Se adelanta el fantasma de la reelección

¿Qué ocurre de pronto en el escenario político, en la relación entre los partidos, entre el Ejecutivo y el Parlamento, entre el Ejecutivo y su partido o entre el Ejecutivo y la prensa, que eran todos tan amigos? Parece ser una querella, cuyos términos no aparecen a la luz del día, sino que habitaN en las trastiendas, entre las bambalinas, en una selva de sobreentendidos y subentendidos. El posible nombre de ese fantasma es: La reelección presidencial.

La trayectoria del actual presidente Cartes fue silenciosa, eficaz, ordenada y discreta. Primero apoyó financieramente las candidaturas de un coloradismo derrotado por Lugo y el liberalismo, porque estar fuera del gobierno, para un partido como el colorado, es un cruel destino. Eso le permitió a la ANR ganar las municipales en tiempos difíciles.

Cartes conquistó luego la Junta de Gobierno y la Convención del Partido Colorado. Impulsó un cambio de los estatutos partidarios para poder candidatarse a la presidencia. Lo hizo, venció en la interna y repitió cómodamente en las elecciones presidenciales. Antes había sido el árbitro que bajó el pulgar a un Lugo traicionado por los suyos. El entonces novel líder dio luz verde a la deposición del presidente, en contra de Lilian Samaniego, presidenta de su partido.

En su primer año de gobierno Cartes logró con poco ruido y muchas nueces una concentración de mando que no había tenido nadie en el tiempo de la democracia, después del general Rodríguez. Todas sus propuestas y leyes fueron aprobadas. Todos sus vetos fueron victoriosos (como su oposición en gravar la exportación bruta de granos). Hubo luz verde para movilizar las Fuerzas de Tareas Conjuntas (FTC) en el norte. Hubo apoyo a su Ley de Responsabilidad Fiscal y a su proyecto principal: La Alianza Público Privada. Había un pacto sólido con la oposición mayoritaria liberal y con la minoría de Avanza País. Eso le daba una confortable mayoría propia en Diputados y una fácil mayoría en Senadores.

Si el discurso de Cartes -el oficial- disentía de los gobiernos anteriores en la estrategia de gobierno, no disiente en absoluto en los fines proclamados desde la presidencia de Lugo. Estos son la lucha contra la pobreza, el crecimiento, la estabilidad económica y la apertura internacional. Además, tenía la indulgencia plena de la prensa.

Se forma un grupo parlamentario colorado que actúa como oposición: el G15

Se forma un grupo parlamentario colorado que actúa como oposición: el G15

En la estrategia de gobierno sí hubo un verdadero giro estratégico conservador. El nuevo gobierno se propuso dar más y también pedir más a los empresarios. Gobernar con ellos. La propuesta de alianza público privada busca el enriquecimiento privado y el bien común en la misma jugada. Que el bien común sea un buen negocio y que los empresarios tengan responsabilidad social, cuando antes habían sido financistas de candidaturas políticas y sustento de su gestión, mientras tanteaban capturar al gobierno para sus intereses expresados en el Estado mínimo, el paraíso fiscal, las excepciones, la tributación regresiva, el descuido ecológico y la desprotección social. En pocas palabras: la no responsabilidad social.

Con viento a favor a nivel mundial, había una fuerte expansión local en la producción agropecuaria, financiera y de la construcción, lo que se tradujo un crecimiento económico vigoroso así como en mejoría real de los niveles de la extrema pobreza y de la pobreza, que se redujo a la mitad. Todo parecía funcionar, salvo por una inercia negativa en la gestión estatal. La administración pública siempre estuvo algo engranada, aunque no con palos, pero sí con arena en las ruedas.

Hoy vemos otra película en otro canal de la realidad. Una mayoría parlamentaria cuestiona la política del Ejecutivo. Le modifica la ley que le permitía gestionar las alianzas público privadas sin necesidad de negociar previamente con el parlamento. Buena parte del Partido Colorado resiste a los candidatos que son ‘caballos del comisario’, del presidente. Se forma un grupo parlamentario colorado que actúa como oposición: el G15.

Una desmentida desmiente poco

José Carlos Rodríguez

Esa lidia recorre el país, en las candidaturas municipales y en las candidaturas partidarias. La falta de solidaridad desencadenó infidencias, filtraciones y recriminaciones. Se denuncia y retracta el avance de la narco política, el robo en la administración pública, las expresiones fallidas del presidente y las fallas de los organismos de seguridad. La crítica se volvió epidémica. ¿Qué cosa agita las aguas políticas que se vuelven turbias?

Hay un telón de fondo socio-económico. La economía local y latinoamericana ya no se beneficia de condiciones internacionales tan favorables. Las políticas de protección hacia los más vulnerables avanzaron, pero empeoró la cuestión social. La tradición clientelar-populista del coloradismo no armoniza con la propuesta empresarial público-privada del gobierno, que rompe con el anterior subcontrato social entre la economía y la política. Está el litigio inevitable del año electoral.

Pero hay un nivel de intensidad muy grande que no se explica por todas estas circunstancias.

El actual esfuerzo y la pasión del presidente Cartes destinados a controlar el Partido Colorado estarían exacerbados por la reelección

El actual esfuerzo y la pasión del presidente Cartes destinados a controlar el Partido Colorado estarían exacerbados por la reelección

En voz baja se sospecha que es, de nuevo -esta vez en forma muy precoz- el fantasma de la reelección presidencial. El sueño que desveló a los presidentes Andrés Rodríguez, Juan Carlos Wasmosy, Nicanor Duarte Frutos y Fernando Lugo, estaría ahora desvelando al presidente Horacio Cartes. El actual esfuerzo y la pasión del presidente Cartes destinados a controlar el Partido Colorado estarían exacerbados por ese motivo. Si no, para qué querría un presidente, que ya llegó al máximo y último cargo, seguir controlando el partido que ya le dio el poder y enfrentar una amenaza interna desestabilizadora para su gobierno, como fue el finado Lino Oviedo en la administración de Wasmosy o Castiglioni en la de Nicanor.

Por otro lado, se han acumulado ex presidentes políticamente activos e interesados en su reelección: Fernando Lugo, Federico Franco y Nicanor Duarte Frutos. Hay más condiciones favorables que antes para plantear la reelección que supone un cambio constitucional con mayoría calificada. Quizás sea esta batalla la que esté considerando el presidente, aunque actualmente afirme lo contrario. Pero antes de lanzarse, todo candidato considera esa posibilidad buscando el momento oportuno para tomar la decisión o para hacerla pública. Una desmentida desmiente poco.

Una cosa que varía en relación a sus antecesores: El fantasma suele aparecer después de los tres años de gobierno, cuando el término del mandato se aproxima, cuando comienza pensarse más en el futuro candidato que en el gobernante. Ahora no es así, el fantasma de la reelección parece llegar adelantado.

José Carlos Rodríguez


Este artículo forma parte de la edición N° 31 de Economía y Sociedad, publicación perteneciente al Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (CADEP)

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