Hambre y libre comercio: una relación compleja sin una receta clara

Igual que el libre comercio ha contribuido al desarrollo de distintos países, también puede hacer peligrar la seguridad alimentaria en otros, una cuestión compleja y de difícil respuesta.

Hambre y libre comercio: una relación compleja sin una receta clara

Así, por ejemplo, el economista de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) George Rapsomanikis afirmó hoy en declaraciones a Efe que el libre comercio es un “asunto sensible” cuando se relaciona con la alimentación de las personas.

Actualmente no solo imperan los planteamientos más liberales, sino que muchos países siguen apoyando su agricultura local con subsidios, ayudas directas a los productores o medidas proteccionistas, entre otras.

Ese apoyo “distorsiona en parte” el mercado internacional, aseguró Rapsomanikis.

A su juicio, los países ricos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) continúan respaldando el sector primario, pero menos que antes y al margen de la producción, mientras que en Estados emergentes como China o la India esas ayudas están aumentando.

La principal preocupación de estos dos países, dijo, es que “tienen mucha población pobre y una gran inseguridad alimentaria, por lo que intentan aumentar su producción” para alimentar a los más vulnerables.

El caso indio es paradigmático, ya que llegó a paralizar en 2013 de manera temporal las negociaciones para un acuerdo en la Organización Mundial del Comercio, en defensa de su política de subsidios agrícolas.

En otros casos, los países en desarrollo optaron por restringir las exportaciones y prohibir las importaciones para garantizar su producción interna cuando hace unos años trataban de mantener su producción interna mientras los precios de las materias primas estaban al alza.

“En África ciertos países quisieron protegerse prohibiendo las exportaciones, aislando su sector agrícola sin que los precios aumentasen, y crearon dificultades en los países vecinos y tradicionales socios de comercio”, argumentó Rapsomanikis.

En el informe divulgado esta semana por las agencias de la ONU en Roma sobre el estado de la inseguridad alimentaria en el mundo se aborda la relación entre el comercio y el hambre sin una receta clara.

Las Naciones Unidas recomiendan de forma genérica que los países apliquen con flexibilidad las medidas “más efectivas” para evitar que la seguridad alimentaria peligre con las prácticas de libre comercio, el cual -reconocen- no es “ni una amenaza ni la panacea”.

Se trata de un llamamiento a adaptarse al mercado agrícola actual, que ha pasado de la estabilidad a la volatilidad de los precios, cada vez más condicionados por los cambios en la economía o el clima.

El informe de la ONU cita por igual ventajas e inconvenientes del libre comercio en la agricultura.

Por una parte, ese fenómeno dinamiza la producción local con más inversiones, aumenta la variedad de alimentos disponibles, los precios disminuyen en aquellos países acostumbrados a importar alimentos y se promueven sistemas de control internacionales y una dieta más equilibrada.

Sin embargo, el estudio también alerta de que los países exportadores netos de alimentos pueden acabar destinando sus productos al mercado internacional cuando los precios están al alza y dejar sin suministro a la demanda interna, así como perder competitividad o capacidad de reacción cuando haya desequilibrios.

La experiencia, además, varía de país a país. La ONU admite que las reformas económicas en China han reducido la pobreza y el hambre, y el comercio ha jugado un papel clave para estimular su crecimiento.

En Nigeria y Chile la apertura al libre comercio ha incentivado la producción agrícola, al igual que en Perú, que combinó esa transformación con programas sociales para evitar efectos negativos en la población más desfavorecida.

Del lado contrario, Guatemala, Kenia, Senegal y Tanzania han visto cómo su lucha contra el hambre se ralentizaba ante el impacto del libre comercio, según el informe, que ve en la falta de acceso al crédito y otros recursos uno de los impedimentos para el desarrollo agrícola en este mundo globalizado.

Belén Delgado/EFE

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