Un universitario medio en un típico pueblo depauperado de de Túnez

Situada a 80 kilómetros de Túnez, a medio camino entre la capital y la ciudad costera de Susa, Gaafur es la típica población del centro sur tunecino, depauperada, con un rampante paro juvenil y el deporte o las horas muertas de café como únicas actividades.

Un universitario medio en un típico pueblo depauperado de de Túnez

Como cualquier día de Ramadán, este domingo hay poca actividad en las calles. Ni siquiera en el entorno de la casa de su vecino ahora más célebre: el autor de la mayor matanza terrorista de turistas de la historia moderna de Túnez.

“Saifedine (Rezgui) era como todos los chicos aquí. Le gustaba mucho el fútbol, sobre todo el Real Madrid, e iba a los cafés con amigos”, explica a Efe uno de los vecinos.

Todos los testimonios recogidos entre los habitantes coinciden en esta manida percepción sobre el fallecido autor de la matanza de 38 extranjeros este viernes en una playa de Susa.

Solo los familiares evitan este día la exposición a los medios. Desde que el viernes fuera identificado como el autor la masacre en Susa, buscan anonimato y soledad.

Solo Alí, su anciano tío, ha asegurado a varios medios que la madre “se hundió” en el llanto, desconcertada y confundida, cuando se le comunicó la noticia.

Horas después, varios agentes se presentaron en su casa en busca de indicios que expliquen porqué un joven así, fan del rap, que vestía como cualquier chico y huía de las barbas y de la moda salafista, consiguió un kalashnikov y abrió fuego a sangre fría contra turistas extranjeros en una playa.

“Las claves están en el ordenador, donde hay rastros de que hasta finales del pasado año visitaba foros vinculados al Estado Islámico (EI), y en sus contactos en Kairauan, donde estudiaba”, explicó a Efe un miembro de los servicios de Seguridad.

El sábado, el primer ministro tunecino, Habib Esseid, reveló que Rezgui estudiaba ingeniería en esta histórica urbe, capital del islam suní en la edad media.

Y aportó un dato que inquieta aún más a los investigadores: no existen registros de que el joven, de 23 años y con nombre de guerra Abu Yahya al Kairauani, hubiera viajado al exterior para recibir entrenamiento.

“Las medidas adoptadas por el Gobierno llegan tarde. Hace más de dos años que los expertos advertimos del problema de la radicalización de las mezquitas. Este es el resultado”, explica a Efe el abogado tunecino Nasser al Hany, quien pide una reforma total y urgente de los servicios secretos.

El jefe del Gobierno, que durante los años del derrocado Zinedin el Abedin Ben Ali trabajó en el ministerio de Interior, ha anunciado un control más férreo de los templos salafistas y una investigación a fondo de sus medios de financiación.

Una táctica que camina hacia los expeditivos métodos policiales de la dictadura caída y de los que el “Nuevo Túnez” intentaba alejarse con medidas como la libertad religiosa garantizada tras el alzamiento.

A 2013 también remonta el periodista tunecino Hedi Yahmed la actual ola terrorista al recordar que ese año Kairauan fue escenario de un multitudinario congreso de la organización radical islámica “Ansar al Sharia”, que según los expertos el Gobierno tardó demasiado en legalizar.

Sería a través de las asociaciones universitarias vinculadas con este grupo como Rezgui se habría radicalizado y lo que le habría permitido ocultar su aparente doble vida a su familia y vecinos en la vecina Gaafur.

“Ansar al Sharia” es una escisión de la red terrorista Al Qaeda y una de los grupos yihadistas más activos del Sahel, con conexiones en Argelia, Mali, Mauritania y especialmente Libia.

A terroristas de esta formación culpa EEUU del mortal ataque a su consulado en Bengasi (Libia) mientras Túnez cree que de sus entrañas salieron los dos hombres que el pasado 18 de marzo mataron a 22 turistas extranjeros en el museo El Bardo de la capital.

Arrestados los padres -bajo interrogatorio-, varios familiares y gente de su entorno universitario, los investigadores tratan ahora de dilucidar si existe una conexión entre ambos atentados, que en apenas tres meses han segado la vida de 61 extranjeros y hundido la economía del país.

Y qué grado de vinculación se puede establecer con Libia, país al que la mayoría de los líderes tunecinos de Ansar al Sharia huyeron cuando finalmente el Gobierno escuchó las voces que demandaban su ilegalización.

“Libia es el gran problema de Túnez a día de hoy. Mientras la inestabilidad impere, Túnez no tendrá paz”, asegura a Efe un antiguo miembro de los servicios de inteligencia.

Túnez es un país pequeño, con la esperanza asida a una transición política modélica pero vulnerable a causa de una evolución económica que no ha ido de la mano y donde los ecos de la contrarrevolución que prenden en países como Egipto empiezan a resonar con creciente e inquietante pujanza.

Tanto en Gaafur, como en Susa o la propia capital, muchos son ya los que dicen “echar de menos los tiempos de Ben Alí”, el sátrapa que mantuvo a los radicales bajo la barra de acero.

 

Javier Martín -EFE

Ningún Comentario

Deja un comentario