El tremendo contraste entre Anfield y la Bombonera

El estadio se puso de pie y aplaudió con respeto y admiración a Steven Gerrard. Era un espectáculo único pocas veces visto y menos en las canchas de Sudamérica donde prima la rabia hacia el oponente, el revanchismo, la rivalidad en su peor expresión.

El tremendo contraste entre Anfield y la Bombonera

Era el último juego del mítico volante del elenco rojo y la selección inglesa y solamente esperábamos el momento determinado por el técnico para el adiós antes de ir al fútbol  norteamericano.

Aún así nos sorprendió ese momento en el cual todos los asistentes en Anfield se sonrojaban las manos de tanto aplaudir mientras entonaban la canción “Nunca caminarás solo”, himno adoptado por el Liverpool.

El hecho criminalístico de La Bombonera es apenas un pedazo de las miles de atrocidades que cometemos en las canchas de Sudamérica contrarias a este ejemplo de vida.

Desafiar al rival de turno, buscar los medios para que llegue en inferioridad de condiciones, humillar a los jugadores y a sus familiares, descargar todas nuestras furias como si estuviéramos en una guerra son comunes cuando se trata del mejor y más bello deporte del mundo.

Los improperios a Fabbro, las irreproducibles palabras para Fredy Bareiro, las calamidades proferidas al Pollo Recalde, las duras ofensas a Iván González, los alaridos en contra de Marcos Melgarejo, son solo algunos ejemplos de todos los días de nuestras “fiestas futboleras”. Y ni hablar de las manifestaciones hacia los árbitros!

Cuán lejos estamos de lo vivido en Anfield. La mediocridad de la gente que cree alivianar sus males, sus problemas, en una cancha de fútbol es el principio de todo lo retorcido que andamos y hacemos por el “amor” a nuestros clubes.

Viendo el espectáculo con el afamado número 8 inglés como protagonista, nos llevó a sentir que era “nuestro”, del mismo equipo que queremos sin que él ni siquiera imagine de nuestra existencia.

Rever nuestras conductas, corregir el mal camino, disfrutar del fútbol, aplaudir lo bueno y soportar lo malo, la derrota por ejemplo, harán que seamos más felices en nuestras canchas y, por sobre todo sabremos, que Nunca Caminemos Solos… /APF

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