lamentablemente la gente cree que las redes sociales fueron creadas para que cualquier persona publique cualquier cosa de la manera que le parezca. Que las conversaciones que se podrían tener normalmente en voz baja con amigos o familiares, también pueden ventilarse a los 4 vientos. Las redes sociales, así, se han convertido en un nido de vanidades donde todo el mundo cree que es importante lo que tiene que decir y mostrar, pero la verdad es que en muy pocos casos realmente lo es. Y peor aún, más allá de irrelevante, viene acompañado de fotografías que dan vergüenza ajena, y de frases escritas con todo tipo de errores ortográficos y gramaticales (y ni qué decir, conceptuales). Valen de ejemplo también los comentarios en los periódicos digitales, los cuales en general muestran una ignorancia obtusa y una estrechez mental sin precedentes. Los programas de TV que permiten que la gente envíe mensajes de texto para publicarlos ahondaron aún más esto. Sobre todo en los programas nocturnos que se volvieron una mezcla de pornografía textual mezclada con incapacidad de expresión verbal.

 

La degradación del ser humano, lo más bajo, primitivo y animal, actualmente se halla expuesta en una vidriera global, disponible para que todo el país y el mundo la lean. Un chat privado, si ambas partes lo aceptan, puede incluir el vocabulario que sea, y decir desde lo más sublime hasta lo más perverso.

 

Pero algo que se publica en redes sociales, o se transmite en la televisión de aire, a disposición sin dudas de jóvenes y niños pequeños, es mucho más preocupante, como ocurre ahora con los programas de TV nocturnos donde los mensajes de texto, más allá de estar horriblemente escritos, son de una oferta sexual de todos los sabores y colores, abierta a todo el que se atreva a tener encendida la televisión en ese horario.

 

Lo que atormenta a escritores y docentes es saber que todos somos aquello que pensamos, y podemos llegar tan alto como nuestras reflexiones puedan llevarnos, pero si la forma de pensamiento y abstracción verbal es tan rudimentaria, obviamente que jamás una persona podrá salir de su ciclo de ignorancia y pobreza, del cual nuevamente se alimenta en un espiral autodestructivo que llegará a su fin en corto tiempo, por ser insostenible.

 

A la ignorancia no hay que justificarla ni comprenderla, y quien realmente desea salir de ella, lo hace. Obviamente que sin suficiente estímulo, y embebido en un entorno pernicioso, es mucho más difícil. Y si los medios de comunicación impulsan esto, y lo masifican, el resultado es que lo potencian. Porque los jóvenes son ignorantes, pero ven en la televisión a otras personas de su misma condición, o carteles en las calles similares a su forma de escribir, o comentarios en redes sociales y periódicos en línea, y carecen de todo buen ejemplo. De hecho, su entorno es yermo en ese aspecto. No sienten que haga falta mejorar, puesto que lo que ven a su alrededor es similar a ellos mismos. Sus amigos son igual de ignorantes, y por lo tanto no tienen la capacidad de conversar sobre temas trascendentes, o detectar los errores y corregirse mutuamente, ni siquiera en las redes sociales. Y los docentes en muchos casos también comparten el nivel de analfabetismo de sus alumnos, o, si descubren sus disparates, prefieren ignorarlos y ahorrarse trabajo porque los consideran casos perdidos. Así los chicos crecen pensando que expresarse de dicha manera es lo natural, pero de todos modos la realidad los golpeará en el rostro cuando deban acceder a un trabajo honesto y se descubra que no saben siquiera escribir, y mucho menos leer, simplemente porque no comprenden lo que leen. Analfabetos funcionales les llaman tradicionalmente a estos, que sólo podrán obtener un empleo a través del prebendarismo y no por su propia capacidad, fomentando el asistencialismo e impidiendo el crecimiento del país y de su gente.

 

Los pensamientos de estas víctimas sociales quedan de ese modo reducidos a su mínima expresión, donde la gran parte de los conceptos no tienen cabida porque no pueden comprenderlos, donde el vocabulario sólo puede representar un subconjunto pequeñísimo de la realidad, puesto que desconocen las palabras adecuadas para nombrar objetos, situaciones, adjetivos, o acciones. Desaparece el pensamiento elevado, el arte y la lírica, o peor aún, la lógica, puesto que tienen la capacidad de procesar la información que llega a su cerebro, ni mucho menos tener criterio para comprender lo que ocurre a su alrededor o tomar decisiones acertadas, o para comprender las situaciones de la vida cotidiana y procesarlas, obteniendo algún tipo de aprendizaje. Todo esto descontando la destrucción que el alcohol y las drogas a su vez puedan causar en sus frágiles mentes.

