“De niño fui violado por un vecino”

“Así mismo, señor, como se lo estoy diciendo me sucedió: Siendo apenas un niño fui violado por un señor, ya fallecido, que era vecino mío”. De esta manera, “El Charly”, como es conocido, comenzó la conversación que sostuvimos. Tuvo el gesto de contactarme vía correo electrónico. “¿Todavía le siguen interesando los casos fuertes? De ser así quiero que, sin dar a conocer mi identidad, quiero que se conozca mi caso. Si le interesa, acá tiene mi número de celular”. Tras señalar horario y lugar para la entrevista, confesó haberme conocido leyendo el primer blog que tuve en la página web de Radio Ñandutí. “Sigo sus publicaciones y vi que le gusta abordar las temas que suelen pasar por alto. Drogas, prostitución, travestismo… Sucede que a las víctimas nos cuesta conversar, y es por eso que la prensa, en muchos casos, no hace énfasis en nosotros. Yo no soy la excepción, pero acá estoy. Un día le dije a mi esposa que si le contactaba iba a contarle todo lo que me sucedió”. De veras que agradezco a “Charly” su gesto, y sinceridad, y, a la vez, aclaro que omití no pocos fragmentos del relato. Por lo alevoso de su descripción, los consideré totalmente innecesarios, y quedaron excluidos de este artículo. Dejo a la imaginación, de todas y todos, los detalles del suceso. “No solo quiero dar a conocer mi caso, sino hacer un llamado de atención a los padres que dejan a los hijos solos: No se confíen de nadie, porque donde menos imaginan, ahí está el peligro”.

Comencemos por la génesis: ¿Cuándo, y cómo, sucedió todo?

Imagínese, sucedió hace más de 30 años, señor. Tenía yo 9 años, y voy a cumplir 40. Vivía en Coronel Oviedo, mi ciudad natal, con mis padres y mi hermano, que es 3 años mayor que yo. A diario quedaba mucho rato solo en casa. Mis padres trabajaban, y mi hermano iba a la escuela. Yo también iba a la escuela, pero tenía un horario diferente. Yo iba a la mañana, y mi hermano a la tarde. Reitero, asistíamos a la misma escuela pública, pero no coincidíamos. Yo llegaba a mi casa, almorzaba, y me quedaba solo esperando a que alguien de mi familia llegara.

Situación que aprovechó su vecino…

Situación, le aclaro, que aprovechó un buen vecino. Y digo buen vecino porque era una persona allegada, y querida, por mi familia. Ese acercamiento facilitó todo.

O sea, llegaba de la escuela, y acto seguido el vecino se personaba en su vivienda.

Aparentemente todo fue casual. Cierto día llegué a casa, almorcé lo que me había dejado preparado mi mamá, y me dispuse a dormir la siesta. Pasados 10 minutos, aproximadamente, sentí que llamaban a la puerta. Cuando abrí era él preguntando por mi papá. Años después entendí que había sido una excusa, porque él sabía perfectamente que mis padres trabajaban. Le contesté que ellos no estaban, que tampoco estaba mi hermano, y que yo estaba solo hasta que alguno de ellos llegara. “¿Siempre estás solo?”, me preguntó, y le respondía que siempre, que de lunes a viernes, a esa hora, siempre estaba solo hasta entrada la tarde. Nunca pensé que con esa respuesta estaba cavando mi propia tumba, por así decirlo.

¿No trabajaba ese señor?

Tenía un negocio familiar. Tenía una pequeña despensa que atendía solo, porque su esposa había muerto, y sus hijos se habían casado, y vivían fuera de Coronel Oviedo. Los 2 mayores en Asunción, y la menor había ido a Buenos Aires a buscar trabajo, y allá se quedó. De hecho, vendió todo en Coronel Oviedo, y se fue a vivir con su hija. Allá murió atropellado por un automóvil. Murió instantáneamente. Dicen que el que venía manejando estaba ebrio, y conducía una velocidad espantosa.

Entonces…

La primera fue como le conté. Cuando le dije que estaba solo, me acarició la cabeza, y se marchó. Todo comenzó al otro día. Cuando regresaba de la escuela, vi que estaba parado en la esquina de casa. Cuando pasé por su lado me dijo que después me iba a llevar un regalo; que me tenía algo que me iba a gustar mucho. Y así fue. Fue a verme con 2 barras de chocolate NESTLE. Él sabía que me gustaban mucho, porque regularmente iba a su despensa a comprarlas.

Atraer a los niños con golosinas es un mecanismo que suelen emplear los pedófilos para atraer a sus víctimas. Barras de chocolate, helados, dulces en general, son usados para conmover la frágil psicología de los menores. Es una especie de carnada.

Con ese gesto, insisto, años después, me di cuenta de que él sabía lo que estaba haciendo; y, también, años después, me hago la misma pregunta: ¿A cuántos niños, o niñas, les habrá hecho lo mismo?

Imagino su alegría cuando vio el “regalo” hecho con “tan buenas intenciones”.

