Una “internacional chií” acude en socorro de Al Asad

Una miríada de grupos chiíes ha acudido a Siria para luchar junto a las tropas del régimen de Bachar al Asad en su particular yihad, no solo contra organizaciones como el grupo Estado Islámico (EI) o el Frente al Nusra, sino también contra brigadas suníes sirias de la oposición.

De todas las facciones chiíes que operan en suelo sirio, la más conocida es quizá la libanesa Hizbulá, aunque también combaten otras de este credo originarias de diversos Estados.

Pese a su amplia variedad, las fuentes chiíes consultadas por Efe coinciden en que su objetivo común es la “defensa de sus lugares santos” en Siria frente a la amenaza de los “terroristas takfirí” (musulmanes radicales).

Uno de los grupos de más reciente aparición es la Brigada de los Fatimíes Afganos, integrada por guerrilleros de esta nacionalidad, así como iraníes y sirios, explica por internet un portavoz de este movimiento.

Aunque no conceden entrevistas, la fuente admite a Efe que en Siria tienen desplegados “muyahidines” (combatientes de la yihad o guerra santa) de Afganistán, Irán y de la propia Siria.

“Queremos defender al pueblo sirio y proteger el santuario de Sayida Zeinab en la guerra contra el Frente al Nusra y el EI”, detalla el portavoz de la Brigada de los Fatimíes Afganos, cuyo nombre hace referencia al califato chií de los fatimíes (909-1.171 d.C.), que abarcó parte de África y Oriente Medio.

La defensa de la mezquita de Sayida Zeinab, en el sur de Damasco y lugar de peregrinación de los chiíes, es una constante en su argumentario para justificar su presencia en Siria.

Sayida Zeinab, cuyos padres eran Fátima, hija del profeta Mahoma, y el imán Alí, fue capturada por el ejército del califa omeya Al Yazid, tras la muerte en el año 680 en Kerbala (Irak) de su hermano Husein.

Precisamente, el fallecimiento de este último supuso el inicio del cisma entre chiíes y suníes.

La fuente de la Brigada de los Fatimíes Afganos rehúsa precisar en qué lugares de Siria operan, aunque la ONG Observatorio Sirio de Derechos Humanos ha documentado su presencia en los recientes combates que libran el régimen sirio, el Frente al Nusra y otras facciones en las provincias de Idleb y Alepo.

Razones similares para el envío de hombres a territorio sirio esgrime Naim Abudi, el portavoz del grupo chií iraquí Asaib Ahl al Haq (la Liga de los Honestos).

Esta organización junto a las Brigadas de Abu Fadl Abás son los dos principales movimientos chiíes iraquíes que luchan con las tropas de Al Asad.

Por “cuestiones de seguridad”, Abudi también rechaza especificar a Efe el número de combatientes de que disponen y los sitios donde están desplegados.

En paralelo, Asaib al Ahl al Haq lucha también en su país de origen, Irak, donde nació como una escisión del Ejército del Mahdi, leal al influyente clérigo iraquí Muqtada al Sadr, durante los años de ocupación estadounidense en Irak (2003-2012).

Con la marcha de los estadounidenses, dejaron las armas pero decidieron volver para plantar cara al EI.

Aun así, esta organización radical suní, no es su único enemigo en Siria: allí, “hay más de una facción extremista representada por los terroristas del Frente al Nusra y el Ejército del Islam”, afirma Abudi, que acusa a Arabia Saudí y Catar de ser el principal sostén financiero del “terrorismo”.

No obstante, como organización chií, Abudi no oculta que Asaib Ahl al Haq recibe respaldo de Irán, que también tiene milicianos en Siria y es aliado de Al Asad, que es de credo alauí, una secta del chiísmo.

“Lógicamente tenemos relación con Irán, pero siempre se canaliza a través del Gobierno iraquí, la ayuda logística y de material que nos presta”, dice el portavoz.

Según explica, son un “movimiento islámico”, por lo que también obtienen “fondos de las donaciones de fieles (chiíes)”. Además, Abudi destaca que, en el caso de Siria, funcionan en cooperación con sus autoridades.

Pese a esta “internacional chií”, el EI ha conquistado en las últimas semanas gran parte del desierto central sirio, fronterizo con Irak, donde también ha progresado, sin que tampoco la coalición internacional, liderada por EEUU, le haya podido poner freno.

Comparten el mismo enemigo, pero Abudi reconoce que no existe ningún tipo de colaboración porque, opina, “la injerencia de EEUU es negativa”, a la luz del historial de intervenciones de Washington en la región, y en concreto en Irak.

Y aunque actualmente la opción militar es la que está sobre la mesa para derrotar al EI, aboga por una salida política y diplomática en Siria e Irak, porque según advierte, “no habrá solución con armas”.

EFE

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