A Favero, el Estado le debe pagar 39 dólares (y no 4.000) por hectárea

Parlamentario del Mercosur y ex Coordinador de la Comisión de Entes Binacionales Hidroeléctricos (2008-2012).

El Senado le ha dado media sanción a la expropiación de 11.281 hectáreas del amigo de Stroessner, Tranquilo Favero, el “rey de la soja”, y actual protegido de Horacio Cartes. Favero paga 1.979 Gs por hectárea de impuesto inmobiliario por sus riquísimas tierras en Ñacunday. Sí, amigo lector. Leyó bien: mil novecientos setenta y nueve guaraníes, o bien menos de 0,4 dólar por hectárea. Así lo atestigua un recibo del año 2013 de la Municipalidad de Ñacunday.

Ello quiere decir que el valor fiscal de sus tierras –como el impuesto inmobiliario es del 1%– es de (1.979 x 100 =) 197.900 Gs, o bien (197.900 : 5.100 Gs/US$ =) 38,8 dólares por hectárea, una miseria, una estafa al fisco. Ni el uno por ciento de lo que verdaderamente vale (precio de mercado).

Si Favero paga sus impuestos en base a un valor fiscal de 197.900 Gs/hectárea, o bien menos de 39 dólares por hectárea, lo justo es que el Estado lo indemnice al mismo valor. ¿O es que el Estado cobrará impuestos valorando la tierra privada en 39 dólares y luego la pagará a 4.000 US$, cien veces más cara, al latifundista? Eso no hace un Estado serio, aunque sí una dictadura latifundista, como desgraciadamente padecemos desde 1870, cuando la oligarquía local –aliada a las oligarquías de Brasil, Argentina y Uruguay– fue autora del peor genocidio de la historia latinoamericana a fin de apropiarse, en conjunto con otras oligarquías, de la tierra paraguaya, que era en un 98% pública.

Saldrán los latifundistas –Favero y sus aliados, Cartes y compañía, utilizando a algún jurista a sueldo– a decir que es inconstitucional pagar por adelantado, al latifundista, menos que el “precio de mercado”, aún cuando los impuestos se paguen según el valor fiscal.

La Constitución no dice eso. Al contrario, establece que la previa indemnización (art. 109°) es obligatoria “salvo los latifundios improductivos destinados a la reforma agraria”. A su vez, en el artículo correspondiente a los latifundios improductivos (art. 116°) establece que “la expropiación de los latifundios improductivos destinados a la reforma agraria será establecida EN CADA CASO POR LA LEY, y SE ABONARÁ EN LA FORMA Y PLAZO QUE LA MISMA DETERMINE”. Vale decir, no rige el previo pago, ni el precio de mercado, sino que la Ley es la que debe determinar “la forma y plazo… en cada caso”.

¿Es un latifundio improductivo la tierra de Favero en vías de expropiación? Por la cantidad de empleos generados –ni el 1% del empleo que genera una finca campesina– indudablemente es un latifundio improductivo, pues genera 100 veces menos empleo que la pequeña finca.

La Constitución habla, también, de “una justa indemnización” en caso de expropiaciones (art. 109°). ¿Es “justo” que quien paga impuestos en base a valores fiscales ridículos no deba ser indemnizado por el mismo valor, ya fijado por el fisco y ACEPTADO por el latifundista? ¿O es que el fisco tendrá un valor ridículo para cobrar impuestos y otro valor exagerado –100 veces el valor fiscal– para expropiar? Esa práctica –avivada– que pretenden imponer los latifundistas es cualquier cosa menos “justa”, como obliga la Constitución. Y la Constitución se debe cumplir.

Así que, Favero, comience aceptando que recibirá menos de 39 dólares por cada hectárea –si hay justicia– y tan sólo 0,4 millón de dólares por las 11.281 hectáreas, cuya expropiación inició el Senado, y no los 40 millones de dólares que Ud. pretende cobrar.

De esta forma, la expropiación no será ningún “elefante blanco” –como dicen los asalariados de latifundistas– sino que se generarán 2.200 empleos (2 puestos por finca de 10 ha, como genera la agricultura familiar campesina), con una inversión de tan sólo 0,4 millón US$.

Un Comentario

Hugo Lopez

Esto es una verdadera injusticia, por eso es justo denominarlo tierra malhabida, porque este sojero sinvergüenza utilizo su influencia política o su amistad con los amos de turno del gobierno para adjudicarse estas grandes extensiones de tierra. La cuestión de la tierra constituye un viejo problema en nuestro país y no es porque los campesinos sean haraganes, simplemente la reforma agraria no se aplica para tales por esta razón vamos de mal en peor, por tener autoridades antipatrioticos, que se convierten en complices de la destrucción y degradación de la tierra y por consecuencia la alteración del ecosistema dando vía libre a los agroexportadores que sin pagar impuesto hacen lo que se le antoja con lo que es nuestro.

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