El pueblo camboyano estigmatizado con el sida debido a un doctor sin licencia

El agricultor Luem Laom recuerda su incredulidad cuando le dijeron que tenía el virus del VIH, contraído por una jeringuilla contaminada utilizada por un curandero, el primero de los más de 260 casos que ha estigmatizado a un municipio entero en Camboya.

El pueblo camboyano estigmatizado con el sida debido a un doctor sin licencia

Sentado en el patio de su modesta casa de madera en el pueblo de Roka, en la rural provincia de Battambang, el campesino de 51 años rememora aquellos días en los que le empezaron a fallar las fuerzas en el arrozal y decidió ir al centro de salud a finales de 2014.

“Soy una persona honesta y nunca he mantenido relaciones fuera del matrimonio”, repite el agricultor a Efe mientras a su alrededor los niños de su familia jugaban entre las hamacas y los mayores se resguardaban del sol camboyano en la sombra de las palmeras.

Tras una segunda prueba que confirmó sus miedos, convenció a la jefa de la comunidad para que realizase pruebas al resto de los vecinos: en diez días se dieron más de cien casos, incluida su mujer, dos de sus hijos, su padre y su sobrina.

Investigaciones policiales apuntaron a Yem Chrin, un doctor sin licencia, y las muestras de los viales y jeringuillas en su jardín confirmaron que era el culpable de la catástrofe, pero el Gobierno tardó varios días en reaccionar.

“Hasta el momento, estoy convencido al 99 por ciento de que no es SIDA”, afirmó el primer ministro, Hun Sen, diez días después de Roka lanzase el mensaje de socorro. “Si de 800 personas 106 están infectadas, es nuestro fin”, argumentó al diario local Cambodia Daily.

Tras las dudas iniciales, las autoridades y organizaciones no gubernamentales actuaron con celeridad entregando medicamentos antirretrovirales, suministros y servicios médicos, pero la vida de la gente de Roka cambió de forma radical.

Seis meses después del 8 de diciembre en el que se anunciaron los primeros casos, el curandero se encuentra preso acusado de homicidio y 7 ancianos y un bebé de 7 meses han fallecido por síntomas desarrollados por el sida.

Según el último informe de ONUSIDA, las campañas contra el VIH han reducido el número de casos sobre el total de población entre 15 y 49 años del 1,6 por ciento en 2000 al 0,6 por ciento en 2015, y el acceso a los antirretrovirales es de los más amplios en la región.

Aún así, un fuerte estigma acompaña a la enfermedad, que se asocia a la prostitución, la homosexualidad y la drogadicción.

El director del departamento de Salud de la provincia, Sou Sanith, reconoce que lo primero que hay que superar es “el temor a que la gente de fuera les apunte con el dedo” y “vencer la propia vergüenza”.

Un ejemplo son las bodas, que en Camboya duran hasta tres días y tienen una gran importancia social: “están prácticamente vacías desde que empezó este problema”, se lamenta Sanith.

El español Enrique Figueredo, cuya prefectura en Battambang es una de las organizaciones que apoyan al municipio, afirma que no se puede ignorar la pobreza dentro de la desgracia vivida por esa comunidad.

“Si estas personas tuvieran más medios se solucionaría más rápido. Es un problema de desarrollo básico, de educación y de acceso a la Sanidad”, opina Figueredo.

El sacerdote avisa del peligro de la discriminación ya que “muchos niños han dejado de estudiar” y la gente “se siente paralizada” a la hora de buscar trabajo por el miedo al rechazo.

Como respuesta al contagio masivo, el ministerio de Sanidad camboyano anunció el pasado jueves que las investigaciones iniciadas desde diciembre han identificado a 3.000 doctores sin licencia en el país.

No obstante, el problema no se limita a la regulación.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) critica en su último informe que el Gobierno de Camboya debería haber invertido más en servicios sociales dentro del alto crecimiento económico de los últimos años.

El 80% de la población camboyana vive en zonas rurales y la mitad recurre a practicantes sin cualificación, que en muchas ocasiones son autodidactas y cuentan con escasos medios, según la OMS.

Además, la población de doctores es de las más bajas de la región, 0,2 por cada 100.000 personas en 2012 según el Banco Mundial, un legado de la guerra civil y el régimen genocida del Jemer Rojo que persiguió especialmente a cualquiera que tuviese educación.

Es situación provoca una alta dependencia de la ayuda al desarrollo extranjera, que supuso un quinto del presupuesto anual en Sanidad en 2012.

Para Luem Laom, las medidas del Gobierno no significan gran cosa ya que todavía no entiende porqué el médico actúo así y tiene claro que jamás volverá a acudir a un curandero.

“No tengo esperanza en los doctores, me han contagiado la enfermedad, que está vista en Camboya como algo terrible desde hace mucho tiempo. Todo el que la tenga será odiado y mirado con desprecio”, dice el agricultor triste pero con entereza.

Ricardo Pérez-Solero –  EFE

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