Una pareja transexual reclama el derecho a casarse en Tailandia

La activista tailandesa Yollanda “Nok” Suanyot y su novio Ronnakrit Hamichart, ambos transexuales, pueden en teoría casarse, pero piden un cambio legislativo en Tailandia para hacerlo según su sexo actual y no con el que nacieron.

Una pareja transexual reclama el derecho a casarse en Tailandia

Generalmente, los transexuales no pueden contraer nupcias en Tailandia porque la ley no permite que cambien el sexo en sus documentos de identidad y las bodas homosexuales no son legales en este país.

El caso de Yollanda y Ronnakrit es especial, porque tienen diferente sexo, pero entonces ella aparecería como hombre y él como mujer en el acta de matrimonio, algo que ambos rechazan.

“Aunque en teoría pueda, no quiero casarme como hombre. Solo lo haré si es como mujer; solo quiero casarme como mujer y de forma legal”, afirma en una entrevista con Efe Yollanda, que en 2012 se convirtió en la primera política transexual en Tailandia.

Parecen una pareja corriente, elegantes y con gusto por la ropa de diseño, pero sus carnés de identidad revelan un sexo falaz que les impide realizar gestiones tan sencillas como identificarse sin temor a ser rechazados en el banco o en un aeropuerto.

No pocos los reconocen en la calle, sobre todo porque Yollanda, además de ganar un escaño en la diputación de la provincia de Nan, en el norte del país, fue miembro del grupo musical Venus Flytrap y ahora también es presidenta de la Asociación Tranfemenina de Tailandia.

Licenciada en Sociología por la Universidad de Thammasat, una de las más prestigiosas del país, la activista está realizando un doctorado sobre la salud y calidad de vida de los transexuales en Tailandia.

Según Yollanda, el Gobierno debería apoyar financieramente a los transexuales, ya que solo la operación de reasignación de sexo cuesta unos 150.000 bat (4.400 dólares o 3.900 euros), una cantidad considerable en un país donde el salario mínimo es 300 bat diarios.

Además, las personas con disforia de género, es decir, transexuales, tienen que hacer frente a costosos tratamientos hormonales.

“En España las operaciones son gratis, ¿no?”, espeta con una mirada de esperanza.

La política celebra que las autoridades tailandesas estudien la posibilidad de incluir en la próxima Constitución un artículo contra la discriminación de los transexuales.

La propuesta no reconocería otros derechos a este colectivo, pero sí abre la puerta a nuevas leyes que utilicen este artículo como justificación para otros avances, como poder cambiar el sexo en sus documentos de identidad.

Es habitual ver “kathoey”, como son llamados los transexuales en Tailandia, trabajando en tiendas o incluso hoteles, pero sus salidas profesionales más asequibles son en el mundo del espectáculo y del ocio nocturno.

Los budistas, que suponen más del 90 por ciento de los tailandeses, no tienen dogmas contra la orientación sexual y los transexuales incluso cuentan con un certamen de belleza, Miss Tiffany’s, celebrado cada año en la ciudad costera de Pattaya.

Con un cartel con una figura medio femenina y masculina, una escuela de secundaria en el noreste instaló un baño hace unos años para este colectivo, otra muestra de la tolerancia hacia el tercer sexo.

Sin embargo, los transexuales se sienten más “tolerados” que “aceptados” y todavía son sometidos a discriminación e incluso abusos en muchas escuelas, en el trabajo o en locales de ocio donde a veces se les prohíbe la entrada.

Yollanda, que se define como “una mujer con una historia diferente”, ha tenido que superar la incomprensión y el rechazo de compañeros o profesores toda su vida, aunque con tesón consiguió operarse con 17 años, el mismo año que ingresó en la universidad.

Harta de soportar miradas indiscretas o situaciones embarazosas, un día decidió falsificar su carné de identidad, pero fue detenida por la Policía y fue a juicio por falsificar un documento oficial.

Aunque un “comprensivo” juez la puso en libertad, gastó más de 300.000 bat (unos 8.900 dólares u 7.900 euros) en el proceso.

A su novio lo conoció a través de su asociación y ahora trabaja con él en un negocio de venta directa de complementos alimentarios.

“Tras operarme, sentí que empezaba una nueva vida, era más yo mismo, mi propia personalidad, como llegar finalmente al final de un viaje”, asegura Ronnakrit, con perilla y vestido con un traje de color gris marengo.

Su vida, cuenta, es totalmente normal y feliz con Yollanda y el reconocimiento oficial de su sexo serviría para facilitar actividades comunes, como ir al banco, contratar un seguro o cumplir el sueño de ambos: poder decirse el “sí” en una ceremonia nupcial.

Gaspar Ruiz-Canela – EFE

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