 

El proceso de aprendizaje y de estimulación intelectual es largo, complejo, y lento. Usualmente se asume que se da desde el nacimiento hasta finalizar la universidad, cuando el joven ya está listo para la vida, ha aprendido conceptos relevantes, ha interiorizado conocimiento de todas las áreas existentes, y ha desarrollado la capacidad crítica de evaluación de la realidad y del entorno, junto a un carácter formidable y una cierta habilidad social. Pero la gente está más bien en una etapa animal y primitiva: sólo preocupada por satisfacer las necesidades básicas y mínimas, de una manera hedonista, y poco más. Esclavos de la realidad circundante, incapaces de pensar en el mañana, desperdiciando su último dinero tal vez en esos mensajes de texto del chat por la TV, pero sin tener suficiente para alimentarse al día siguiente; un pueblo perdido, reducido a procesar pensamientos únicamente basados en la inmediatez de la subsistencia, o del placer.

 

Es cierto que históricamente, en el mundo entero, siempre existió una masa de gente ignorante, mayor en cantidad que los pocos individuos preparados. No en vano pensadores, filósofos, comunicadores o escritores usualmente han sido minoría en la sociedad. O los profesionales universitarios. Y la lucha contra el analfabetismo siempre ha sido constante. Pero las personas con dificultades de comunicación escrita nunca tenían apariciones públicas, y por lo general, todo en los medios masivos siempre era redactado y editado por gente idónea para el efecto.

 

Pero, como ya mencioné, los pasquines, Internet y los medios “interactivos” de la TV actual, invirtieron esta situación. Si bien la gente antes no disponía de todos los conocimientos ortográficos y semánticos, al menos poco a poco se ilustraba y podía ir aprendiendo, pero sin embargo, actualmente lo poco que saben correctamente se ve aplastado por todos los malos ejemplos, y en vez de aprender, se confunden aún más. Los grupos que los rodean son igual de ignorantes y por lo tanto ni siquiera notan su propia rusticidad, ya que todos se comunican de la misma forma. Así no hay forma de que vean algún buen ejemplo, lo que a su vez es un ciclo sin fin.

 

Y, si sumamos todo esto a la escasez de lectura en general, no digo de periódicos o revistas, sino de libros, del género que sea, el caso es peor, porque no tienen la capacidad de profundizar ningún pensamiento, ya que nunca han leído ideas, filosofías, o pensamientos suficientemente complejos como para expandir la mente. No les queda espacio más que para lo mínimo y primordial, no hay nada elevado.

 

En el caso universitario, por ejemplo, cada día se vuelve más difícil tener estudiantes no sólo con criterio y capacidad de análisis (que parece mucho pedir), sino que simplemente deseen aprender. La búsqueda del conocimiento ha quedado relegada al deseo de obtener una nota suficiente para pasar la materia, estudiando y leyendo lo menos posible. Actualmente los alumnos presentan quejas en las universidades si un docente les da un temario que les obligue a leer algunos cientos de páginas… Cuando en realidad debería ser al revés, ellos deberían solicitar al maestro que les brinde datos bibliográficos donde profundizar y comprender mejor el contenido ya de por sí condensado de la materia. Hay jóvenes que no pueden rendir un examen o realizar una presentación no porque no sepan escribir, sino peor aún, porque son incapaces de procesar la información escrita para convertirla en ideas o pensamientos que a su vez lleven a una comprensión de la realidad circundante.

 

Lo que se observa es que pareciera que en realidad no quieren aprender y crecer interiormente, sino simplemente terminar una etapa de la vida para pasar a otra nueva ¿Qué clase de profesionales tendremos entonces? No son capaces de dimensionar lo que significa ser universitario.

 

Estamos llegando al punto histórico en donde saber o estar en la búsqueda del conocimiento no es admirado sino odiado. Odio que proviene de saberse inferior, y, en vez de utilizar esa energía en mejorar y crecer, para alcanzar el nivel elevado donde se ve a otros, se prefiere rumiar el rencor y mantenerse en la ignorancia y la mediocridad, porque no existe el deseo de real progreso a través del trabajo duro (que es la única forma de hacerlo), sino que aún se cree en que en algún lugar existe una solución mágica y sin esfuerzo al problema. A pocos les importa convertirse en mejores personas, puesto que en realidad sólo tienen en la mente metas específicas y materiales: tener dinero, coche, casa, una pareja bonita, y poco más.

