Los clásicos Volkswagen también desatan pasiones en Tailandia

Los coches clásicos de la marca alemana Volkswagen, incluidos el mítico Escarabajo o las furgonetas hippies, no sólo apasionan a coleccionistas en Europa, sino también a incondicionales en países tan lejanos como Tailandia.

Existen decenas de clubes de coches clásicos en Tailandia en donde los socios dejan sus vehículos, a los que tratan casi como hijos, y anualmente se celebra cerca de una decena de concentraciones dedicadas sólo a los clásicos alemanes.

En un reciente evento celebrado en Bangkok, los visitantes podían admirar Escarabajos en todas sus gamas de colores, la mítica furgoneta T2 popularizada en los años 60 y 70, coches del modelo 1500 o la Karman Ghia, todos con más de 40 años de antigüedad.

“Normalmente nos reunimos casi todos los meses en este tipo de reuniones para disfrutar y charlar con otros a los que les gusten los Volkswagen”, comenta uno de los participantes mientras muestra orgulloso una camiseta que se acaba de comprar de la marca alemana.

Mientras unos conversan animadamente, otros participantes del encuentro van montados en sus vehículos paseándolos por el recinto, en las afueras de Bangkok, para exhibirlos orgullosamente.

Los clásicos Volkswagen son una imagen extraña para la mayoría de los tailandeses, acostumbrados a ver en sus calles prácticamente solo coches de marcas niponas.

En las esquinas del enorme perímetro adaptado para el evento, cientos de vendedores ofertan piezas de coches de todo tipo, como si de un vetusto desguace se tratase: ruedas, chasis, parte de carrocerías, espejos, antena, baterías e incluso algún que otro motor.

Los viandantes pasean entre decenas de coches aparcados en línea, todos brillantes e impolutos, mientras oyen el ruido de algunos motores que se encienden de forma abrupta.

“Tengo una colección de cuatro coches Volkswagen que llevo adquiriendo desde hace diez años y los expongo en eventos de este tipo. El próximo mes voy a un gran evento de coches Volkswagen en Malasia”, explica uno de los coleccionistas, arquitecto y profesor de diseño en una universidad de Bangkok.

En la concentración, carrocerías de Escarabajo sirven de barras de bares en las que varias camareras sirven a los clientes ataviadas con minúsculos y exhuberantes vestidos blancos y tacones vertiginosos de más de 20 centímetros.

Al lado de las tiendecillas de piezas de vehículos, se venden desde bolsos y zapatos de piel de segunda mano hasta lámparas, sillas o maletas de principios del siglo pasado en un mercadillo de antigüedades.

Una de las más relevantes antigüedades que se exponen son cascos y demás indumentaria de militares de la guerra de Vietnam o banderas y petacas estadounidenses pertenecientes a soldados americanos durante su estancia en el país vecino.

Junto a este tipo de muestras, varios jeep y motocicletas de esa época, todos con una iluminación en verde recordando a la frondosidad del paisaje de Vietnam, evocan rápidamente a ese pasaje de la historia retratado en películas como “Apocalypse Now” o “Good Morning, Vietnam”.

Son más de las doce de la noche y el evento empieza a llegar a su fin después de horas de diversión.

Poco a poco comienza a oirse cómo se encienden los añejos y ruidosos motores de los coches estacionados en el lugar y, poco a poco, van desalojando el recinto formando grandes colas que conforman todo un acontecimiento visual hasta su fin.
EFE

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