Las estaciones de tren italianas, improvisados campamentos para inmigrantes

El sistema de acogida de inmigrantes de Italia se encuentra al borde del colapso y, debido a esa situación, cientos de refugiados vagan por las estaciones de tren, convertidas en improvisados campamentos, a la espera de proseguir su viaje hacia otros lugares de Europa.

Italia, zona paso entre dos continentes, África y Europa, afronta una delicada situación debido al masivo e incesante flujo de inmigrantes que llega a sus costas sureñas, huyendo de la miseria o de los conflictos armados que sufren sus países de origen.

El Ministerio italiano del Interior informó hoy a Efe que, desde el 1 de enero de este año hasta ayer, el número de inmigrantes que han desembarcado en el país asciende a 56.738.

Una cifra elevadísima que ha desbordado la vasta red de centros de acogida dispuesta por el Estado italiano, que se ve ahora incapacitada para dar cobijo a más personas.

Una situación que, además, cuenta en la actualidad con una particularidad: el cierre del espacio europeo de Schengen hasta el próximo 15 de junio debido a la ya finalizada cumbre del G7 celebrada en la localidad alemana de Elmau.

Por esa razón, numerosos inmigrantes que, tras ser rescatados en alta mar, trataban de alcanzar los países del norte de Europa a través de Italia se encuentran bloqueados en las principales estaciones ferroviarias del país, explicó hoy a Efe Laura Bastianetto, portavoz de la Cruz Roja italiana.

Estas personas se han visto obligadas a hacer un inesperado alto en su periplo y a buscarse la vida en las proximidades de las estaciones ya que los saturados centros de acogida no tienen espacio disponible.

Bastianetto señaló que, en el caso de Roma, cerca de 500 inmigrantes de nacionalidad etíope y eritrea deambulan por los alrededores de la Estación Tiburtina, la segunda en importancia de la capital después de Termini.

Bajo un abrasador sol, permanecen a la sombra de los árboles, en penosas condiciones higiénicas, sin baños y tumbados sobre cartones o sobre los bártulos que han conseguido arrastrar hasta esta parte del Mediterráneo.

Reciben la ayuda de personas del barrio, que les llevan cajas de pizza o botellas de agua, pero también de organizaciones humanitarias como la Cruz Roja, que ha trasladado a la zona una unidad móvil y ha fijado un campamento para proporcionar a estas personas asistencia sanitaria y comida.

La portavoz de esta organización explicó que al día se registran entre 50 y 60 pacientes afectados, especialmente, por problemas dermatológicos y quemaduras contraídas durante su viaje en la embarcación en la que han atravesado el Mediterráneo.

Además, dan seguimiento a los tratamientos que les fueron aplicados una vez desembarcados en los puertos meridionales del país.

Lo que ocurre en la capital italiana se asemeja a la situación de la norteña ciudad de Milán, donde otros quinientos inmigrantes viven literalmente en su Estación Central que cuenta ya con un centro sanitario fijo y con una ambulancia para los casos más graves.

Estas personas, al igual que en Roma, se ven obligados a esperar en la estación ferroviaria puesto que los tres centros de Milán se encuentran saturados y los pocos puestos que se liberan son destinados prioritariamente a mujeres y niños.

La cuestión sanitaria de los inmigrantes preocupa mucho a las autoridades italianas puesto que, según han informado los medios de comunicación, en la estación milanesa ya se han registrado cerca de quinientos casos de sarna y algunos de malaria.

Mientras, los Estados de la Unión Europea (UE) mantienen un tenso debate sobre el número de inmigrantes que están dispuestos a acoger, después de la iniciativa planteada por la Comisión Europea el pasado mes.

En el caso de Italia, la cuestión de la inmigración es un cóctel explosivo en el que contrasta la solidaridad de numerosas organizaciones humanitarias y las encendidas críticas lanzadas desde algunos actores sociales o partidos políticos.

Y es que este tema se ha convertido en un arma arrojadiza en la vida política y un recurso electoral para formaciones como la xenófoba Liga Norte (LN), convertida en bestia negra de los que consideran “clandestinos”.

Gonzalo Sánchez – EFE

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