Muerte de Osama Ben Laden, dilema no resuelto por Barack Obama

La muerte de Osama Ben Laden, con sus claros y sombras en Pakistán, será recordada probablemente como uno de los capítulos más enigmáticos de la presidencia de Barack Obama.

Muerte de Osama Ben Laden, dilema no resuelto por Barack Obama

Desde que se conoció la noticia de que el jefe de Al Qaeda había sido abatido el 2 de mayo de 2011 durante la operación “Gerónimo”, en Abbottabad -cerca de la capital de Pakistán- surgieron innumerables dudas sobre el deceso del líder de Al Qaeda.

En ese momento, muchos se preguntaron por qué Ben Laden, acusado por Estados Unidos de ser el cerebro de los atentados del 11 de septiembre de 2001, no fue juzgado públicamente como se hizo en Nüremberg con los criminales nazis al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

A las dudas que dejó su deceso, planificado hace cuatro años por el cuerpo de élite Navy Seals, se le sumó ahora el periodista estadounidense Seymour Hersh, quien sostuvo en un artículo del 11 de mayo que la muerte de Ben Laden fue un “asesinato premeditado”.

Para este periodista, Ben Laden fue un prisionero del gobierno paquistaní que lo entregó a los marinos estadounidense, ya que fue la única persona en disparar contra los militares en las instalaciones de Abbottabad. En ese ataque también murieron tres hombres y una mujer, y otras dos personas resultaron heridas.

Para el vocero adjunto del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, Ned Price, la historia que cuenta Hersh tiene “demasiadas imprecisiones y afirmaciones sin fundamento”.

“El presidente decidió no informar a ningún gobierno, incluido el paquistaní que no fue notificado hasta que la operación finalizó”, dijo Price, saliendo al cruce de las declaraciones de Hersh.

La intención de las fuerzas especiales de la marina estadounidense no era capturarlo vivo a Ben Laden, salvo que éste se rindiese, por lo que el líder fundamentalista -que no estaba armado- recibió un disparo en la cabeza y varios en el pecho.

Obama dio la orden de matar al líder fundamentalista durante una reunión vía satélite mantenida con miembros de su gobierno, entre los que se destacaba la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, actual candidata a la presidencia demócrata.

Al líder de Al Qaeda lo empezó a combatir el republicano George W. Bush, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Pero fue finalmente Obama quien heredó la obligación de abatirlo.

Hersh, colaborador de la prestigiosa revista New Yorker, no es un ignoto periodista estadounidense. En 1970 recibió el Premio Pulitzer en 1970 tras denunciar en 1969 la masacre de My Lai durante la cual fueron asesinados 374 civiles vietnamitas por parte de militares estadounidenses durante la Guerra de Vietnam.

En 2004, meses después de la invasión de Irak por parte de Estados Unidos, Hersh denunció los abusos y torturas en la cárcel militar estadounidense de Abu Ghraib en Bagdad.

En ese artículo que habla de las supuestas “mentiras” del gobierno de Obama sobre la muerte de Ben Laden, el prestigioso periodista señala que la Casa Blanca quería dar la impresión de que el jefe de Al Qaeda se encontraba operativo. “Lo cierto es que Ben Laden era un inválido, pero no podemos decir eso”, afirmó.

Según el diario The Christian Science Monitor, los restos de Ben Laden no fueron enterrado en el mar, sino que miembros del Seal arrojaron partes de su cuerpo desde un helicóptero sobre las montañas del Hindú Kush, entre Afganistán y el noroeste de Pakistán.

“Hersch no parece tener demasiadas fuentes de todo esto”, dice Peter Grier, en un artículo publicado en dicho diario estadounidense.

“Su historia parece estar basada largamente en entrevistas con anónimos oficiales de la inteligencia estadounidenses que sabían acerca de la presencia de Ben Laden en Abbottabadl”, afirmó Grier.

Aunque la Casa Blanca desmintió el informe de Hersh, las dudas persistirán en los próximos años cuando se mencione la muerte de este millonario saudita que combatió a las órdenes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Afganistán hasta la retirada de las tropas rusas en 1980.

Después Ben Laden, atraído por el fundamentalismo islámico, se convirtió en el enemigo número uno de Estados Unidos.

Hasta el momento, el gobierno de Islamabad ha negado siempre que Ben Laden estuviera refugiado en su territorio, pero el diario The New York Times, entre otras publicaciones, dijeron que las autoridades paquistaníes estaban al tanto de su presencia a través de los servicios de inteligencia.

Según el relato de Hersh, la Casa Blanca supo de la presencia de Ben Laden por la revelación de un miembro de la inteligencia paquistaní ( ISI) que buscaba la recompensa de 25 millones de dólares por el líder terrorista que ofrecía Washington.

Cuatros años después de su muerte, con Estados Unidos combatiendo a las milicias del Estado islámico en Irak y en otros países de Medio Oriente, parece importar poco en este momento la historia del arquetipo de los atentados del 11 de septiembre de 2001, que causaron unos 3000 muertos.

¿A quién creer?, parecen preguntarse muchos norteamericanos, confundidos por el informe de Hersh y por la desmentida del gobierno demócrata que considera la muerte del enemigo número uno de la Casa Blanca como un logro significativo de la gestión Obama. Télam

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