Lynch, la fiscal de EEUU que goleó a FIFA sin saber lo que es fuera de juego

La primera afroamericana nombrada fiscal general de EEUU, Loretta Lynch, se ha ganado en los casi dos meses que lleva en el cargo el respeto mundial al marcar a la FIFA la mayor goleada de su historia sin necesidad de saber lo que es un fuera de juego.

Descrita por el presidente de EEUU, Barack Obama como “dura, pero justa”, “firme, pero bondadosa”, Lynch ya se ha hecho notar dentro y fuera del país por “su implacable enfoque” de la Justicia, destacó el propio Obama esta semana en la ceremonia de investidura de la procuradora.

Llegó al poder con el drama racial de Baltimore, dio su primer golpe sobre la mesa con una multa millonaria a cinco de los mayores bancos del mundo y saltó a la fama el pasado mes de mayo, cuando anunció una macro-investigación por corrupción contra la, hasta entonces, intocable FIFA.

Como fiscal federal del Distrito Este de Nueva York, entre 2010 y 2015, Lynch se encargó de conectar las pruebas obtenidas por el FBI, así como de firmar y redactar muchos de los escritos de acusación que describen los delitos de los 14 dirigentes futbolísticos imputados.

Con su multitudinaria comparecencia de mayo en Brooklyn para denunciar la trama de fraude, corrupción y sobornos, Lynch, de 56 años de edad, incrementó vertiginosamente su popularidad y captó la atención mediática, sobre todo de los aficionados al fútbol.

Las búsquedas en Google para averiguar quién es Lynch alcanzaron su pico más alto en el momento de su nombramiento en abril y lograron su segunda cresta en mayo, cuando sin levantar la voz denunció la trama de compraventa de voluntades e hizo temblar a la mayor organización internacional de fútbol.

La mano de Lynch llegó esta semana a la Copa América, que se celebra en Chile y está marcada por la ausencia de los máximos responsables de las federaciones sudamericanas de fútbol, algunos arrestados en la redada de Zúrich (Suiza) y otros a resguardo del escarnio público y la ira de los patrocinadores.

En línea con el silencio institucional de la Copa América, el presidente en funciones de la FIFA, el suizo Joseph Blatter, decidió cancelar su visita el sábado a Nueva Zelanda para presenciar la final del mundial sub-20.

Sin que le temblara el pulso, Blatter, en el ojo del huracán, se presentó a la reelección para su quinto mandato dos días después del anuncio de las imputaciones para luego dimitir y seguir, por el momento, al frente de la FIFA hasta unas nuevas elecciones para las que todavía no hay fecha.

“Este es solo el comienzo de nuestro esfuerzo para erradicar la corrupción en el fútbol internacional”, avisó Lynch, cuyo siguiente paso ha sido investigar la concesión de los mundiales de fútbol de Rusia en 2018 y de Catar en 2022, desatando las reticencias y el enfado del presidente ruso, Vladimir Putin.

Con tintes geopolíticos, la pugna judicial tiene como escenarios Zúrich (Suiza), donde tiene su sede la FIFA, y EEUU, cuya Justicia en el papel de “policía del mundo” no conoce límites cuando se trata de castigar a quienes violan la ley y afectan al país norteamericano, en el que el fútbol está lejos de ser el deporte rey.

Para justificar las peticiones de extradición de los mandatarios de la FIFA, Washington argumentó que las negociaciones para intercambiar influencias y dinero ilícito tuvieron lugar en su territorio y que, además, luego se utilizaron, sus bancos de Wall Street para blanquear los sobornos.

Sin embargo, el terremoto no se limita a EEUU o Suiza y los cánticos contra la corrupción de la FIFA los han entonado diferentes mandatarios sudamericanos, europeos y hasta el Parlamento Europeo, que pidió a Blatter que cediese su puesto a un dirigente provisional “inmediatamente” tras el estallido del escándalo.

Sumergida en el fragor de la batalla, queda por ver cuál será el plan de “posguerra” de Lynch para conseguir que los acusados confiesen y den pistas sobre las “raíces profundas” de una trama que supuestamente, desde despachos de cristal, convirtió un deporte vibrante en una máquina de blanqueo de dinero.

Beatriz Pascual Macías –  EFE

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