Juan Pablo II y su pulso con Stroessner

Francisco, el segundo papa en viajar a Paraguay, lo hace en circunstancias muy diferentes a las que encontró Juan Pablo II, quien visitó el país cuando estaba bajo la dictadura de Alfredo Stroessner, con quien mantuvo un velado pulso con el respeto a los derechos humanos de fondo.

En mayo de 1988, fecha de la llegada de Karol Wojtyla, la dictadura estaba en sus estertores, aunque Stroessner, en el poder desde 1954, seguía aferrado a la represión como forma de continuar gobernando.

Quienes siguieron el acontecimiento recuerdan como providencial que Wojtyla fuera el primer papa en visitar un país de mayoría católica, en un contexto de asesinatos, desapariciones, torturas y detenciones a opositores políticos.

Su presencia se vio como una oportunidad para perder el miedo y denunciar al papa y al mundo a la que era la dictadura más longeva de América Latina.

Cuando llegó Juan Pablo II, existía un no reconocido enfrentamiento entre la dictadura y los obispos, que habían dicho “basta” a los desmanes de un régimen que tenía su principal apoyo político en el Partido Colorado, el mismo que hoy está en el poder.

Además, al Gobierno dictatorial no le agradaban algunos actos del programa, como una reunión entre el papa y los “constructores de la sociedad”, como se llamó a los representantes civiles a través de los cuales Wojtyla quería tomar el pulso del país.

En vísperas de que el papa aterrizara en Asunción, proveniente de una gira iberoamericana, el Gobierno comunicó la suspensión de esa reunión. El hecho provocó gran malestar en el Vaticano, que comunicó que el papa no vendría a Paraguay si no se producía ese encuentro.

Ante el ultimátum, que fue transmitido con la habitual discreción del Vaticano, Stroessner reculó y aprobó el acto, un gol por la escuadra a una dictadura habituada a gobernar sin que se le llevara la contraria.

Otro pulso ganado por el papa a Stroessner fue su reunión con grupos indígenas, uno de los sectores más indefensos tanto en dictadura y en democracia.

“Para la dictadura, mostrar a los indígenas era mostrar la indigencia: era una mentalidad nazi. Les daba además miedo que el papa comprobara que la única ayuda a los indígenas era de la Iglesia”, dijo a Efe Mario Velázquez, quien entonces era director comercial de Canal 9, la única cadena de televisión en ese momento.

Fueron victorias ganadas por anticipado por el papa, que al llegar al aeropuerto Stroessner, (como se llamaba entonces el actual Silvio Pettirossi), era esperado por miles de personas que desafiaron la intensa lluvia que cayó durante los tres días de visita.

Stroessner y su plana mayor también aguardaban para dar la bienvenida a Wojtyla, quien desde ese primer encuentro marcó distancias.

Wojtyla, si bien no denunció abiertamente al régimen, cumplió su propósito confeso de “hacer luz sobre los problemas” en su discurso

Wojtyla, si bien no denunció abiertamente al régimen, cumplió su propósito confeso de “hacer luz sobre los problemas” en su discurso

“Desde el principio se notó mucha tensión, parecía como que Stroessner esperaba que el papa dijera algo fuerte en cualquier momento, no hubo roces ni discusiones, pero los encuentros fueron muy tensos “, dijo Velázquez.

Wojtyla, si bien no denunció abiertamente al régimen, cumplió su propósito confeso de “hacer luz sobre los problemas” en su discurso.

“Vino a decir algo así como que se equivocaban quienes querían acorralar a la Iglesia en su templo”, dijo a Efe el escritor y analista Alfredo Boccia, quien además recordó algunos gestos significativos del papa mientras Stroessner leía su discurso en el aeropuerto.

“Hablaba de sus logros y las cámaras de televisión enfocaron las manos del papa tamborileando sus dedos en lo que era un gesto de impaciencia y de hastío”, contó Boccia.

Con esos mimbres comenzaba una visita que miles de compatriotas aprovecharon para lanzar consignas contra la dictadura.

Se escucharon, y así lo reflejaron los medios extranjeros, gritos y eslóganes como “Juan Pablo, amigo, el pueblo está oprimido”, o “democracia y libertad, eso quiere Paraguay”.

Todo en un contexto en el que el papa canonizó al beato Roque González de Santa Cruz, el único santo paraguayo, y cumplió 68 años durante su estancia en tierras guaraníes.

“Fue muy importante, tuvo connotaciones de contestación al régimen”, dijo Boccia.

Stroessner cayó casi un año después, en febrero de 1989, víctima de un golpe de Estado de sus hasta entonces aliados militares, que le permitieron exiliarse a Brasil, donde murió en 2006, a los 93 años.

Chema Orozco – EFE

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