Compartieron emoción de ver al papa

Decenas de miles de paraguayos compartieron la emoción de ver al papa Francisco, codo con codo, con sus vecinos argentinos, quienes llegaron hoy al santuario de la Virgen de Caacupé muy venerada por los fieles de ambos países.

Compartieron emoción de ver al papa

Muchos compatriotas del papa decidieron que mientras fija una fecha para visitar su patria, se acercarían ellos a saludarle.

Por ello cientos de argentinos con sus banderas albicelestes invadieron las callejuelas de Caacupé y asistieron junto a los paraguayos a una emocionante misa, también para el papa, que siempre ha hablado de su veneración por esta virgen “de los milagros”.

Han llegado de varias ciudades argentinas como Mendoza, Misiones, Córdoba, Rosario, Santa Fe y son los que “más hacen lío” – como pidió el papa Bergoglio en una ocasión-, con coros, cantos y enarbolando la bandera albiceleste.

“Teníamos que ver al papa. Lo adoramos. Lo queremos mucho”, explica a Efe muy emocionada una mujer argentina, Adela, que ha llegado desde Córdoba con un grupo de amigos.

Una familia de Rosario cuenta que ha llegado en dos coches conduciendo toda la noche. Esperan sentados en las sillas plegables que se han traído en los bordes de las carreteras para ver pasar al papa, que recorrió tanto al inicio como al final algunas calles de esta ciudad.

A su lado, los paraguayos, que como el resto de los fieles que abarrotaron hoy la plaza a la que se asoma el santuario mariano, han acampado toda la noche para poder tener un buen sitio y “ver pasar al papa”.

Diógenes llega desde Asunción, cuando llegaron a Caacupé, a las tres de la madrugada, estaba ya la plaza llena y con los otros 11 miembros de su familia se han refugiado en un pórtico para pasar la noche, pero ahora cansados y contentos esperan el paso del “papamóvil” para ver a Francisco.

Mariela Bogada ha organizado con otros ocho compañeros de trabajo el viaje en autobús desde Posada para llegar esta madrugada después de 30 horas.

Ha llegado con su marido y sus dos hijos, de un año y de 4, que ahora están agotados, pero que -dice Mariela- quería tanto “que vivieran este momento”.

“Es una posibilidad que no podíamos perdernos. Queríamos que ellos lo vivieran y teníamos muchas ganas de verle y aunque sólo le veamos pasar con el papamóvil, seremos felices porque escuchamos su misa”, explica Mariela.

Pablo Lizarraga también llegó a la una de la mañana desde Asunción para poder alcanzar sitio ante el altar, ya que llegar a esta ciudad en la colina, a unos 55 kilómetros de la capital paraguaya, iba a ser difícil por el corte de carreteras desde primeras horas de la mañana.

Antonio Rivero convenció a todos los miembros de su familia para llegar a este santuario paraguayo desde Salvador de Bahía, en Brasil.

Cuenta, enfundado en la camiseta de fútbol de la selección de su país, la “canarinha”, que no pudo estar en la visita del papa Francisco a Brasil en julio de 2014, y que esta no se la podía perder.

En Caacupé también se vieron banderas brasileñas.

EFE

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