Los escultores de Hitler rescatados del olvido por una investigación policial

Los sueños delirantes de Hitler de crear un imperio con una capital repleta de obras monumentales que mostrasen la fortaleza nazi y la supuesta superioridad de la raza aria, incluía los nombres de dos escultores, Josef Thorak y Arno Breker, rescatados del olvido al hilo de una investigación policial.

En esta historia aparecen policías expertos en la búsqueda de tesoros artísticos robados, el Ejército Rojo, diversas instituciones y personajes variopintos.

Las pesquisas se seguían desde hace tiempo pero la noticia se hizo pública esta semana con el hallazgo de dos caballos de bronce, gigantescos, esculpidos por Thorak para la cancillería de Hitler.

Thorak era el escultor preferido del ministro de Propaganda del III Reich, Josef Goebbels, pero después Breker le arrebató el primer lugar en los favores de Hitler. En el mismo depósito donde se encontraron los caballos de Thorak también se hallaban obras de Breker, ante todo figuras humanas de formato monumental.

La policía alemana considera que se trata de objetos robados pero el dueño del depósito donde se encontraron asegura que compró esas esculturas al Ejército Rojo, según su abogado Andreas Himsch.

Ambos caballos estaban desaparecidos desde 1989 y en los últimos años habían salido al mercado negro con precios de entre 1,5 y 4 millones de euros (de 1,6 a 4,4 millones de dólares).

Hacia 1943, en plena guerra, Hitler ordenó trasladar los caballos de Thorak y otras esculturas a un taller que tenía Breker a 20 kilómetros de Berlín, donde las piezas fueron encontradas después por el Ejército Rojo.

Los caballos de Thorak y otras esculturas nazis pasaron así a partir de 1950 a formar parte de la decoración de un campo de deportes del ejército soviético en Eberswalde, localidad cercana a Berlín. Algunas parecieron servir de blanco para prácticas de tiro.

Sin embargo, pasaron durante mucho tiempo desapercibidas hasta que en 1986 el artista Frank Lanzendörfer se tropezó con ellas e hizo una película de 49 minutos, “Eisenschnäbelige Krähe” (Urracas con pico de hierro) al que le puso música punk como banda sonora.

Más tarde, en enero de 1989, la historiadora del arte Magdalena Busshart publicó un artículo sobre las esculturas en el diario Frankfurter Allgemeine en el que, entre otros detalles, hablaba de su ubicación en el campo de deportes de Eberswalde.

Semanas después, una lectora escribió una carta al diario en la que informaba de que las esculturas habían desaparecido del lugar.

Según el diario Bild todavía no está claro cómo desaparecieron los caballos de Eberswalde y a través de los años se han barajado varias hipótesis, desde su traslado a Moscú, hasta una venta de las esculturas por parte del régimen de la extinta RDA.

Hace dos años, según Bild, los caballos habían sido ofrecidos a la historiadora de arte Magdalena Busshart por 1,5 millones de euros (1,6 millones de dólares) por un hombre que aseguró haber trabajado con el político de la RDA Alexander Schalck-Golodkowski.

Según la revista Der Spiegel, los caballos también fueron ofrecidos en 2013 a una comerciante de arte berlinesa, Traude Sauer, por 3,1 millones de euros.

Probablemente, ahí empezó la historia posterior pues Sauer era entre tanto informante de la policía y reportó el caso al director del departamento de arte robado de la Oficina de lo Criminal en Berlín, René Allonge.

Paralelamente, el detective holandés Arthur Brand supo también, a través de un informante, que los caballos se estaban ofreciendo en el mercado negro y se inventó la identidad de un millonario estadounidense, identificado con el alias de Moss y que, según hizo llegar a quienes ofrecían las esculturas, estaba dispuesto a pagar por ellas 8 millones de euros.

Finalmente, una cooperación entre Brand y Allonge llevó a una serie de registros la semana pasada que terminaron con el hallazgo de los caballos de Thorak y otras esculturas nazis.

Los caballos se encontraron en Bad Dürkheim, en el depósito de un tal Rainer Wolf. En Kiel, en un lugar perteneciente a otro sospechoso -según Der Spiegel de apellido Flick pero sin relación con una célebre familia de industriales del mismo nombre- se encontraron esculturas de Breker.

Flick parece ser un coleccionista de objetos de la época nazi. Tiene, según Der Spiegel, hasta un blindado del ejército del III Reich y dice que las esculturas de Breker las compró en mercadillos.

Rodrigo Zuleta – EFE

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