Indescriptible. Me dijo “mira, aquí tienes para que comas algo de postre”. Gracias, gracias, le dije, y lo abracé. Cuando vio que lo abracé, me alzó en sus brazos, y me dio un beso bien pegado a la comisura de los labios. Luego se sentó, y me acomodó sobre sus piernas, y comenzó a manosearme. Se encargó de “enseñarme el juego de las probaditas”. ¿En qué consistía? Muy fácil: Se colocaba un pedazo de chocolate en la boca, y de su boca me daba a probar en la mía. Luego me decía “tienes los labios embarrados de chocolate, déjame limpiártelos”. Y no sacaba pañuelo, o iba a buscar servilleta, sino que me pasaba la lengua.

Refiere “Charly” que, lo anteriormente expuesto, y reitero la palabra que empleé en el inicio de esta transcripción, es la génesis del calvario que le correspondió vivir. Asegura que, paulatinamente, el vecino, como quiso que se le llame para esta entrevista, fue incrementando el nivel de “los juegos”.

Las visitas eran a diario. Lo mismo en mi casa que en la suya, porque, al parecer, se dio cuenta que de yo no vivía solo, y aunque nadie me acompañaba, siempre existía la posibilidad de que alguien pudiera llegar. En su casa se sentía más libre.

“Charly” narra, con gran tristeza, lo que aconteció por espacio de, aproximadamente, 2 años. “El juego de las probaditas”, el manoseo, las cosquillas, los besos… Fue la antesala de lo que todos suponen.

Un día en su casa me convenció de hacía mucho calor y tenía que bañarme. Accedí. Me quitó la ropa, me cargo, y, haciéndome cosquillas, me llevó para la ducha. Cuando me di cuenta, él estaba sin ropa, junto a mí, bañándose. Esa fue la primera ocasión que tuvimos sexo. Fue la primera de muchas.

¿Nunca dijo nada a sus padres?

Nunca. Me tenía amenazado. Me decía que si contaba algo malo le iba a pasar a mi mamá, a mi papá, a mi hermano. Me decía que si preguntaban porqué caminaba con dificultad, que dijera que me había caído jugando fútbol.

¿Ellos tampoco sospechaban nada?

Nadie se iba a imaginar que ese señor hiciera eso. Tenía fama de ser buena persona, de respetar y hacerse respetar. Nos había visto nacer y crecer a muchos. Le cuento que cuando se supo la noticia de su muerte, muchos lo lloraron; mi familia lo lloró porque no sabían lo que había hecho conmigo. Eso se supo después.

¿Cuándo decidió contar a sus padres?

Precisamente cuando supimos que había muerto. Ellos se indignaron, porque nada se podía hacer. En un principio no me querían creer, entonces a mi padre, para salir de dudas, decidió llevarme al médico. Ahí se comprobó todo. Tal era la afinidad de mi familia con él, que cuando fue a vivir a Buenos Aires se le hizo una cena de despedida en mi casa. Cuando vino el hijo a buscarlo para llevarlo al aeropuerto, mi madre se le abrazó llorando, y le dijo pidió, encarecidamente, que no nos olvidara. También le repitió, hasta el cansancio, que en Coronel Oviedo tenía una familia, y una casa donde vivir en caso de querer regresar.

¿Cree que la ida a Buenos Aires fue, en parte, evitando ser descubierto?

Totalmente. Él planificó irse de Paraguay porque yo estaba creciendo, y tuvo temor de que contara todo. Fuera del país el escándalo sería menos. Mis padres, mi hermano, como ya le dije, se indignaron, pero nada se podía hacer. Le sobreviven los hijos que, sinceramente, nada tienen que ver en mi situación. O sea, hacerles partícipes no tenía sentido, porque acordamos hacer silencio. Sabe cómo es gran parte de la sociedad con las víctimas de los pedófilos. Por eso decidí no revelar el nombre de él, porque sería dar a conocer la mía. Porque, por ejemplo, en Coronel Oviedo, “Charly”, hay muchos, pero un hombre de casi 40 años, que todos le llaman “Charly”, que fue violado por un señor de nombre X, ese hay uno solo y soy yo. Si nada más insinúo quien fue mi victimario, sabrán quién soy, y eso no quiero. Que se conozca mi historia, pero hasta ahí. Además, fue una promesa que le tengo hecha a mi mamá, y la voy a cumplir.

“Charly”, con el decurso del crono, y sin poder borrar las secuelas del castigo sexual que sometido, habla orgulloso de su status actual.

Con mucho esfuerzo pude titularme en la Universidad Nacional de Asunción. Soy Ingeniero Industrial, tengo 3 hijos, y una esposa adorable. Mis padres aún viven, y mi hermano me dio la posibilidad de ser trío por partida triple. ¡Se imagina cuando coinciden en casa de mis padres esos 6 niños!

Las huellas, sobre todo psicológicas, de “Charly”, son imperecederas, no obstante, se considera un ser humano feliz.

Sé que, desafortunadamente, mi historia puede ser como la de otros niños que fueron víctimas de pedófilos, por eso hago un llamado a los padres para que, en lo posible, no pierdan de vista a sus hijos, No se confíen de nadie, por mucha confianza y estima que se le tenga a una determinada persona. No se sabe dónde puede estar acechando el peligro.

Un Comentario

Ricky Lorenzana

La historia de esta victima tiene todas las caracteristicas de un bochornoso hecho que sucede muy frecuentemente. Cuando los padres no le ponen a sus hijos al atención debida, es cuando existe el peligro de que stos seres ignominiosos si les “presten” atención a los niños y los victimizen dejándoles cicatrizes que han de perdurar por siempre…

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