 

Así es que son fácilmente manipulables, obviamente, a causa de la escasez de pensamiento crítico, de visión del entorno, de comprensión de lo que ocurre, de la falta de lectura y literatura. Porque la lectura es el único mecanismo que permite tener pensamientos y análisis profundos, y de expresarlos. Ningún otro medio lo permite, ni siquiera el video, que si bien puede colaborar con explorar ideas y conocimientos, no lo permite más allá de ciertos límites.

 

Obviamente que históricamente la ignorancia nunca ha sido novedad, y que en todos los países el problema existe, pero en nuestro continente dicha ignorancia se mezcla con el engaño del acceso sencillo a la educación superior (obviamente de mala calidad salvo casos excepcionales), la promesa del trabajo digno (al que no pueden acceder justamente a causa de su ineptitud y de la incapacidad de escribir una frase coherente y sin errores), y la condescendencia de todos los que aceptan esto como natural, y no reclaman un cambio en esa situación, porque se los consideraría retrógrados, contreras, sepudo intelectuales, o incomprensivos. ¡Qué mejor ejemplo leer o escuchar a muchos de nuestros políticos!

 

De más está decir que hay miles de otros factores que entran en juego al analizar la problemática aquí tratada, que no intenta ser abarcativa, sino simplemente puntualizar la destrucción social que está causando el problema específico de la mala redacción que se hace pública por los medios ya descritos. Humildemente yo sólo me referí a este único aspecto. Habría que hacer un estudio individual de cada uno de ellos, para luego mezclarlos y estudiarlos en sus interrelaciones: La tecnología, la globalización, la invasión de costumbres y lenguas extranjeras, el fenómeno multimedia, la presión social, los vicios, las falencias educativas, los problemas familiares… Y tantas otras cosas están de por medio también…

 

Yo soy un gran defensor de la tecnología y justamente no veo que atacar a la tecnología o frenar su avance sea un camino válido, sino que justamente debe ser analizada y trabajada de forma a aprovechar sus cosas positivas, intentado disminuir o revertir el impacto negativo que pudiera tener, en su historia de rápidos e impensado cambios.

 

Entonces, nosotros, siendo testigos indignados de esta situación, ¿qué es lo que podemos hacer al respecto desde nuestra posición de privilegio? (porque debemos aceptar que somos privilegiados de la vida quienes hemos a través de sacrificio y tesón  luchado por educarnos día a día, y logramos hacerlo).

 

Sea lo que sea debemos romper con el paradigma de la martirización de la ignorancia, justificándola a través de la lástima. Terminar con lo del “pobrecito”, que da la impresión de que nunca va a poder aprender o mejorar. Todo ser humano puede instruirse e ilustrarse, en cualquier momento de la vida, sólo necesita un buen ejemplo y el deseo de superación, y si los relegamos asumiendo de por sí que por su condición ya no podrán hacerlo, o no lo merecen, colaboramos exactamente con eso que queremos impedir.

 

Nosotros por nuestra parte como escritores y docentes sólo podemos hacer lo que sabemos hacer: iluminar a quienes no han tenido nuestra misma experiencia educativa. Corregir pero sin ofender. Destruir el mito de que todo debe caber en un mensaje de 160 caracteres de longitud. Compartir pensamientos debidamente organizados. Debatir públicamente con altura, lógica, dignidad y seriedad, este y todos los temas que lo merezcan. Abolir las abreviaciones impropias, y condenar el remplazo de letras según conveniencia. Compartir lo que sabemos. Escribir literatura que abra la mente y que permita un crecimiento mental e intelectual de los lectores. Estimular, enseñar y demostrar que siempre se puede mejorar, y que vale la pena hacerlo.

 

Si cada uno hace su parte como corresponde, dentro de una sociedad, estoy seguro de que podremos salir adelante, aunque el destino parezca utópico.

 

 

Un Comentario

Monica Leal

Si pudiera escribir como lo haces, así expresaría exactamente mis ideas, pero un poco más allá de tu escrito pareciera que la RAE le sigue el juego a la ignorancia, siempre que una palabra mal dicha aparece, es acetada como legítima y eso resta credibilidad a lo bien o mal que nos expresamos. He notado que la cuando hay alguien entre los jovenes dotado con un pensamiento profundo, buen conversador e interesante es tachado de “intenso”, “tedioso”, etc. Realmente es muy desconcertante. Saludos

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