¿Desmontar o conservar? ¿A quién engañamos?

Doctor en ciencias en agroforestería tropical y director del Centro de Investigación del Chaco Americano en Villa Hayes, donde busca compatibilizar la producción silvopastoril con la conservación y la investigación científica.

14 :30 horas de un martes. Un despistado propietario de 100 hectáreas de bosque virgen en el Chaco decide entrar a la oficina decadente y lúgubre (encharcado y en ruinas diría yo) de la SEAM. Su objetivo, conseguir apoyo para conservar un predio forestal. Un terreno que ha heredado por un golpe de suerte familiar de la que él es parcialmente beneficiado. Sin embargo, nuestro personaje ni su familia tiene capital para desarrollarlo y sin embargo sí tiene ganas de que sea conservado. No busca vivir de esto, pero por lo menos obtener algo de recursos que le permitan financiar su conservación, el pago de impuestos y sobretodo garantizar este predio para el futuro, a sabiendas de la deforestación que sucede en el país. No es rico, es apenas un asalariado con un poco de suerte.

En una pequeña y decadente oficina de 10 metros cuadrados con más de 20 escritorios y 3 empleados es recibido con un poco de extrañeza y plantea abiertamente su situación:¿Qué apoyos puede obtener del Estado para poder mantener esta tierra en su estado original? Amablemente se le comunica una promesa de pago en guaraníes por mes por hectárea que llama su atención, pero que sin embargo, esta lejos de lograr. Primero, fue indicado, debía contratar a un consultor autorizado por la SEAM (debe ir a otra oficina para saber quienes son los consultores habilitados). Posteriormente a que el consultor haga todos los estudios requeridos y todo el papeleo necesario, debe además abonar a la SEAM un monto equis para iniciar el proceso de certificación.

Bueno, no pareció tan complicado, me certifican y listo, entonces obtendré recursos para conservar este sitio, pero no, no es tan sencillo. Una vez la SEAM certifica el predio Usted busca quien le compre este certificado. Osea que certificar no garantiza nada, recién me coloca en la posición de poder ofertar la tierra conservada a alguien que le debe o le teme a la SEAM. Sí, así es. Pero ojo, puede ser que sólo le interese la mitad de su predio, o menos, nosotros no podemos asegurarlo, eso es entre privados. Por supuesto la SEAM estará al tanto de la transacción.

Digamos que todo marcha bien, después de invertir en todos estos estudios, encontrar y pagar al consultor, las evaluaciones, papeleos, entonces podría ser que su trámite sea exitoso y que la SEAM certifique que su predio es realmente plausible de ser conservado, que vale la pena. Finalmente, si todo va bien, algún privado con deudas a la SEAM cubrirá por lo menos parcialmente los costos de conservar este sitio. Pero, mientras todo esto ocurre, el chaco se deforesta a la tasa más rápida de Latinoamerica y casi por poquito del Mundo. Pero Usted debe esperar y tener paciencia, que todo lleva su tiempo y lo más importante es cumplir con toda esta burocracia.

Estimado lector, si Usted alguna vez se quejó de la rampante deforestación del Chaco, aquí tiene un ejemplo de por qué obtener apoyos para conservar es un parto doloroso de trámites y burocracia. Por qué salvaguardar un predio es difícil y complicado. Por qué es más fácil, rentable y económico desmontar que conservar. Encima, tenga miedo, que la conservación es sinónimo de “no se hicieron mejoras” y “no desarrollar” un campo puede tener implicaciones negativas. Puede que venga cualquier otro y fácilmente plantee que su campo no se desarrolló y por lo tanto debe ser expropiado.

Casi siempre achacamos al mercado los problemas de degradación, desmonte y reducción de la cobertura forestal y por ende a la deforestación rampante que vivimos en el país. Pensamos que los esquemas de pagos por servicios ambientales pueden compensar el problema. Y en teoría esto podría ser así, pero en mi opinión, no deberían de ser los dueños de tierras los que deban de estar buscando posibilidades para financiar la conservación, pagando consultores y realizando trámites muy poco amigables. En cambio, debería ser el Estado ocupándose de esta prioridad, organizando talleres, ayudando a los dueños a conseguir los subsidios, adelantándose a la catástrofe. Sin embargo, el esquema a hecho de esto un trámite tan doloroso que sólo pocas personas con muchas, pero muchas ganas, dinero y voluntad, logran realizar. El apoyo estatal,casi nulo, los trámites, exagerados. Parece que quien desea conservar y obtener un pequeño apoyo debe primero vivir los mil infiernos para hacerlo, tener un montón de plata, nada de apuros y mucho tiempo para perderlo en los laberintos burocráticos de la SEAM.

La SEAM requiere de un cambio mayúsculo en su forma de apoyar la conservación, de apoyar a quien desea conservar y de simplificar este proceso. Revertir la fuerza de la corriente no se puede solucionar con pequeños paliativos, es necesario que dejen de ser los dueños de los predios que carguen con este problema, sus gastos, el tremendo papeleo y la engorrosa burocracia. Debe ser el Estado, en representación de todos los que queremos detener la degradación ambiental, quién haga todo lo posible por garantizar que no haya un sólo dueño que esté interesado en conservar que no reciba un incentivo por ello.

Seguramente Usted quisiera ver un proceso exitoso y productivo en el Chaco que también mantenga reservas forestales que permita la producción y la conservación. Personalmente apoyo una producción eficiente y rentable, sin embargo, también considero necesario la búsqueda de mecanismos de mitigación y conservación. Como país, a través de nuestras instituciones, debemos ayudar a quienes pueden y quieren hacerlo. Se puede cambiar de un esquema de “caza de brujas” para el que quiere producir, a un esquema de incentivos y apoyo a la conservación, pero para ello, debemos tener mecanismos simplificados que fácilmente, de manera rápida y accesible apoyen a quienes desean conservar bosques, pastizales nativos y humedales. Que sea el Estado quien busque, invierta y gaste en lograr que la gente opte por la conservación.

La opción simple de nuestro afortunado heredero y su familia es vender. Comúnmente a alguien que desea comprar para desmontar y hacer (justamente) productiva esta tierra. ¿Que opción como país debemos facilitarle a esta familia? ¿Cómo podemos incentivarlos a no vender y conservar? Ya basta de imponer dificultades para conservar y mejor buscar maneras (reales, sencillas y prácticas) de incentivar a quien tiene ese ideal de mantener la biodiversidad, los servicios ambientales y el soporte de vida de nuestras sociedades.

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